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Fallece prelado del Opus Dei “Don Javier”, el 12 de diciembre

“Me pareció una caricia de la Virgen de Guadalupe el hecho de que se lo haya llevado al Cielo en su Solemnidad”, expresó, emocionado, Raúl Espinoza Aguilera, al referirse al fallecimiento del segundo sucesor de San Josemaría Escrivá de Balaguer en la dirección de la Prelatura Personal del Opus Dei, Monseñor Javier Echevarría, quien partió a la Casa del Padre, precisamente, la noche del 12 de diciembre, Festividad de la Virgen de Guadalupe.



Raúl Espinoza, miembro numerario del Opus Dei en México, subrayó que Monseñor Echevarría fue un hombre que amó apasionadamente a la Iglesia y al Papa, esforzándose, además, en imitar a sus antecesores (San Josemaría Escrivá de Balaguer y el Beato Álvaro del Portillo).

Espinoza Aguilera recuerda aquella ocasión en que Monseñor Javier Echevarría acompañó a San Josemaría en la Novena que realizó delante de la Virgen de Guadalupe, en México, y cómo fue él quien recogió las palabras del Fundador del Opus Dei durante esos días de oración. Incluso, el mismo Javier Echevarría fue muy devoto de la Virgen de Guadalupe, por lo que su partida al encuentro del Padre en la Festividad Guadalupana “es un regalazo” de Santa María de Guadalupe a Monseñor Echevarría, como diciéndole: “vente en mi fiesta”, dijo, convencido, Raúl Espinoza.

Monseñor Javier Echevarría fue internado el pasado 5 de diciembre en el policlínico campus Bio-Médico, en Roma, por una leve infección pulmonar que, sin embargo, se complicó, derivando en una insuficiencia respiratoria, que fue la causa del deceso. Ayer mismo por la tarde recibió los sacramentos.

El Papa Francisco envió sus condolencias de manera telefónica, así como por medio de un telegrama dirigido al Vicario Auxiliar del Opus Dei, Monseñor Fernando Ocáriz:

“Apenas recibida la triste noticia del inesperado fallecimiento de Monseñor Javier Echevarría Rodríguez, Obispo prelado del Opus Dei, deseo hacerle llegar a usted y a todos los miembros de esa Prelatura mi más sentido pésame, al mismo tiempo que me uno a vuestra acción de gracias a Dios por su paternal y generoso testimonio de vida sacerdotal y episcopal, a ejemplo de San Josemaría Escrivá y del Beato Álvaro del Portillo, a quienes sucedió al frente de toda esa gran familia, entregó su vida en un constante servicio de amor y entrega a las almas.

“Elevo al Señor un ferviente sufragio por este fiel servidor suyo, para que lo acoja en su gozo eterno y lo encomiendo con afecto a la protección de nuestra Madre, la Virgen de Guadalupe, en cuya fiesta entregó su alma a Dios.

Con estos sentimientos y como signo de fe y esperanza en Cristo Resucitado, les otorgo la confortadora bendición apostólica”, concluye el Santo Padre.

Monseñor Echevarría nació el 14 de julio de 1932 en Madrid, España, el 8 de septiembre de 1948. Solicitó su ingreso al Opus Dei y fue ordenado sacerdote el 7 de agosto de 1955. Fue secretario de San Josemaría, de 1953 hasta la muerte del fundador, en 1975.

Estando el Opus Dei bajo el gobierno del hoy Beato Álvaro del Portillo, fue nombrado secretario general de la Obra, en 1975, y más tarde Vicario General, en 1982. Con la muerte del Beato, fue elegido prelado y fue consagrado Obispo de manos de San Juan Pablo II el 6 de enero de 1995.

Sus escritos son múltiples, tales como sus cartas pastorales mensuales. En la última que publicó afirmaba: “Todos tenemos grabadas en el alma unas palabras que, en las próximas semanas, lo llenan todo: veni, Domine, et noli tardare; ven, Señor, no tardes”.

Y dedicó unas palabras a la Fiesta que se celebra el 12 de diciembre (que, a la postre, fue el día de su partida al Cielo): “En la aridez de ciertas jornadas, la Virgen nos hará encontrar flores colmadas de buen aroma, del bonus odor Christi, como se narra en las apariciones de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego, que conmemoramos el día 12”.

El funeral de Monseñor Javier Echevarría será el próximo jueves 15 de diciembre, a las 19:00 horas en la Basílica de San Eugenio, en Roma, Italia.

El Opus Dei (Obra de Dios) es una Prelatura personal, cuya misión es la misma misión salvífica de la Iglesia, realizada de acuerdo a un carisma específico de santificación y apostolado en el trabajo profesional y en el conjunto de la vida ordinaria.

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