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Así fue la visita del Papa a una singular Azerbaiyán

En el único día de actividad del Santo Padre Francisco en Azerbaiyán, el domingo 2 de octubre, donde la comunidad cristiana católica asciende a unos 700 fieles; en primer lugar celebró la Santa Misa en la Iglesia de la Inmaculada, en la capital del país, Bakú.



En la homilía trató el tema de la fe y el servicio. El Papa comentó que Dios busca cambiar, sanar, el corazón de cada uno, y que “ahí donde encuentra un corazón confiado y abierto, allí puede hacer sus maravillas”. Mencionó que la fe “no es una `dote´ ni un súper poder para resolver la vida”, es la alegría de estar con Dios, “pero fructifica si nosotros ponemos nuestra parte”.

El Papa se cuestiona “¿cuál es nuestra parte?”, y responde que es el servicio. Así, poniendo como ejemplo la confección da las alfombras, de amplia tradición en este país, comentó que sólo los hilos unidos son útiles, de tal forma que hay que enlazar pacientemente la trama de la fe y la urdimbre del servicio; éste, por su lado, no se trata sólo de cumplir el deber o una buena obra de vez en cuando, sino una actitud total, porque así fue la entrega de Jesús.

Y alertó sobre caer en la tibieza o de trabajar para ganar prestigio. Cada uno, mencionó, es un hilo preciso que sólo sirve junto a los otros, comentó volviendo al ejemplo de la alfombra; y pidió para los presentes la ayuda de la Virgen María, y de los Santos en especial de la Madre Teresa de Calcuta.

Posterior a la Eucaristía, con motivo del rezo del Ángelus, el Papa elogió a la comunidad con las palabra que San Juan Pablo II les dirigió en 2002, las mismas de Pedro: “Honor a vosotros, que creéis”. Comentó que en el viajar tantos kilómetros por visitar una comunidad pequeña de 700 personas en un país de dos millones, imita al Espíritu Santo, que visitó a los reunidos en el Cenáculo, y después pudieron salir a proclamar a Jesús. “El Papa pierde el tiempo como lo ha perdido el Espíritu Santo en aquel tiempo”. Además, les recordó que en la comunidad siempre debe estar María, y la caridad.

Después se reunió con Autoridades y en su discurso recordó que en fechas próximas se celebrará el 25 aniversario de su independencia, tiempo propicio para valorar los progresos de la nación. Dijo a su vez que “toda pertenencia étnica o ideológica, así como todo auténtico camino religioso, debe repudiar actitudes y concepciones que instrumentalizan las propias convicciones, la propia identidad o el nombre de Dios para legitimar intentos de opresión y dominio”.

Por otro lado señaló que, así como se debe seguir el camino del diálogo al interior, también es importante llevar ese camino con otras naciones para lograr acuerdos duraderos y la paz; y expresó su deseo de que la región del Cáucaso, puerta de Oriente y Occidente, sea una “puerta hacia la paz y un ejemplo para resolver antiguos y nuevos conflictos”.

No olvidó expresar su cercanía a quienes han tenido que dejar su tierra y a las personas que sufren por los conflictos violentos. Además manifestó su alegría por las cordiales relaciones de los católicos con musulmanes, ortodoxos y judíos.

Como último evento en su viaje por Azerbaiyán, el Papa tuvo un Encuentro de carácter interreligioso con el Jeque de los musulmanes del Cáucaso y representantes de otras religiones, en la Mezquita Heydar Aliyev.

Ahí, dijo que “nuestro encuentro está en continuidad con las muchas reuniones que tienen lugar en Bakú, para promover el dialogo y la multiculturalidad”. Afirmó que la fraternidad que buscan aumentar no será apreciada por quienes quieren reavivar tensiones o sacar provecho de los conflictos, pero estas relaciones “agradan a Dios, compasivo y misericordioso, que quiere a los hijos e hijas de la única familia humana más unidos entre sí y siempre en diálogo”.

Enfatizó que las religiones deben “discernir el bien y ponerlo en práctica”, así como “edificar la cultura del encuentro y de la paz”. Remarcó que la oración y el diálogo se relacionan: una es la apertura a Dios y el otro la apertura al prójimo, lo que incluye a las personas de diferentes religiones.

Concluyó en que la paz duradera debe basarse en el respeto mutuo, en superar obstáculo pasados, en erradicar la pobreza, así como denunciar la proliferación de armas y sus ingentes ganancias. “Las voz de mucha sangre grita a Dios desde la tierra, nuestra casa común”. El reto de dar una respuesta no puede aplazarse más tiempo, subrayó.

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