Gobernar es tomar decisiones. Mientras más grande el gobierno más complejo se vuelve el proceso decisorio. Es imposible tomar puras decisiones buenas, eso se entiende. Una ciudad como la CDMX implica retos enormes todos los días en innumerables materias. Algunas soluciones están bien otras mal, el problema es cuando se toma la peor de las decisiones posibles y eso hizo Clara Brugada con el tema de las corridas de toros en la capital. La solución de Brugada solamente sirvió para mostrar que la jefa de Gobierno tiene un talento indiscutible hacer enojar a todos. En efecto, la decisión tomada logró irritar a los taurinos y a los animalistas. No era sencillo lograrlo.
Prohibir las corridas de toros en la CDMX podría haber sido una consecuencia lógica de las épocas que vivimos, o una decisión en torno al tipo de espectáculos que se deben dar en la capital del país. Para eso había un discurso claro. Eso lo hubiéramos podido comprender los taurinos. Pero no. Resulta que el único espectáculo violento en la capital son las corridas de toros por lo que la jefa de Gobierno decidió algo estrambótico: reinventar las corridas de toros. Siglos de historia que podrían remontarse al minotauro en el laberinto griego, pasaron por el impulso creativo de Clara Brugada que decidió que todo lo que se hacía en una corrida no tenía sentido y se podía hacer de otra manera. Que los matadores de toros no maten toros era una de las medidas que se anticipaban –y podría haber sido una solución- pero quitar las banderillas, la picada necesaria para torearlo y ¡cubrir los cuernos del toro! para que no lastime a nadie es un verdadero despropósito que le quita al toro la oportunidad de defenderse. Las corridas, dice Brugada no deberán durar más de media hora. Así el absurdo. Hubiera sido más fácil prohibirlas y ya.
“Somos la entidad más defensora de los animales en todo el país”, mencionó la gobernante a la mejor en un guiño a esa corriente de opinión que cree que los animales existen para verlos en su hábitat natural, como si fuera posible y sencillo ver, por ejemplo, a un toro de lidia atravesar una carretera o esperando afuera de una casa para que le den de comer y se vaya a cuidar ovejas.
El ridículo que hizo la jefa de Gobierno es una muestra de esa incapacidad para tomar decisiones muy de la 4T además de esa suerte de ilusión política que cree que es posible quedar bien con todos. Esperemos ahora que las peleas de box sean a almohadazos y la prohibición de hacerle llaves dolorosas al contrincante en la lucha libre. Mejor que se reúnan a tomar el té y hablar de lo bien que va todo.
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