Las acciones políticas no ocurren en una especie de estratósfera alejada de la sociedad, al contrario, hay una interdependencia a la que a menudo no se le presta atención por diversas razones. Y esto ha llevado a incrementar la indiferencia de la ciudadanía en general y ha disminuido a niveles alarmantes la participación cívica.
Cuando la clase política en su conjunto es limitada de miras, busca resultados inmediatos, es más proclive a echar culpas que asumir compromisos, favorece y se favorece de la corrupción y está dispuesta a torcer la ley antes que construir un Estado de derecho, resulta difícil reconocer que la sociedad que le otorgó ese margen de maniobra es una cuya mayoría, por diversas causas, se siente reflejada o identificada con esos comportamientos y se da una distancia con quienes no se reconocen en ellos.
Es cierto que mucha gente por cuestiones de falta de educación y de limitación de recursos económicos, no tiene miras más allá de superar las necesidades diarias y buscar (incluso justificadamente) evadirse en las redes y la televisión, sin pensar más allá.
A la par, hay muchos jóvenes que aun teniendo mayores posibilidades de pensar a largo plazo, están en un entorno que fomenta la satisfacción inmediata y sucumben a comportamientos que les dan esas satisfacciones sin importar que eso merme su salud, su desarrollo a largo plazo o les exponga a perder la vida. La popularidad de los narcocorridos o de grupos que los cantan son reflejo de esos comportamientos, como se demostró el fin de semana pasado cuando en un centro de espectáculos de Guadalajara una presentación musical fue un homenaje al Mencho y al Chapo. En el mismo estado que ha estado en las noticias por mostrar la cabeza del iceberg de lo que ocurre con los desaparecidos en manos del crimen organizado. Tema que sin duda levantó críticas en redes, pero en el análisis de la repercusión en el ámbito internacional fue más amplia, casi de 3 por cada 1 dada en el país.
Por otra parte, el viejo dicho del “que no tranza no avanza” no se ha erradicado como elemento cultural, incluso, se ha visto reforzado con figuras muy relevantes “premiadas” como la ministra Yasmín Esquivel cuyo plagio de su tesis fue claramente documentado, y que lejos de perder su silla en la Suprema Corte, hoy se perfila a ser la presidenta de la misma. En la lista de candidatos a la elección de junio hay muchos perfiles que también “honran” esa máxima, desde deudores alimentarios, violentadores, hasta abogados de narcos (que claramente tendrían un conflicto de interés por decir lo menos), y otras lindezas semejantes. A la par, se han eliminado a perfiles como magistrada Cecilia Armengol Alonso quien era magistrada, puesto ganado con esfuerzo, dedicación y exámenes, y que sin explicación alguna fue eliminada de las listas finales a pesar de haber superado todas las etapas previas y tener la suficiente formación académica y carrera judicial.
Asimismo, el inicio de la elección está resultando en variadas violaciones a la ley, empezando por la titular del Ejecutivo que a pesar de haber jurado “guarda la Constitución y las leyes que ella dimanen” ahora quiere que le notifiquen sobre lo legal o ilegal. Incluso quienes aprobaron esas leyes ahora no quieren cumplirlas como Ricardo Monreal y, por supuesto, varios de los candidatos en esa misma elección. Cabe destacar, que si se llegó a la realidad de esta ley que tendrá consecuencias todavía difíciles de medir y que llegarán a ámbitos que todavía ni prevemos llegó tan lejos, porque la ciudadanía dolida por la derrota de junio optó por alejarse todavía más de la política, mostrando aunque duela decirlo, la misma reacción que un niño pequeño que no obtiene lo que quiere, se enoja y se va al rincón.
En cuanto, a la elección judicial en particular se puede argumentar que participar en ella es validar algo chueco desde el inicio y que justamente con los perfiles de candidatos no hay mucho margen de maniobra. También es verdad que esta elección en particular está enterrando el prestigio del INE que dejó de ser una de las instituciones más confiables; pero todo ello no deja fuera una verdad: la indiferencia ciudadana por los motivos que sean a los únicos que favorece es a los políticos.
Es evidente que se deben encontrar formas nuevas de participación, que quizá la elección de junio sea una excepción, pero si la actitud de “sálvese quien pueda” junto a la de “tener este tipo de gobierno no tiene nada que ver conmigo” la clase política saldrá ganando por más tiempo y los ciudadanos perdemos más derechos, más posibilidades de desarrollo y el futuro de la patria seguirá sombrío. Si no cambiamos como sociedad no habrá cambio político.
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