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El fracaso provida en México.

Sugerir que el consentimiento de los padres para abortar o mutilarse es ganancia suficiente para dar el visto bueno a leyes como las aprobadas por la Asamblea –la Ley Jóvenes DF y la de derechos de niños de la Ciudad de México– muestra el fracaso provida. Negociar con un delito a la larga lo acrecienta.


Historia Provida


Dichas leyes harían suponer que el aborto, el sexo sin hijos, el cambio de identidad sexo-genérica y demás ´servicios´ para los niños son ´buenos´ si se hacen con el consentimiento de los padres. ¡Tamaña aberración¡

Algunos provida y profamilia dirán: ‘bueno, pero si la ley dice que el aborto en los niños sólo se lleva a cabo con el consentimiento de los padres, es una ganancia’. Sepan que hoy, por ley, cualquier intervención de un menor requiere del consentimiento de los padres.

Hay un artículo de Juan Manuel de Prada sobre el fracaso del movimiento provida en España que se adapta perfectamente al caso de México.

Al comentar una ´reformita´ favorecedora del aborto para impedir abortar a las menores de edad sin el consentimiento de sus papás, hace ver que dicha reforma de apariencia restrictiva favorece paradójicamente el aborto por la sencilla razón de que refuerza su consideración como acto de mera disposición de la voluntad. Cuando a una menor se le exige el consentimiento de sus papás para abortar se está afirmando que, para abortar, basta con tener capacidad legal, como para contraer cualquier obligación o ejercer cualquier derecho civil; y que, alcanzado ese requisito de la edad o subsanado por el consentimiento paterno, abortar se constituye en acto de la voluntad.

Que una menor pueda o no abortar con el consentimiento de sus papás es un hecho irrelevante que sólo sirve para distraer la atención del hecho sustancial, que es la eliminación de una vida gestante. En realidad, es una argucia para contribuir al eclipse de nuestro juicio ético, que es el fundamento sobre el que el Nuevo Orden Mundial sustenta todo su proceso de ingeniería social.

Es triste constatar el fracaso incuestionable del movimiento provida que durante décadas ha pretendido que el aborto no es una cuestión política, esgrimiendo vacuas apelaciones al derecho natural que ya nadie entiende, precisamente porque el orden político vigente se sustenta sobre la abolición del Derecho Natural.

Para combatir los presupuestos doctrinales que sustentan el aborto hay que propugnar un orden político nuevo, que es lo que el movimiento provida no ha sabido hacer, pretendiendo mantenerse en un absurdo ámbito de «apoliticismo», que a la postre se ha convertido en batalla perdida, pues la dura realidad es que hoy quienes defendemos la vida gestante somos percibidos por el clima de nuestra época como “excéntricos”, “raros” e “inhumanos”.

Y es que la defensa de la vida gestante sin la postulación de un orden político que la acoja hospitalariamente resulta ininteligible.

Para revolverse contra el aborto hace falta revolverse contra un orden económico que se funda sobre la convicción de que el mejor modo de contar con masas cretinizadas e incapaces de luchar contra unas condiciones laborales oprobiosas es conseguir que esas masas tengan pocos hijos; porque quien no tiene hijos por los que luchar acaba renunciando a la lucha.

Para revolverse contra el aborto hay que explicar antes a la gente que el aborto, como la “salud sexual y reproductiva”, no es un derecho, sino una argucia del sistema para conseguir que las injusticias sociales resulten menos oprobiosas; y que todo el sostén ideológico sobre el que el aborto se sostiene es, en última instancia, consecuencia del concepto liberal de libertad, que exhorta al hombre a deshacerse de todos los impedimentos que dificultan o limitan el proceso de fortalecimiento de su individualidad soberana. Para combatir verdaderamente al aborto hay que combatir esa falsa idea de libertad tanto en el ámbito económico como en el social.

PD.- Recientemente la Ley de Jóvenes del DF la publicó Mancera, pues la cabeza de los abogados católicos le dio el ´visto bueno´: ¡Que Dios nos agarre confesados!

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