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El desastre del PRD

El desastre del Partido de la Revolución Democrática (PRD) inició la noche misma en que se incubó: cuando Cuauhtémoc Cárdenas (CC) convino con Carlos Salinas de Gortari (CSG) el jueves siguiente a la elección de julio de 1988 (que aquél dijo haber ganado a éste) que lo reconocería como triunfador a cambio del registro de un partido político, cuando éste lo otorgaba Gobernación.


PRD


Se acordó que el convenio se mantendría en secreto, y así habría sido si no hubieran empezado las desavenencias de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo (PML), fundadores de la Corriente Democrática que desprendieron del PRI con una cauda de seguidores. Y Porfirio reveló el secreto.

A Cuauhtémoc Cárdenas le salió la jugada y se alzó con su partido, que oficialmente nació el 5 de mayo de 1989, con tiempo suficiente para organizarse para la elección de medio sexenio y, desde luego, la presidencial de 1994, primera en que el hijo del Tata fue candidato.

Volvió a jugarla en el 2000, y hubiera seguido, si su protegido Andrés Manuel López Obrador no le arrebata el partido y su liderato para jugar él contra Felipe Calderón en el 2006, quien le ganó por un pelito.

El Peje se montó en su macho y no hubo el feeling político del lado de Felipe para hacerle frente, pues en realidad nunca tuvo un titular de Gobernación capaz; el primero ni siquiera nació en México y menos conocía la historia y tenía la experiencia para lidiar al toro.

La primera discordia dentro del PRD nació porque Cuauhtémoc Cárdenas incumplió el pacto de que Porfirio fuera el segundo candidato presidencial y sentó ejemplo para que Andrés Manuel hiciera a un lado a su “padre político”, él se lanzara y tampoco suelte la candidatura.

Eso provocó la ruptura del PRD, pues las tribus, lideradas por Los Chuchos, se cansaron de obedecerlo incondicionalmente; hicieron que López Obrador formara su propio partido (Morena) al que el gobierno actual otorgó el registro, pero no le cortó las alas --como creyó-- al Peje, que ya va en su aventura tercera.

Y ha contado con todas las facilidades: le han permitido estar en campaña presidencial por 15 años contra las normas electorales, que le importan un bledo, y más tras darse cuenta que la autoridad teme pararlo, y capitaliza bien que lo tiren de a Lucas, pues lo dejen seguir haciendo negocios con Morena, sus candidatos y apoyos, que da incluso al PRI mismo.

El propio Peje acaba de develar otra maniobra suya: soterró la alianza que siempre ha tenido con la CNTE, para evitar que las invasiones, plantones y marchas de ésta en el DF y Oaxaca, que tanto molestaron a capitalinos y a oaxaqueños (y dejaron a millones de niños sin clases) le restaran votos.

Ya reanudó públicamente esa alianza para que los maistros den sus votos al candidato de Morena a gobernar Oaxaca, Salomón Jara, y a él en 2018 para ser presidente. Calcula que la CNTE le traería 80 mil votos; mas no toma en cuenta que ha habido muchos profes disidentes (oaxaqueños y capitalinos) que le negarán sus votos por tanto que los ha perjudicado la CNTE.

Lo que no saben los líderes de la CNTE es que con su alianza, Andrés Manuel le hace el favor al PRI para sabotear la del PRD-PAN en Oaxaca y ayudar así al priista Alejandro Murat a ganar la gubernatura, y eso le redituará mucho al Peje, quien no da paso sin huarache.

Los Chuchos hicieron también su negocio: el que más les redituó fue el Pacto por México, que propusieron a Peña Nieto como presidente electo, y él lo lanzó con bombo y platillo -se recordará- al día siguiente de su toma de posesión desde el Castillo de Chapultepec, para darle mayor relevancia.

Dinero en abundancia, candidaturas, complicidades y gubernaturas (Silvano Aureoles, en Michoacán es muestra) hasta Arturo Murat, priista de Oaxaca, pues su padre, José Nelson Murat Kazab ganó con presumir que enlazó a Peña con Los Chuchos para ese acuerdo.

Las tribus rompieron con Los Chuchos, para ir a lo suyo: Bejarano no se fue  con el Peje abiertamente porque éste no quiere que contamine a Morena y a su “honestidad valiente” con el desprestigio que cosechó cuando le llevó (al propio López Obrador) la dolariza de Carlos Ahumada y fue balconeado en la tele.

El sedicente líder perredista de Ciudad Netzahualcóyotl, Héctor Bautista, y de la Alianza Democrática Nacional, ya los dejó y sirve de esquirol en elecciones locales, inclusive al PRI, que paga bien, para sabotear posibles alianzas PAN-PRD, como en Puebla y Oaxaca.

Guadalupe Acosta Naranjo formó su tribu “los galileos”, pues de candidato a gobernador de Nayarit, donde ni lo conocían por haber salido hace mucho tiempo, le redituó alzar la mano de vencedor al candidato del PRI, como lo hizo dos veces en Sonora Jesús Zambrano, el segundo Chucho, hoy presidente de la Cámara de Diputados gracias a Peña Nieto, pues sacó raja de alzarles la mano triunfadora a dos candidatos priistas a gobernador y de apoyar a candidatos a alcaldes y diputados.

Así, no extrañó que Carlos Navarrete, el último Chucho jefe del PRD, fuera depuesto; en su lugar pusieron al priista Agustín Basave, que no ha recibido el respaldo prometido de las tribus y lo traen a mal traer.

Lo que queda de Los Chuchos apoya la ambición presidencial de quien cree gobernar el DF, Miguel Ángel Mancera, y sin militar en el PRD ni ser izquierdista, quiere ser candidato independiente, apoyado en el erario capitalino, los entres de los ambulantes y las multas del nuevo Reglamento de Tránsito, que, aunque propicia la contaminación, le da buenos dividendos.

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