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Renuncia el revisor de cuentas del Vaticano

Ciudad del Vaticano, 20 Jun (Notimex).- El Revisor General del Vaticano, Libero Milone, renunció sorpresivamente a su cargo apenas dos años después de haber sido nombrado por el Papa Francisco para una misión que debió durar cinco años.


Libero Milone, Revisor General del Vaticano


Según informó este día la sala de prensa de la Santa Sede, el funcionario entregó su dimisión la víspera y esta fue aceptada inmediatamente por el Pontífice, concluyendo así su servicio “de común acuerdo”.

“Mientras desea al doctor Milone todo bien para su futura actividad, la Santa Sede informa que será iniciado, lo antes posible, el proceso para el nombramiento del nuevo responsable de la Oficina del Revisor General”, agregó.

Nacido en Holanda en 1948, es considerado un peso pesado en el campo de las asesorías financieras internacionales. En 1970 comenzó a colaborar con la Armitage&Norton en Inglaterra.

En la compañía Deloitte & Touche fue responsable de recursos humanos en 1990 y presidente en 1998. Luego pasó a la telefonía celular en Wind, donde condujo el organismo de vigilancia interno (en 2010). Fue consejero en grandes empresas como Poltrona Frau, Falck Renewables y Fiat Industrial.

En abril pasado, Milone rechazó el ingreso en el consejo de administración de la RaiWay, que controla las antenas de transmisión, la red de fibra óptica y los satélites de la televisión estatal italiana, argumentando que debía concentrarse de lleno en su trabajo para la transparencia del Vaticano.

La figura del Revisor General es clave en la nueva estructura de administración del Vaticano, surgida de la reforma puesta en marcha por el Papa Francisco.

Su oficina fue creada por el Pontífice el 24 de febrero de 2014 con la carta apostólica (en forma de Motu Propio) “Fidelis dispensator et prudens” (Fiel y prudente dispensador).

Su misión es la de auditar las cuentas de todos los organismos de la Curia Romana, de las instituciones vinculadas a la Santa Sede y de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano.

El 22 de febrero de 2015, Jorge Mario Bergoglio, aprobó el estatuto con las funciones y competencias del Revisor. La designación de Milone llegó el 5 de junio de ese mismo año.

Tal es su importancia, que el cargo depende y reporta directamente al Papa. Entre sus tareas destaca la de verificar procesos económicos y financieros, asegurar la eficacia de los procedimientos administrativos y examinar la conveniencia sobre el uso de los recursos.

Cuando su nombramiento fue anunciado, el prefecto de la Secretaría para la Economía del Vaticano, George Pell, garantizó que él sería “totalmente autónomo” y libre de ir “donde quiera” para verificar las finanzas y la gestión de los bienes papales.

Pero su trabajo encontró inmediatamente dificultades: en octubre de 2015 Milone presentó una denuncia a la Gendarmería Vaticana por una violación a la computadora de su oficina en la Santa Sede.

La última aparición pública del Revisor General se verificó apenas cinco días atrás, el jueves 15 en la Casina Pío IV del Vaticano. Allí, expuso las tareas llevadas adelante para asegurar la transparencia en las finanzas papales.

Esto durante el primer “Debate Internacional sobre la Corrupción”, convocado por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales.

Según revelaron fuentes de primera mano a Notimex, la Oficina del Revisor estaba trabajando desde hace meses en el primer código anticorrupción para las licitaciones de obras dentro del Vaticano.

Ya había conformado un equipo especializado en la materia que, en estas semanas, se había dedicado a estudiar a qué entes y organismos competería el documento. Aunque, hasta ahora, no está comprobada relación alguna entre el trabajo en el código y la renuncia de Milone.

De aprobarse, un texto como ese significaría una pequeña revolución considerando que, hasta ahora, todas las obras de mantenimiento y construcción en territorio de la Santa Sede son asignadas según criterios discrecionales.

Numerosas pruebas sacadas a la luz durante los dos escándalos “vatileaks” demostraron que los concursos para obras públicas en el Vaticano prácticamente no existen. Además, evidenciaron una escasa preparación, planeación y que, en diversas ocasiones, la Santa Sede ha pagado clamorosos sobreprecios.

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