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Diversidad y Tolerancia

Estas son palabras muy de moda, todos las queremos utilizar, pocos sabemos qué significan y muchos menos las llevamos a la práctica.


Al encuentro del otro


¿Qué es la diversidad? Dice el diccionario básico que la diversidad es variedad. Variedad de colores, de sabores, de tamaños… Hoy la diversidad es muy extensa. Hay diversidad incluso dentro de cada grupo de diversidad; por ejemplo, los vegetarianos pueden ser orgánicos o no; hay vegetarianos que toman leche, otros que comen pescado… dentro de los grupos religiosos hay ortodoxos y liberales.

Un día en que yo daba mi punto de vista en una clase, un alumno me dijo: “Con el debido respeto, si usted piensa así, no vive la diversidad”. “Con todo respeto, le contesté, da igual cómo piense yo o cómo pienses tú; ninguno de nosotros vivimos la diversidad, sino, más bien, somos parte de ella. El que tú y yo pensemos diferente y estemos aquí juntos es señal de que este grupo es diverso. Vivir la diversidad no significa estar de acuerdo con el otro. O pensar igual. Me encanta la frase de Voltaire: “Estoy en completo desacuerdo con lo que dice, pero daría hasta la última gota de mi sangre por defender su derecho a decirlo”. Eso es la verdadera diversidad.

Es la forma en cómo reaccionamos a la diversidad la que nos hace tolerantes o no. Y se pueden presentar varios escenarios

• Rechazo del que es diferente, en la escuela, en el trabajo, en el café. Esto puede ser tan simple como que se es muy alto, muy bajo, muy gordo o muy flaco; porque no habla español o porque sí lo habla; porque estudia mucho o porque no sabe nada. Y no nos permitimos ni siquiera tratar a esa persona, mucho menos conocerla. Eso es ser intolerante.

• Rechazo y agresión. Cuando, además, molestamos verbalmente o físicamente. Eso es ser intolerante y ser violento. Es importante llamar a las cosas como son. La intolerancia es una falta de cultura que nos provoca miedo o nos hace pensar lo peor del asunto que desconocemos: los de tal religión son… los homosexuales son… los de tal país son… La mayoría de las veces hablamos sin saber y generalizamos una anécdota o conocimiento. Por otro lado, la violencia es utilizar la fuerza y la intimidación para responder a algo, es un modo no natural de proceder y, por tanto, necesita trato psicológico. La intolerancia, en cambio (a menos que sea patológica), generalmente se resuelve con educación.

• Ignorar. Podemos encontrar a personas que nos digan: yo no los rechazo ni los acepto que hagan lo que quieran mientras no se metan conmigo. Eso se llama segregación y es intolerancia disfrazada. El Bien común es la razón natural de una comunidad o sociedad, no podemos simplemente ignorarlo.

La tolerancia tampoco debe ser lástima, pero sí caridad. Una caridad que no es otra cosa más que amor (caritas-atis, amor, cariño, amor al prójimo); por amor aceptamos las diferencias y el aprendizaje comienza en casa. Por amor no nos reímos del que se equivoca y les enseñamos a nuestros hijos con el ejemplo a no hacerlo. Por amor no criticamos a la vecina gorda y evitamos que nuestros hijos hagan lo mismo en la escuela. Por amor tenemos paciencia con nuestro chiquito que está aprendiendo a leer y no le contestamos desesperados: ¡Qué no ves! ¡Pareces tonto! Por amor compartimos diferencias en el matrimonio.

Las diferencias del hombre son parte del Plan de Dios, que quiere que compartamos nuestros talentos y sus beneficios a los que los necesitan. Las diferencias deben alentar y llevarnos a la magnanimidad, a la benevolencia y a la comunicación. (Catecismo de la Iglesia Catollica, 1937).

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