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Ante una tragedia humana aflora lo mejor del ser humano y lo peor... 


Voluntarios en el sismo


¿Qué es lo peor? Podría decir que es toda esa gente que hace mal uso de los medios de comunicación y de las redes sociales para quejarse, criticar sin medida o sembrar pánico y desconfianza, Podría asegurar que son todos esos que se toman selfies buscando likes o que hacen sus vídeos intentando lograr unos minutos de gloria. Sin embargo, creo que lo peor es la indiferencia que lleva a unos a aprovecharse de la situación y a otros a seguir sus vidas como si nada hubiera pasado, porque "no nacieron para estos rollos ni para estar entre desconocidos ni  para ser voluntarios, y menos, si no les pasó nada o no les nace ayudar"...Increíble, pero cierto... 

La desgracia acontecida sobrepasa los gustos y las preferencias individuales; rompe cualquier tipo de barrera entre las personas y deja al desnudo la dignidad humana, la fragilidad de la vida y la temporalidad de lo material. Tan sólo imaginar el dolor de perder abruptamente y dramáticamente a un ser querido o tu casa resulta ser aterrador y angustiante. Aunque uno agradezca el estar bien y con los suyos y con lo suyo intacto, el alma se queda rota ante tanto sufrimiento inimaginable y el alma sangra ante la indiferencia.  El odio no es lo contrario del amor, sino la indiferencia... 

Gracias a Dios son pocas las personas "insensibles" o "incapaces de hacer algo" por mitigar el dolor de tantas personas con nombre y apellido cercanas y lejanas, conocidas y desconocidas. Realmente son pocos los habitantes que se muestran apáticos o inhumanos con los mexicanos y con el país que les permite disfrutar la vida en esa burbuja paradisíaca de la que no se quieren salir. No obstante, es muy duro saber que existen. Definitivamente la pobreza material duele y es desgarradora, pero la pobreza humana decepciona, da náuseas, miedo, coraje, lástima y hasta sientes compasión...

Afortunadamente, en proporción estas personas son pocas y para muestra basta observar las miles de iniciativas gratuitas, las cadenas humanas, los centros de acopio llenos, las carreteras con colas de ayuda en camino. Mexicanos y extranjeros, ricos y pobres, niños y adultos, creyentes y ateos han volcado su humanidad y han demostrado que la sociedad desvinculada no es lo propio del ser humano desde el 19S.

Queda patente que lo natural es la interdependencia, la vinculación, la empatía, la entrega generosa desmedida, esto es, el amor. Es cierto que indudablemente hay héroes anónimos como los "topos" quienes arriesgan voluntariamente sus vidas o quienes no teniendo "nada" dan todo  o quienes su silla de ruedas, bastón o enfermedad no les ha impedido entregarse. Tal vez es cierto, esos son niveles extremos de generosidad impensables para la sociedad desvinculada y materialista en la que nos movemos.... Sin embargo, entre el heroísmo y la indiferencia hay un gran trecho para hacer, para dar y para ofrecerte, sea con tiempo, dinero o esfuerzo. 

Obvio no hay que ayudar pensando en que si a ti te pasara ojalá y hubiera alguien que te ayudara, pero es que cuando me enfrento a la indiferencia, me resulta inevitable pensar: "ojalá nunca te topes con alguien que piense así cuando necesites ayuda y "humanidad" de conocidos y desconocidos"... A lo mejor estas personas indiferentes tienen poca responsabilidad de ser así, sea porque es un mecanismo de evasión o porque son solo "producto" de la cultura y de la educación "endiosante" ególatra que se ha empeñado en criar adultos infantiles sometidos a sus caprichos y al placer inmediato, donde el otro es solo un medio que se puede utilizar para los propios fines. Quizá tienen un trauma o una conciencia adormecida... No los juzgo como personas, ya que cada uno sabe su historia y sus circunstancias, pero sí los invito a "humanizarse" y a "vincularse" aunque no les "nazca"…

Mi más profunda admiración y respeto por todas las personas que por obligación o voluntariamente se entregan realizando todo tipo de trabajos para rescatar vidas, alimentar, vestir e impulsar la reconstrucción. Ojalá esta unión experimentada no se quede solo en la reconstrucción de casas sino de la sociedad y del país... Si esta actitud de entrega y de amor humano continuara más allá de la emergencia, verdaderamente no cabe duda de que México sería otro, no habría pobreza, ni analfabetismo, ni inseguridad, ni corrupción, etc. Dicen que el pueblo tiene el gobierno que se merece, continuemos demostrando y exigiendo lo que verdaderamente merecemos... No cabe duda que la unión hace la fuerza y el amor diferencia...

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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