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El Papa Francisco y sus esfuerzos por la Paz

“Estamos en una tercera guerra mundial a pedazos”, lo advertía el Papa Francisco hace dos años. Una guerra justificada en nombre de Dios, que hoy continúa dejando indelebles cicatrices de dolor y tragedia. En la víspera de la celebración de la 50ª Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el 1º de enero, el Santo Padre nos invita a convertirnos en “artesanos de la Paz” a través del ejercicio de la “No Violencia”. Yo Influyo te explica los esfuerzos del Papa Francisco para la construcción de la Paz.



 

“Hagamos de la no violencia activa nuestro estilo de vida”. Éste es el mensaje del Papa Francisco para la 50ª Jornada Mundial de la Paz que se celebrará el 1º de enero. La invitación es a la “No Violencia” como un estilo de política para la paz. “Cuando las víctimas de la violencia vencen la tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles en los procesos no violentos de construcción de la paz”, dijo en su tradicional mensaje, firmado el pasado 8 de diciembre, durante la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María.

La “No Violencia” de Jorge Mario Bergoglio es un llamado a la Paz desde la acción creativa, en momentos en los que “estamos en una tercera guerra mundial a pedazos”, como él mismo la denominó el 18 de agosto de 2014, en el vuelo de regreso de su viaje a Corea del Sur. Ya en ese entonces el mundo se estremecía por los sangrientos acontecimientos en Siria e Irak, además del terror de la avanzada del Estado Islámico, marcando su paso con tortura y sangre contra centenares de cristianos y otras minorías religiosas. Un terror que cada vez está más presente en Europa con los atentados terroristas, el más reciente ocurrido en un mercado navideño de Berlín con un saldo de 12 muertos y 50 heridos.

Aceptación de las diferencias

“El antídoto más eficaz contra cualquier forma de violencia es la educación al descubrimiento y la aceptación de la diferencia como riqueza y fertilidad…”. Lo afirmó el Papa Francisco el lunes 2 de marzo de 2015, durante el encuentro con los prelados de la Conferencia de Obispos del Norte de África (CERNA), que agrupa a las diócesis de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia.

El pontífice argentino intenta combatir el extremismo islámico a través del diálogo entre las religiones, promoviendo una “Iglesia del encuentro”. Lo manifiesta constantemente con una palabra de denuncia firme, pero a su vez conciliador, repitiendo insistentemente palabras como “libertad”, “dignidad”, “paz”, “reconciliación”, “caridad”, y sobre todas las cosas, la cercanía a las “periferias”. Pero no todo son palabras, las acciones del Obispo de Roma también han conmovido al mundo con inesperados gestos en pro de la Paz que han marcado su pontificado.

El Santo Padre hizo estremecer la Plaza de San Pedro durante la Vigilia por la Paz en Siria, realizada el 7 de septiembre del 2013. Vimos más de 100 mil personas provenientes de todas partes del mundo y de diferentes religiones, rezando unidas por la paz. El Papa recordó que “ser humano significa ser custodio los unos de los otros. Cuando se rompe la armonía, sucede una metamorfosis: el hermano que debemos cuidar y amar se convierte desde ese momento, en tantos conflictos, tantas guerras que han marcado nuestra historia”.

Luego el “Viaje de Peregrinaje a Tierra Santa”, realizado los días 24, 25 y 26 de mayo de 2014. Tres días, tres estados, tres misas y 13 discursos, caracterizaron el intenso viaje que tuvo como misión contribuir al encuentro entre las tres principales religiones monoteístas: hebrea, cristiana y musulmana; además de intentar dar un paso adelante en el diálogo entre Israel y Palestina. Y por si no bastase, el último día de peregrinación envió un mensaje contundente a los hermanos musulmanes: “Nadie instrumentalice el nombre de Dios para la violencia”. Su petición fue dirigida al gran muftí de Jerusalén en la Explanada de las Mezquitas. “Aprendamos a comprender el dolor del otro. Trabajemos juntos por la justicia y por la paz”. Una reflexión sin rodeos sobre el necesario diálogo interreligioso, repetida luego en Albania y en Turquía, en momentos en los que se anunciaba lo que estaba por venir: el terror de la avanzada yihadista.

Y el 2016 quedó marcado con el encuentro “Sed de Paz”. Del 18 al 20 de septiembre, el Papa Francisco recibió en Asís a más de 500 líderes religiosos, personajes de la cultura y de la política, para rezar por la Paz en el mundo. En ese marco, el pontífice pidió a los líderes tender puentes para la construcción de la Paz: “Tenemos sed de Paz, queremos ser testigos de la Paz, tenemos sobre todo necesidad de orar por ella porque es un don de Dios y a nosotros nos corresponde invocarla, acogerla y construirla cada día con Su ayuda”, afirmó.

El desafío es la construcción de la Paz

A pesar de las diferencias, el mundo religioso está obligado a detener la violencia en nombre de Dios. Una violencia que Bergoglio ha explicado tantas veces es una “aberración” y que no se puede aceptar como normal. El fenómeno ha tomado dimensiones preocupantes, por ejemplo: tan sólo en Siria, nadie sabe con exactitud cuántos muertos ha causado la guerra; el dato más reciente es del Observatorio Sirio de Derechos Humanos, que reporta unos 312,000 muertos desde el año 2011. Ante esta realidad, la comunidad internacional no puede continuar inerte y tiene el deber de escuchar el grito de dolor de los pueblos que están siendo masacrados.

Pero, la violencia por motivos religiosos no está limitada a las fronteras de Siria. En la prospectiva del Papa Francisco, se trata de una guerra “mundial” porque toca regiones y continentes diversos; “a pedazos”, porque las tensiones nacen de conflictos locales, con tantos actores no estatales que usan estrategias no convencionales de ataque. De acuerdo al Índice Global de Terrorismo (GTI por su sigla en inglés), en el 2015 ocurrieron 29,376 muertes en el mundo por causa del terrorismo, siendo el Estado Islámico el grupo más mortífero con ataques en 252 ciudades que dejaron 6,141 fallecidos. Sin duda una guerra “no convencional” que debe ser confrontada con acciones también no convencionales; en el lenguaje del Santo Padre, podríamos decir que la invitación es a la construcción de una paz también “a pedazos”.

“Todos deseamos la paz; muchas personas la construyen cada día con pequeños gestos; muchos sufren y soportan pacientemente la fatiga de intentar edificarla. En el 2017, comprometámonos con nuestra oración y acción a ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia; y a construir comunidades no violentas, que cuiden de la casa común. Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz”.

Así culminó el llamado del Papa Francisco con motivo de la Jornada Mundial para la Paz. Queda en nosotros ser o no artífices de la “No Violencia”.

 

 

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