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La tragedia de Barcelona y la derrota religiosa de Europa

Hace poco más de un mes escribí un artículo en esta destacada tribuna (http://yoinfluyo.com/tu-voz/20321-el-huevo-de-la-serpiente), en el que aludía a la grave amenaza que enfrentaba Europa en cuanto a la supervivencia de su cultura como cuna de la civilización occidental. Expresé que esa amenaza provenía de una alarmante situación demográfica de la que nadie parecía querer hablar, y menos, del origen que había provocado dicha situación. Lo llamé “el elefante en la sala”, que afecta a todos, pero al que nadie se refiere. Desafortunadamente, no pasó mucho tiempo para que se confirmara lo que ahí expuse. 


Derrota religiosa de Europa


El reciente atentado terrorista en Barcelona nos muestra nuevamente que quienes realizan estos actos son musulmanes, pero con ciudadanía europea. Residentes legales unos, con nacionalidad española otros, nacidos ahí, hijos de padres emigrantes que fueron a trabajar para suplir mano de obra donde la economía ibérica lo requería. La prueba de eso es que donde viven más musulmanes es en la región de Cataluña, precisamente donde más desarrollo económico hubo en España en varias décadas. Los jóvenes que componían el comando terrorista eran vecinos de poblaciones catalanas, habían sido educados ahí y habían recibido los cursos de acoplamiento cultural que demanda la comunidad. Los testimonios de los vecinos coinciden, como en otros casos, en que eran jóvenes pacíficos y tranquilos. Es el “huevo de la serpiente” que está sembrado en Europa y que no se sabe dónde y cuándo puede crujir. 

Los analistas y opinólogos que llenan los programas noticiosos y la prensa parece que no entienden, o no quieren, llegar al fondo del asunto: Europa se está quedando sin europeos. El motivo es el surgimiento del uso de la píldora y los métodos anticonceptivos a mediados de los años sesenta, la permisividad del aborto, el feminismo radical con su ideología de género, y la “dignificación” del suicidio y la eutanasia.

En el caso de España este asunto se volvió particularmente grave. A esta nación, en general, le han llegado tarde las tendencias y las modas europeas desde hace siglos. Entró con demora a la Unión Europea, y la modernidad y liberalidad de las que tan orgullosa se siente, con su “movida” y su “destape”, la invadieron hasta finales de los años 70. A partir de entonces, el índice de nacimientos disminuyó constantemente en el país ibérico, pero esto coincidió con una etapa de crecimiento económico europeo que demandó mano de obra barata. Por la cercanía geográfica, muchos trabajadores migrantes provenientes de África recalaron en España, se quedaron a residir ahí y formaron familias cuyo índice de nacimientos era muy alto, comparado con el de las familias españolas, donde el índice de natalidad se desplomó. Todo esto coincidió también con el fortalecimiento del activismo islámico, por la llegada del régimen teocrático en Irán (1979) y el resurgimiento de los Hermanos Musulmanes en Egipto (1981).

Pero el otro grave problema que ha provocado esta situación de verdadera amenaza a la civilización europea, es la ausencia de la religión en la vida cotidiana y en la vida cultural del viejo continente. Las comunidades musulmanas que viven en Europa han sido impermeables a asumir los valores de la cultura occidental, por la fortaleza y la importancia que la religión tiene en sus vidas, en la cotidianeidad, así como en su concepción más profunda de lo que es el mundo. En los últimos días he oído una cantidad de sugerencias de expertos y especialistas sobre cómo debe enfrentarse el terrorismo y el fundamentalismo islámico. En las redes sociales circulan desde las más ingenuas hasta las más violentas recetas, producto del odio y del enojo por los atentados. Pero es difícil encontrar a quien sugiera con vehemencia que el verdadero problema está en la falta de nacimientos y en la falta de fe que han azotado a Europa y particularmente a España. No es políticamente correcto reivindicar a la religión y defender la vida. El papa Benedicto XV mostró y explicó con profundas reflexiones cómo Europa había sido invadida por la cultura de la muerte, del ateísmo y del agnosticismo. Incluso una estadista, la más poderosa de Europa, Angela Merkel, también lo ha reconocido. En una conferencia que dio en la Universidad de Berna, en Suiza, en octubre de 2015, expresó que Europa debe volver a Dios y a la Biblia para superar la crisis cultural que sufre actualmente. Ante el debate sobre la islamización y la identidad de Europa, dijo que el viejo continente debe volver a sus raíces y a su tradición cristiana. “Me gustaría ver más gente en las Iglesias y aprender sobre el mensaje evangélico…más personas que tengan el coraje de decir ‘soy un creyente cristiano’ para hacer frente a las diferencias con los musulmanes”.

Después de los criminales atentados en Barcelona, también ha habido cuestionamientos sobre por qué en Italia no se han dado este tipo de actos terroristas, siendo que ese país vive situaciones muy similares a la de otras naciones europeas, en cuanto a constantes migraciones de países musulmanes, fuerte caída en su índice de natalidad y un proceso de pérdida del peso de la religión en su sociedad y en su cultura. Los radicales islámicos no temen a las reacciones de los Estados europeos, de sus policías o sus ejércitos, pero saben que, en Italia, particularmente en Roma, está la sede de la religión católica, y que gran parte del turismo que llega a ese país es turismo religioso. Saben que, si ellos cometen un atentado ahí, podrían exacerbarse los sentimientos religiosos en algunos países donde éste no está tan desfallecido como en Europa, o incluso despertarse en ese continente. Y a eso sí le temen. Saben que sólo el fervor religioso puede contrarrestar, con eficacia, el poder de la guerra santa que han emprendido contra la civilización europea.

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