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… La ideología que mueve a Donald Trump

Desde la época de campañas, para muchos católicos en México fue conflictivo decidir qué candidato apoyar en la elección presidencial de Estados Unidos, aunque fuera sólo un asunto de opinión, o de oración. Hillary representaba los antivalores que proclama la corrección política “progresista”, y que la cultura contemporánea quiere imponernos con alarde de intolerancia. Trump enarbolaba el hastío y la saciedad de un amplio sector de la sociedad estadounidense ante ese “progresismo” globalizador que, con las banderas de la defensa de las minorías, la exaltación de la diversidad y el relativismo cultural, se obstina en enterrar la religiosidad y los valores comunitarios.


México; Donald Trump, ideología


En un panorama así, no sería complicada la decisión. No obstante, en ese mismo escenario irrumpía un factor inesperado y grave: Donald Trump manifestaba una postura sumamente hostil hacia México como país, hacia lo mexicano como cultura y hacia los mexicanos como grupo humano. ¿Por quién optar? En realidad, por nadie. Difícil situación se nos presentaba.

Las partes positivas que mostraba Trump, como su postura pro-vida y su rechazo a la ideología de género, ¿qué sustento tenían? ¿Cómo empatar eso con su postura deshumanizada ante la migración y hacia otras etnias como los hispanos, los árabes y los negros? ¿Qué conjunto de ideas estaba atrás de ese cúmulo de declaraciones que a veces hacían abrigar esperanza, como cristianos, y a veces temor como mexicanos? Aun con la confusión y las aparentes contradicciones que reflejaba su discurso, se podían encontrar consistencias y un entramado de conceptos que eran claramente reiterativos. Éstos obedecían a una estructura de ideas, es decir, a una ideología, de la que se notaba, el candidato republicano estaba realmente convencido.

Sin embargo, como la cuestión de estructurar ideas no es el fuerte de Trump, había que buscar en su círculo cercano a alguien con la capacidad y la experiencia para construir un sólido discurso ideológico, y ese hombre es Stephen F. Bannon. Precisamente ese había sido el trabajo de Bannon como director editorial de BRAITBART NEWS, el exitoso periódico digital que se fue convirtiendo, en los últimos años, en el principal difusor de lo que ahora se conoce como la ALT-RIGHT (Derecha Alternativa), y que yo llamaría mejor el NEO-CONSERVADURISMO estadounidense. Trump compró los conceptos y las ideas de este outsider ideológico hace tres años aproximadamente y se aventuró, bajo su asesoría, a buscar la candidatura presidencial, personificando a un outsider de la política.

A reserva de analizar con más detalle, en artículos subsecuentes, el sistema de ideas que promueve la Alt-right, a continuación, enlistaré una serie de puntos básicos que conforman la ideología Bannon-Trump para, por tanto, tratar de entender lo que se nos viene.

1) Ante la presidencia de Trump no estamos tratando con una agenda de gobierno o con un programa de políticas públicas que nos es poco propicio o inconveniente; para lo cual podemos negociar argumentando por qué esa agenda o esas políticas son equivocadas o están mal planteadas; o, aún más ingenuamente, pensar que están mal informados acerca de todo lo bueno que México le aporta a Estados Unidos, y que debemos mostrárselo. No, nos estamos enfrentando ante un gobierno ideológico. Y, como ya lo hemos comprobado con amargas experiencias en el siglo XX, una ideología termina por parecerse mucho a un dogma religioso, pero sin serlo; ya no se trata tanto de un asunto de razón, sino de fe. La ideología se convierte en un sistema de pensamiento cerrado que se responde a sí mismo y, ante cualquier actitud crítica, descalifica al emisor y sus motivaciones y no al argumento.

2) Esta ideología tiene una premisa: se basa en la superioridad étnico-cultural de los cristianos blancos de origen europeo. Su perspectiva no es racial estrictamente, es discriminatoria sin duda, pero se basa más en cuestiones culturales y étnicas que en cuestiones de raza. Un ejemplo de esto es que a los afroamericanos no los ven como una amenaza cultural, tanto como a los hispanos, y no se diga a los musulmanes. Otro ejemplo de esto es que para ellos es igualmente “nocivo” un hispano de raza blanca, que uno mestizo o de raza negra. Es decir, sus conceptos no devienen tanto de la supremacía blanca que manejaba el Klu-Klux-Klan. Éste hablaba de la superioridad de los WASP (White, anglo saxon and protestant), es decir, de los blancos, anglosajones y protestantes. Para la Alt-right de Bannon, la supremacía étnico-cultural es de la “White Christianity”, la cristiandad blanca, que incluye a los católicos; de hecho, Bannon es católico. El arco de la “cristiandad blanca” no se restringe a los anglosajones, aunque es su base principal, sino también acepta a los de origen eslavo y latino (francés o italiano), pero rechaza al hispano y más al hispanoamericano.

3) La Alt-right de Bannon tiene una obsesión con la demografía, ellos argumentan la existencia del white genocide. Es decir, dicen que la cultura cristiana blanca desde hace décadas está siendo víctima de un genocidio. Por lo que, en contra del racismo promovido por el Klan, no hablan desde la prepotencia del poderoso, sino desde la desesperación del que lucha por la supervivencia, por evitar su extinción. Según sus datos demográficos, en Europa esa batalla ya está perdida. Argumentan que en 3 o 4 décadas algunos países europeos se convertirán de hecho en repúblicas islámicas. Creen que en Estados Unidos están apenas en el límite de poder salvar la situación, y por eso sus medidas migratorias y su política exterior serán inflexibles en ese sentido, lo último en lo que podrán ceder. No quieren, ni permitirán, mientras estén en el poder, promover nada que pueda contribuir a que los cristianos blancos de origen europeo se conviertan en una minoría más en Estados Unidos. Por ello mismo, su política de combatir la anticoncepción y el aborto es también prioritaria, enfocada a su comunidad étnico-cultural, aunque retóricamente la reivindiquen para todos.

4) Aunque para Trump los asuntos económicos vistos como negocio son primordiales, para Bannon no lo son tanto. Y viendo cómo se han dado las cosas, las ideas de Bannon acabarán imponiéndose. Los dos coinciden en que la globalización ha sido negativa para los EUA y que los acuerdos económicos supranacionales son dañinos. Pero mientras Trump lo ve más en términos costo-beneficio, Bannon lo ve más espiritualmente. Él piensa que “Estados Unidos no es sólo una unidad económica en un mundo sin fronteras, es una cultura, una razón de ser”, que “la economía indiscriminada de libre comercio acaba por ver a las personas como productos y por cosificar a los individuos”. Dice que “los fundamentos de la economía deben basarse en los valores de la cultura judeo-cristiana”. Lo que no augura muchas posibilidades de sobrevivencia a nuestro TLC.

Como vemos, plantear una negociación en términos de aranceles y ventajas competitivas, o legalidad internacional con el nuevo gobierno de Estados Unidos, es reducirse a una realidad donde nuestro gobierno cree que puede convencer. Pero esa es una visión limitada, la ideología que los mueve está más allá de eso. De hecho, como católicos, como cristianos, en algunos de los conceptos que conforman su aparato ideológico no podríamos más que coincidir. El problema es que, como mexicanos, como hispanoamericanos, no estamos invitados a esa fiesta.

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