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Pide el Papa desterrar indiferencia; instituye Jornada de los Pobres

Con el énfasis puesto en la idea central de que “la misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia”, sino que “todo se revela en la misericordia, en el misericordioso Padre”, y que todos seremos juzgados conforme a nuestras obras de misericordia, el Papa Francisco cerró el Año Jubilar de la Misericordia con la publicación de la Carta Apostólica Misericordia et misera”, en la que instituye la celebración de la Jornada Mundial de los Pobres, el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario.



El Santo Padre subrayó que “mientras Lázaro esté echado a la puerta de nuestra casa, no podrá haber justicia ni paz social”; por lo tanto, invitó a que se realicen de manera novedosa y generosa las obras de misericordia, a no quedarse inmóviles y a desterrar la indiferencia y la hipocresía, de modo que los planes y proyectos no queden en letra muerta. En su Carta Apostólica, el Obispo de Roma señaló que “podemos llevar a cabo una revolución cultural a partir de la simplicidad de esos gestos que saben tocar el cuerpo y el espíritu, es decir, la vida de las personas”.

En una primera parte, el Papa contextualiza la misericordia utilizando los pasajes evangélicos de la adúltera a la que buscaban lapidar y el de la mujer que le lavó los pies en casa del fariseo. Utiliza el pasaje del encuentro entre Jesús y la adúltera, para señalar que no es un encuentro frío “entre el pecado y el juicio abstracto”, sino entre “una pecadora y el Salvador”, en el que “la miseria del pecado ha quedado revestida por la misericordia del amor”.

En el texto de la Carta se subraya que “el perdón es el signo mas visible del amor del Padre” y que “nada de cuanto un pecador arrepentido coloca delante de la misericordia del Dios queda sin el abrazo de su perdón”. Exhorta a que no se corra el riesgo de oponerse “a la plena libertad del amor con el cual Dios entra en la vida de cada persona”, puntualizando que “experimentar la misericordia produce alegría”, y no debemos permitir que las aflicciones y preocupaciones nos arrebaten dicha alegría.

“En una cultura frecuentemente dominada por la técnica, se multiplican las formas de tristeza y soledad en las que caen las personas, entre ellas, muchas jóvenes”, y se percibe que “el futuro parece estar en manos de la incertidumbre”; por lo tanto, se necesitan testigos de esperanza y de alegría para “deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales”, el vacío puede ser colmado por la esperanza que se lleva en el corazón.

Escribe ardientemente sobre la gratitud que debemos tener por la misericordia que durante el Jubileo Dios nos ha concedido, arrojando “nuestros pecados a lo hondo del mar”. Pero precisó que, una vez concluido el Año Santo, “es tiempo de mirar hacia delante y comprender cómo seguir viviendo con fidelidad, alegría y entusiasmo”.

Por otro lado, el Papa hace una serie de exhortaciones y da varias instrucciones. Por ejemplo, recomienda la preparación de la homilía, que es más que retórica, de tal manera que vivir la misericordia sea anuncio. Propuso que cada comunidad dedique un domingo del año a renovar su compromiso a favor de la difusión, conocimiento y profundización de la Palabra de Dios, así como difundir más la lectio divina.

El documento destaca que en el Sacramento de la Reconciliación “sentimos el abrazo del Padre que sale a nuestro encuentro”, e invita a perdonar a los demás.

El Papa prolongó -hasta nueva disposición- el servicio de los “Misioneros de la misericordia”, es decir, de los sacerdotes a los que se les concedió la facultad de perdonar los pecados reservados a la Santa Sede. A los sacerdotes les recuerda que “no existe ley ni precepto que pueda impedir a Dios volver a abrazar al hijo que regresa a Él reconociendo que se ha equivocado, pero decidido a recomenzar desde el principio”.

Y concede en adelante “a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quien haya procurado el pecado de aborto… no obstante cualquier cosa en contrario”. Enfatiza con todas sus fuerzas “que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir…”

También establece por decisión personal que, para quien por motivos varios acuda a una iglesia donde celebren los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X, reciban válida y lícitamente el Sacramento de la Reconciliación, hasta disposición en contrario. Algunas de estas disposiciones las había indicado con vistas al Jubileo, ahora las prolonga más allá del Año Santo y vuelve a recomendar la iniciativa de las 24 horas para el Señor (que son el lapso en que los sacerdotes están confesando a los fieles).

“Enjugar las lágrimas es una acción concreta que rompe el círculo de la soledad en el que con frecuencia terminamos encerrados”, explica el Santo Padre.

El Papa Francisco indica que “la misericordia renueva y redime”, siendo el encuentro de dos corazones: el de Dios y el del hombre, uno que se va encendiendo y otro que lo va sanando. “Soy amado, luego existo”; perdonado, renazco a una vida nueva; y <<”misericordiado”>>, me vuelvo instrumento de misericordia.

“Es el momento de dejar paso a la fantasía de la misericordia para dar vida a tantas iniciativas nuevas, fruto de la gracia”, subrayó, y recordó a las poblaciones con hambre y sed, niños sin que comer, a los enfermos; o los espacios como las cárceles con condiciones inhumanas, así como el analfabetismo.

Para muchos, sentenció, Dios mismo sigue siendo un desconocido, lo que “representa la más grande de las pobrezas”; y pidió confiar en la ayuda de la Virgen María siguiendo “su constante indicación de volver los ojos a Jesús, rostro radiante de la misericordia de Dios”.

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