Cardenales mexicanos

Dentro de la Jerarquía de la Iglesia Católica, después del Sumo Pontífice, el cargo más importante es el de Cardenal que convierte a quien lo ostenta en Príncipe de la Iglesia a la vez que le da derecho para participar en el cónclave en el cual habrá de elegirse al nuevo Papa.

Un título honorífico que honra no solamente a quien porta el capelo cardenalicio, sino que da también honra al pueblo de donde es originario el personaje.

En estos momentos en México existen dos cardenales con derecho a voto en un eventual cónclave: Monseñor Carlos Aguiar Retes, arzobispo primado de México, y monseñor José Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara.

Otros cardenales mexicanos pero sin derecho a voto por haber cumplido ya los 80 años de edad son Monseñor Juan Sandoval Iñiguez, arzobispo emérito de Guadalajara, y monseñor Norberto Rivera Carrera, arzobispo emérito de México.

También cardenales vivos, pero sin derecho a voto son Alberto Suárez Inda, Sergio Obeso Rivera y Felipe Arizmendi Esquivel.

En estos momentos el cardenal mexicano que más tiempo lleva ostentando la púrpura es Juan Sandoval Iñiguez, quien recibió dicho honor hace más de treinta años.

El primer cardenal mexicano fue Monseñor José Garibi Rivera, arzobispo de Guadalajara, quien fuera preconizado por San Juan XXIII en diciembre de 1958.

Este personaje había sido estrecho colaborador de un gran arzobispo tapatío que había sufrido persecución durante la Cristiada; nos referimos a Monseñor Francisco Orozco y Jiménez quien –si hubiera vivido en épocas más tranquilas- sin duda alguna habría sido el primer cardenal mexicano.

Roma, evitando provocar a un régimen perseguidor de la Iglesia, no le dio el capelo a monseñor Orozco y Jiménez; sin embargo, sí se lo dio a quien fuera su brazo derecho y sucesor: Monseñor Garibi quien, como antes dijimos, fue el primer mexicano en ostentar el capelo cardenalicio.

Ahora bien, un dato que muy pocos conocen es que –a mediados del siglo XIX- vivió un personaje que, de no haber sido sorprendido por la muerte, hubiera sido el primer cardenal mexicano.

Se trata de Monseñor Juan Cayetano Portugal y Solís, obispo de Michoacán, a quien el Papa Pio IX ya había nombrado cardenal pero cuyo nombramiento llegó a Morelia a los pocos días de haber fallecido.

Este personaje había nacido en San Pedro Piedra Gorda (Guanajuato) en 1783 o sea en pleno Bajío, tierra de héroes cristeros y santos sacerdotes.

Fue un obispo valiente, celoso defensor de los derechos de la Iglesia que –de haber vivido un poco más- habría sido no solamente el primer cardenal de México sino también el primero de toda Hispanoamérica.

Un honor del cual México puede sentirse legítimamente orgulloso.

Falleció el 4 de abril de 1850 y hubo que esperar hasta 1958 para que los mexicanos salieran a las calles a recibir con júbilo a su primer cardenal.

Y ya como remate: Veinte años después, el 26 de enero de 1979 los mexicanos salimos jubilosos a las calles para recibir con entusiasmo y lágrimas en los ojos al primer Papa que visitó México: San Juan Pablo II.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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