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Periodismo: lenguaje claro, la clave de la comunicación

Qué emocionante resulta ponerse a escribir y pensar que ese texto pueda ser leído por quién sabe cuánta gente y quién sabe en qué lugares. Por eso resulta interesante poner la mente y el corazón en lo que se está escribiendo, de tal manera que el lector lea y sienta la fuerza del corazón en las líneas que están saliendo de los dedos.


México; comunicación


Cuando por primera vez ejercí el periodismo como reportero en un periódico del interior de la República, un personaje dedicado a trabajar en la prensa escrita desde hacía muchos años me advirtió que una vez que se huele la tinta de las prensas jamás se abandona ese gusto. Resultó muy cierto: sea en el periódico, sea en la editorial, desde aquella experiencia nunca he dejado de oler la tinta. Me ha resultado una afición cautivadora.

Cómo me gustaba oír o leer al maestro de los periodistas Jacobo Zabludovsky sobre el tema que fuera. Cuando abordaba el ejercicio de su profesión, lo hacía con destreza y sencillez y disfrutando cada palabra, naturalmente como los maestros. Cuando se dirigía a los jóvenes periodistas les decía: No dejen la profesión, es la mejor del mundo, y prepárense porque cada vez se tiene más acceso a la fuente de la cultura y necesitamos estar a la altura de nuestro público.

Cuando hablaba de su dedicación al periodismo citaba un fragmento de El Quijote de la Mancha: “Sancho, no te preocupes, aún hay sol en las bardas”, para decir que aún le quedaba mucho tiempo para hacer su carrera. Sobre la necesidad de llevar la profesión con limpieza, decía que había que levantarse temprano todos los días, lo que era disciplina, y tener a alguien que le apoye y le ayude, como en su caso era Sarita, su esposa.

Corregía con tersura, pero lo hacía a fondo. Cuando algún reportero daba la información de que en la ambulancia se habían llevado al herido al nosocomio, llamaba la atención: dígalo usted con palabras que entienda la gente, por qué no dice que se llevaron a aquella persona al hospital. Otra vez, en el radio, cuando el compañero reportero hablaba de insumos, lo detuvo para decirle por qué no se refiere claramente al café, el azúcar y los vasos para la cafetería.

Un comunicador excepcional lo es el Papa Bergoglio. Se divirtió poniéndose un sombrero de charro, dedicando libros, recibiendo cartas y regalos, unas galletas y una rosa, haciendo bromas sobre el futbol argentino, tomándose autofotos. Todo esto a bordo del avión papal que lo llevó de Roma a La Habana. Convivió animadamente durante más de 45 minutos después de haber saludado uno a uno de los 75 periodistas que lo acompañaban en la comitiva.

El Papa Francisco, al hablar con los comunicadores, les dijo que la comunicación es como un diálogo que se entrelaza con el lenguaje del cuerpo; que antes de entender el discurso hay que comprender la mirada. Es decir, la comunicación es la palabra, pero también es el gesto, los ojos y los ademanes. Luego expresó que no basta la información, sino hay que comprender que las vidas de los seres humanos están entrelazadas en una trama unitaria, que las voces son múltiples y cada una es insustituible.

En realidad el Papa no habla a los periodistas, le habla a la gente. Valora la función del periodista como mediador que le permite llegar a millones de personas. A él no le interesa la difusión de su palabra, y por eso utiliza un lenguaje simple. Prefiere que la gente común lo entienda.

Jorge Oesterheld, director de Vida Nueva Cono Sur, autor del libro “No basta con un click”, que en Argentina trabajó muy de cerca del Papa Francisco, dice que como lo señala Bergoglio con su trato diario, lo que hay que hacer para aprender a comunicar es aprender a escuchar. Uno aprende a comunicar, en tanto en cuanto es realmente capaz de escuchar. El Papa Francisco habla bien, y habla con un lenguaje que se entiende porque él durante toda su vida ha escuchado mucho y ha escuchado a gente común. Habla el idioma que hablan las personas comunes y escucha los problemas que tienen las personas comunes.

También dice Oesterheld que el Papa Francisco se arriesga, dice lo que piensa y escucha, vuelve sobre sus pasos cuando se da cuenta que no es comprendido y aclara lo que quiso decir. No elude los temas complejos y los trata con palabras comunes.

Hablar con lenguaje que entienda la gente, es la clave de la comunicación.

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