No siempre se conocen con la debida amplitud personajes que son muy valiosos, tanto por su vida ejemplar como por su pensamiento, uno de ellos podemos decir que es el Lic. Anacleto González Flores. De formación humanista cristiana, pero con un conocimiento muy amplio de todas las corrientes del pensamiento humano, gran conocedor de la historia de México y universal, de la religión, de la filosofía clásica y contemporánea de su tiempo, admirador del arte y un extraordinario orador al que le tocó vivir una etapa muy difícil como fue la Revolución Mexicana y después los gobiernos autoritarios de Obregón y Calles, que además se distinguieron, sobre todo este último por su intolerancia religiosa que desembocaría en una cruel persecución religiosa que le costaría la vida al Lic. Anacleto González Flores por el simple hecho de ser fiel y congruente con su pensamiento, lo que sucedió el 1° de abril de 1927, o sea hace casi 80 años.
Más que hablar de su vida vamos a enfocarnos en el presente artículo en diversas frases de su pensamiento en donde siempre estuvo presente Dios, México y mucho enfocado a los jóvenes.
El Lic. Anacleto participaba muy activamente en la defensa de la libertad en México, y respecto a la situación que se vivía en el país escribía:
“Por encima del triunfo o por encima de la derrota del mañana, tenemos que seguir sosteniendo que el problema de México es problema de cultura, de apostolado de civilización”, y es que veía que los problemas del país estaban fomentados por una falta de verdadera formación de los ciudadanos en cuanto tener una conciencia de compromiso personal más allá de ser supervisados o controlados por una autoridad.
Anacleto creía que para transformar a la sociedad se necesitaba primero transformar a las personas en conciencia, pues aseguraba que de otra manera, aunque se obtuviera un cambio gubernamental por la violencia al poco tiempo se caería en lo mismo que se había tratado de evitar.
“Los tiranos siempre tienen espada, los pueblos de ordinario carecen de ella y el día que la empuñan y se lanzan por el camino de la violencia alzan sobre la tiranía de uno, la tiranía monstruosa de todos, para caer de nuevo en el despotismo de uno”
Criticaba a la Revolución Mexicana por su falta de congruencia como lo estaban demostrando los gobiernos post revolucionarios y ponía el ejemplo de Obregón, ya que habiendo luchado contra los latifundios y contra la reelección hacia exactamente lo contrario.
“Las revoluciones son exactamente el reverso de lo que dicen ser y de los programas que formulan. Y si alguien se atreve todavía a dudarlo a pesar de todas las enseñanzas de la historia, no tiene más que volver sus ojos a Cajeme. Las revoluciones después de mutilar a los hombres mutilan también los principios. Cajeme no solamente lo dice: lo grita: Porque Cajeme es ahora el latifundio de un reeleccionista”[1]
Respecto a la sociedad para su renovación pensaba: “El amor al bien debe ser la aspiración suprema de los hombres y de los pueblos, ya que la naturaleza humana solo puede encontrar el reposo de sus ansias, en la posesión del bien en su aspecto religioso y moral ya que, como está demostrado por la experiencia, el engrandecimiento de las naciones está en razón directa del amor a la justicia en todos sus aspectos y manifestaciones”..“ Es necesario reconstruir totalmente al hombre interior y al hombre exterior, y que, este, aparte de ser ciudadano, debe ser una verdadera unidad social…( para que) la sociedad vuelva al cauce del orden y del talento, la riqueza, la propiedad y el poder sea fuente rica inagotable de luz de justicia y de bienestar para todos”.
Este es un brevísimo vistazo al pensamiento de este gran mexicano, pero sirve para darnos una idea de su preocupación por la auténtica libertad y progreso de las personas y la sociedad.
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