Semana Santa con Brugada

Ya que el Gobierno de la CDMX decidió cancelar las corridas de toros como las conocíamos todos para hacer de ellas un evento “no violento” con almohadillas en los cuernos de los toros para que no lastimen a nadie y que después de diez minutos de salido el toro se regrese a su ganadería para seguramente disfrutar de un programa de jubilación, solamente nos queda pensar en qué sucederá con los próximos eventos que pasen por la creatividad de doña Clara Brugada y su equipo. 

Pensemos en algo violento y tradicional: la Semana Santa en Iztapalapa. De entrada, sabemos que la religión católica es una imposición de los malditos españoles que nomás vinieron a saquearnos y a generar una matazón espantosa. Algunos espíritus débiles de los mexicas -los conservadores y la derecha de ese entonces-, adoptaron la nueva religión para obtener beneficios de los españoles. El asunto es que, con el paso del tiempo, el catolicismo se convirtió en la religión mayoritaria de este país.

Cualquier chilango sabe que uno de los espectáculos tradicionales en la capital del país durante la Semana Santa, es la Pasión de Cristo escenificada por habitantes de la alcaldía de Iztapalapa. Durante meses se llevan a cabo ensayos, se selecciona a las personas que interpretarán diversos papeles y que realmente tienen que mimetizarse en el personaje histórico para darle mayor impacto a la representación. El seleccionado para Jesucristo durante el tiempo de ensayos y antes de la puesta en escena debe tener un comportamiento impecable.

La representación del Viacrucis en las calles de la alcaldía llega a juntar cientos de miles de personas que asisten con fervor a los azotes que les propinan los romanos panzones al pobre de Jesús que va cargando una gigantesca cruz por Iztapalapa ante la solidaridad y rezos del respetable. El evento concluye como debe ser: con la crucifixión del nazareno (en este caso de Iztapalapa), ante el duelo y tristeza de los asistentes que se desmayan varios de ellos de la impresión o de la insolación.

Seguramente la jefa de Gobierno de la CDMX no comparte el sentimiento fanático de sus gobernados por el latigazo, las bofetadas y las pedradas en un evento supuestamente teatral. Para colmo, también hay un reguero de supuesta sangre cuando clavan al protagonista en la cruz. Seguramente doña Clara lo considerará un evento a todas luces violento y degradante de presenciar por lo que propondrá algo así: ya no se va a crucificar a Jesús al final, sino que dará un saludo desde el balcón del palacio municipal para que la gente vean que no les pasó nada y que los homicidios están bajando en la comarca. Quedarán suspendidos los latigazos que no sólo son de mal gusto, sino que son dolorosos y recuerdan las épocas de la esclavitud y los espectáculos sadomaso. En lugar de eso se propondrán masajes a todos los participantes antes de la caminata; la cruz será de unicel para que nadie se lastime; Judas, el traidor, llevará una camiseta del PAN para que la gente lo pueda identificar. El que la haga de Pedro no podrá cortar la oreja del romano por lo que se sugiere eliminar esa escena de la representación; los soldados no podrán escupirle ni darle patadas al protagonista cuando se cae, al contrario, lo levantarán y lo ayudarán a concluir su camino. Todo terminará con el himno nacional en el lugar de la crucifixión. Quedará prohibido hablar de religión durante la obra que durará veinte minutos para que nadie se insole.

Algo así será la pasión de Semana Santa con Brugada.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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