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¿Cuál es la respuesta a la cuestión judía vinculada a Pío XII?

Por increíble que parezca, desde hace algunos años se ha “etiquetado” al Papa Pío XII de que no favoreció suficientemente a la causa judía durante su persecución por parte de Adolfo Hitler en todos los territorios dominados por el nacionalsocialismo alemán.


 

Recuerdo de una historia no contada


Acabo de terminar de leer un estudio biográfico realizado por una judía conversa al catolicismo, Judith Cabaud, titulado “El Rabino que se rindió a Cristo”. El prólogo es del reconocido comunicador Vittorio Messori, quien, entre otros importantes libros suyos, publicó una larga entrevista que le hizo al entonces Papa Juan Pablo II, titulada “Cruzando el Umbral de la Esperanza”, cuando se acercaba el nuevo milenio.

El texto está enfocado a la conversión del Gran Rabino de Roma, Eugenio Zolli. Cuando iba a ser bautizado, se le preguntó: -“¿Con qué nombre quiere ser bautizado?” Y el Rabino respondió con determinación: -“Con el nombre de Eugenio, como agradecimiento y admiración del nombre del Papa, Eugenio Pacelli, quien ha hecho y continúa haciendo tanto por nuestro pueblo judío.

Este Rabino fue un inquieto investigador del Antiguo y del Nuevo Testamento y descubrió que había una continuidad asombrosa. Por ejemplo, le impactó comprender que ese personaje oscuro llamado “Siervo de Yahvé” que sufre, sin quejarse y en silencio, y que carga con los pecados de su pueblo, era nada menos que el mismo Jesucristo, como se lee en el libro de Isaías (53, 7-8). Como es de suponerse, Eugenio Zolli recibió muchas incomprensiones y críticas ante sus hallazgos teológicos.

Hay un par de hecho memorables que relata este Rabino sobre Pío XII: Cuando los nazis arribaron a Roma, tomaron a un considerable número de judíos y se los llevaron a un centro de detención. La macabra propuesta de los dirigentes nazis a los que encabezaban a los judíos en Roma fue: -“O nos entregan 50 kilogramos de oro en 24 horas, o de lo contrario, enviaremos a esos miles de prisioneros para ser ejecutados de inmediato”.

El Gran Rabino y sus colaboradores se movilizaron, pero no lograron recaudar esa cantidad. Viéndose desesperados, acudieron al Santo Padre y le plantearon esta grave situación. El Romano Pontífice personalmente pidió donativos a muchas personas que tenían suficientes medios económicos, hasta que se logró completar esa suma exigida por los nazis y se lograron salvar miles de vida humanas.

Otro aspecto que se ha olvidado, es que el Romano Pontífice no quiso delatar ante todos los medios de comunicación sobre las atrocidades de que se iba enterando que cometían los nazis en Polonia y Alemania, por una sencilla razón de prudencia: en Holanda, los obispos católicos protestaron por el encarcelamiento de miles de judíos y su deportación masiva. El jefe nazi de esa región les advirtió que si no guardaban total silencio, entonces habría represalias inmediatas. Pero los obispos holandeses continuaron con sus reclamos públicos tanto en sus sermones como en  medios de comunicación sobre estos clamorosos actos de injusticia. En muy pocos días los nazis respondieron: asesinaron a esa multitud de judíos y los obispos, religiosos, monjas y sacerdotes fueron encarcelados. Por ello, el Papa Pío XII comentaba que, en conciencia y por prudencia, no podía hacer lo mismo, ya que de unas cuantas afirmaciones desafortunadas suyas, hubieran bastado para provocar el que se derramara la sangre de miles y miles de inocentes.

En ese tiempo, Ciudad del Vaticano estaba rodeada de tanques y por un círculo de soldados, vigilando y a la caza de cualquier acto sospechoso.

No obstante, escondió, dio alimento, ropa y medicinas, en Roma y en sus alrededores, a cientos y cientos de judíos en abadías, conventos, seminarios, noviciados; en subterráneos de templos; en los edificios de la Santa Sede, etc. Gestionó ante Estados Unidos que facilitaran la expedición de pasaportes y a los judíos les consiguió el dinero suficiente para que pudieran viajar en avión, o en otros medios de transporte, hasta llegar a ese país y sus vidas estuvieran a salvo.

¿Dónde se inician estas calumnias contra el Papa Pío XII? A raíz de la puesta en escena de una obra de teatro escrita por un literato alemán, que no tuvo la honradez de confirmar su texto con los verdaderos hechos históricos, o mejor dicho, que buscó la notoriedad a cualquier precio y el burdo sensacionalismo con esta obra que ha generado toda una “leyenda negra” contra este Papa.

Se dice que un cristiano es mártir cuando al proclamar o defender su fe, se le violenta para que sostenga lo contrario y, al negarse a ello, entonces es vilmente asesinado, como ocurrió con el primer Papa, San Pedro, y muchos otros mártires que le han seguido a lo largo de estos XXI siglos.

Ahora bien, considero que hay “otro tipos de martirios”, como fue el caso del Papa Pío XII, porque él sabía perfectamente que los nazis podían entrar en el Vaticano de un momento a otro, lo mismo que en los otros escondites y sorprender a los judíos. O también, que alguno de los discretos correos en Roma entre el Vaticano y la Embajada Norteamericana fuera interceptado y pusiera al descubierto y en evidencia lo que los alemanes sospechaban.

Así que, a mi parecer (ya los teólogos se pondrán de acuerdo), podría recibir el título de “mártir de la caridad”, porque fue siempre heroica, sin miedo a ser juzgado, encarcelado, torturado o asesinado, por esta razón, por muchas otras obras buenas y por su vida santa.

Actualmente, el agradecimiento de millones de judíos en todo el mundo (que sí conocen la verdadera historia de estos hechos) es enorme, lo mismo que de los Presidentes del mismo Estado de Israel, de Estados Unidos y otras muchas naciones.

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