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Jacinta y Francisco: de pastores a santos

“No queremos ser esperanza abortada. La vida sólo se puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida”, enfatizó el Santo Padre Francisco, durante la homilía de la Misa que ofició en el Santuario de Fátima con ocasión del Centenario de las Apariciones de la Virgen María en Portugal.


Centenario Virgen de Fátima


El Papa, este sábado 13 de mayo, manifestó que Dios “nos ha creado como una esperanza para los demás”, que al pedir que cumplamos nuestros compromisos, “el cielo activa aquí una auténtica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía.” E indicó que “Fátima es sobretodo esta manto de Luz, que nos cubre, tanto aquí como en cualquier otra parte de la tierra, cuando no refugiamos bajo la protección de la Virgen Madre para pedirle como enseña la Salve Regina, <<muéstranos a Jesús>>.”

En la Misa que incluyó el rito de canonización de los pastorcitos, videntes de Nuestra Señora del Rosario, Francisco y Jacinta Marto, el Obispo de Roma, señaló que fueron introducidos por la Virgen en la Luz de Dios, que les dio la fuerza para superar todas las contrariedades que tuvieron que enfrentar.

Y deseó que con la protección de Virgen, seamos centinelas que contemplemos el verdadero rostro de Jesús, “y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor”.

La peregrinación del Papa al Santuario de Fátima, dio inicio el día previo, el viernes 12 de mayo, y durante el vuelo de Roma a Portugal, señaló que este era un viaje un tanto especial ya que “es un viaje de oración, de encuentro con el Señor y la Santa Madre de Dios”.

Lo que de alguna forma había indicado en el videomensaje que dirigió a los portugueses en víspera de su viaje. “Sé que me querrías también en vuestras casas y comunidades, en vuestros pueblos y ciudades: la invitación me llegó. No es necesario que os diga que me habría gustado aceptarla pero no puedo. Ya desde ahora agradezco a las autoridades por la comprensión con que han aceptado mi decisión de limitar la visita a los momentos y a los actos propios de una peregrinación al Santuario de Fátima, fijando la cita con todos a los pies de la madre”.

A su llegada a la Base aérea de Monte Real, se desarrolló una ceremonia de bienvenida y sostuvo un encuentro privado con el Presidente de la República Portuguesa, Marcelo Nuno Duarte Rebelo de Sousa. El Santo Padre, visitó la Capilla de la Base y firmó el libro de honor.

En la Capilla de las Apariciones realizó una oración a la Virgen de Fátima donde manifestó “vengo como profeta y mensajero para lavar los pies a todos, en torno a la misma mesa que nos une”.

En dicha oración rememoró “en este lugar, desde el que hace cien años se manifestó a todo el mundo los designios de la misericordia de Dios” y agregó “miro tu túnica de luz y, como Obispo vestido de blanco, tengo presente a todos aquellos que, vestidos con la túnica bautismal, quieren vivir en Dios y recitar los misterios de Cristo para obtener la paz”. Y concluyó diciendo “unidos, a mis hermanos, por ti, me consagro a Dios. Oh Virgen del Rosario de Fátima. Y cuando al final me veré envuelto por la Luz que viene de tus manos, daré gloria al Señor por los siglos de los siglos. Amén.” Tras la plegaria hizo entrega de una rosa de oro que ofreció a la Virgen.

Posteriormente, el Papa Francisco tomó la palabra durante la bendición de las velas, y mencionó que comentemos una gran injusticia a Dios cuando en primer lugar afirmamos el castigo de los pecados “sin anteponer –como enseña el Evangelio- que son perdonados por su misericordia. Hay que anteponer la misericordia al juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios siempre se realiza a la luz de su misericordia” y enfatizó “dejemos de lado cualquier clase de miedo y temor, porque eso no es propio de quien se siente amado. <<Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y el cariño>>”. En este mensaje también se refirió al Rosario, oración que la Virgen recomendó rezar cada día. 

Además contrapuso algunas formas de ver a María, como por ejemplo una mujer que cree en la Palabra de Dios o como una “santita” para alcanzar “gracias baratas”. Por la noche Monseñor Pietro Parolin, Secretario de Estado Vaticano, presidió la Eucaristía.

Al día siguiente, el Papa Francisco se reunió con el Primer Ministro, Antonio Luís Santos Da Costa, en la Casa “Nossa Senhora do Carmo”, acto seguido se dirigió la Basílica de “Nuestra Señora del Rosario” para celebrar la Misa y canonizar a los pastorcitos de Fátima, al concluir la liturgia, el Santo Padre, se dirigió a los enfermos.

Les reiteró que cuando nosotros atravesamos por alguna cruz, Jesús ya la ha sufrido, así nos comprende y nos consuela además de fortalecernos. Su Santidad recordó que Jesús está oculto en tantos hermanos atribulados y que el cristiano sabe reconocer “la llagas de Jesús”.

A los enfermos los exhortó a “vivir vuestra vida como una gracia y decidle a Nuestra Señora, como los pastorcillos, que queréis ofreceros a Dios con todo el corazón. No os consideréis solamente como destinatarios de la solidaridad caritativa, sino sentiros partícipes a pleno título de la vida y misión de la Iglesia.” Terminó su mensaje subrayando que “Dios es Padre y nunca os olvida”.

Los obispos de Portugal, junto al Santo Padre y su séquito almorzaron en casa “Nossa Senhora do Carmo” tras el cual, el Sucesor de Pedro, se dirigió al Monte Real para abordar el avión que le llevaría de nueva cuenta a la Ciudad Eterna, fue despedido por el Presidente Rebelo de Sousa.

Las apariciones de la Virgen de Fátima ocurrieron en el año 1917, entre el 13 de mayo y el 13 de octubre, mostrándose a tres niños pastores Francisco y Jacinta Marto así como a Lucía Dos Santos, la tercera de los videntes, siendo ella la mayor y quien dialogaba con Nuestra Señora. Durante la apariciones María confió tres secretos, el mensaje de Fátima, es un llamado a la oración como el rosario todos los días, al arrepentimiento y a la conversión, y les confió que Dios desea establecer la devoción al Inmaculado Corazón María en el mundo.

El día 13 de octubre, miles de personas fueron testigos del milagro del Sol, que fue reportado también por los medios de comunicación de la época.

Lucía se convirtió en monja Carmelita Descalza, vivió hasta 2005 y pudo presenciar la beatificación de sus primos Francisco y Jacinta en el Jubileo del Año 2000, realizada por San Juan Pablo II, en el mismo Santuario.

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