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Pleitos palaciegos en el PRI

Pugnas entre tecnócratas y políticos del PRI estancan la precampaña de Meade, que no levanta de verdad, no porque lo digan sus contrincantes, sino por ser inadecuados sus estrategas: Aurelio Nuño, Enrique Ochoa y Eruviel Ávila no son precisamente los indicados para hacerlo triunfar.


Meade PRI


Alejados de los políticos priistas tradicionales, como si quisieran no contaminarse, les faltan colmillo y recursos para llevar a Los Pinos a un candidato presidencial, aunque él posea virtudes para ello.

Los tres tienen el sello de Videgaray, el verdadero impulsor de Meade, que tiene preparación y gran experiencia administrativa, pero sin haberse movido en los meandros políticos, en los que sus impulsores y estrategas deberían ser chuchas cuereras para llevarlo a la victoria.

Políticos a quienes les hacen “fuchi” son Beltrones y Osorio Chong, ambos con ascendiente en sectores del tricolor, a quienes deberían acercar al candidato, si Videgaray lo permitiera y no fuera enemigo en la práctica de ellos.

A Manlio lo aprovechó Peña Nieto para sacar las reformas estructurales en la Cámara de Diputados, de las que tanto se jacta y no dan ni darán los resultados apetecidos por los obstáculos prácticos que el gobierno les tiende.

Contra el parecer de Videgaray, el sonorense llegó al liderazgo priista; para su desgracia y del PRI perdió estentóreamente en 2016; así desperdició la oportunidad que –diríase- había ganado a pulso, y muy a su pesar, fue a formar entre los ingratos recuerdos del tricolor.

Mintió al decirle en Sonora a Meade que está con él y su adhesión es inquebrantable al partido, porque al sentirse relegado coqueteó con López Obrador, a través de Ricardo Monreal y Yeidkold Polenwsky, al grado que rechazó la primera invitación a reunirse con José Antonio, su pretexto de una urgencia familiar.

¿Se apantallaría Manlio porque Andrés Manuel dejó su lenguaje regañón y beligerante y acepta cualquier alianza que le ofrezcan o a cualquiera que toque sus puertas, así tenga los antecedentes peores, al cabo él tiene “poder divino” para perdonarlos?

Pero estos cambios son sólo por estrategia, y de llegar al poder se impondría su talante dictatorial, que no acepta que nadie tome la menor decisión en Morena, sino sólo él, “el perdonavidas”. 

Fue Javier Corral, gobernador panista de Chihuahua, quien el viernes 26 hizo el milagro de acercar a Beltrones con Meade, para pedirle ayuda para que la Fepade no lo lleve a la justicia por desviar dinero de Hacienda para financiar a candidatos priistas a gobernadores en 2016.

Ante el peligro, Manlio olvidó sus devaneos pejistas, buscó al precandidato y le pidió su protección y, de paso, apoyo para que su hija Sylvana sea candidata a senadora; al parecer obtuvo ambas cosas.

En Sonora y con Beltrones apareció junto a Meade, José Nelson Murat Casab, de los políticos mexicanos más desprestigiados y logreros, lo que hizo recordar que él organizó el mitin de Lomas Taurinas donde mataron a Colosio el 23 de marzo de 1994, a cuyo asesino, el auténtico Mario Aburto, Manlio interrogó esa misma noche en Playas de Tijuana.

Si volteamos al exsecretario de Gobernación, vemos que estuvo junto a Meade cuando visitó su tierra, Hidalgo, por primera vez. Luego lo soltaron, como si no quisieran saber nada de él; después enmendaron y volvieron a invitarlo a acompañar al precandidato en Hidalgo.

Quizá entendieron que puede mover a gobernadores, a líderes priistas y aun a gentes de otros partidos que le deben favores, como a los dirigentes del Partido Alianza Social, al que por dejarlo suelto cayó en las nasas del Peje y formó con Morena y el PT su coalición Juntos Haremos Historia.

Ni qué decir que a Osorio hasta lo ligan con maniobras para ayudar, bajo cuerda, al Pepe. Por eso hay que acercarlo más a José Antonio.

Es preciso que le quiten las ataduras a la precampaña de Meade; de lo contrario nunca dejará el tercer lugar en las encuestas, y la pelea decisiva por la Presidencia será entre Anaya y el Peje.

Ya hay que dejar de lado lo de que como Meade no es priista, no es bien visto por los priistas, y como tampoco es independiente, no es aceptado por los antipriistas. Debe lucharse a brazo partido por sacarlo adelante, pues ahí va la suerte de cuanto huele a PRI. Pero son indispensables los estrategas adecuados.

Copien un poco el abierto pragmatismo de López Obrador, dedicado a ganar adeptos, mas no los que sean como los suyos (que igual incluyen a tránsfugas de partidos que a criminales, mafiosos, corruptos y delincuentes de la peor laya), porque una elección se gana con votos.

Hace falta acercamiento con los gobernadores, pues no basta con convocarlos a acompañar a Meade cuando visita sus estados, e igual requieren los líderes y cuadros partidistas, para que el voto duro vuelva a apoyarlo, como antes, y más ahora que arrastra el desprestigio de Peña Nieto.

Éste es gran carga para el PRI y su candidato. La gente lo rechaza, no le cree nada, y más porque últimamente se dedica a inflar resultados y estadísticas en su favor, y no a combatir la corrupción: quiso imponer a un fiscal transexenal y le falló, y fracasa al intentar lo mismo con lo que resta para armar el Sistema Nacional Anticorrupción, que sigue sin funcionar porque quiere hacerlo a su conveniencia.

Que no sólo no ataca la corrupción, sino la impulsa, lo corroboró al nombrar a Rubén Moreira secretario de Acción Electoral del PRI, para que aplique las artimañas que empleó para imponer fraudulentamente a Miguel Riquelme como su sucesor en el gobierno de Coahuila, señal de que Peña tratará de consumar otra lección de Estado, como las del estado de México y Coahuila, el año pasado.

Peña debería hacerse a un lado para no ser una carga más para Meade, y estropearle la vía del triunfo, al cabo José Antonio seguramente no le daría la espalda una vez en el poder.

 

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