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En oración ecuménica en Asís, pide Papa “avergonzarse de la guerra”

El martes, 20 de septiembre, el Papa Francisco presidió la Jornada Mundial de Oración por la Paz, bajo el título “Sed de Paz. Religiones y Culturas en Diálogo”, evento de oración ecuménica, en la ciudad de Asís, jornadas que comenzaron por iniciativa de Juan Pablo II, hace 30 años, en 1986.



Desde muy temprano en la Misa en Casa Santa Marta, el Santo Padre, en su homilía, señaló que en el encuentro ecuménico los presentes irían a rezar por la paz, hasta sentir vergüenza por la guerra. Y enfatizó que no existe un dios de la guerra, que la bomba que corta la ruta a un convoy de ayuda humanitaria impidiendo que se auxilie a niños y enfermos es obra del “maligno” que “quiere matar a todos”.

Invitó a rezar convencidos de que “Dios es el Dios de la paz”; por eso, en Asís se reunirían los representantes de las diferentes religiones para rezar, así como en todo el orbe se habrían organizado momentos de oración, porque el mundo está en guerra.

El Papa Francisco subrayó que no se puede poner oídos sordos a los gritos de los que sufren, porque “podríamos no recibir respuesta cuando seamos nosotros los que estemos en necesidad”. El Papa puntualizó que la guerra no está lejos, ya que comienza en el corazón; y que a los que no vivimos la guerra, nos asusta un atentado. Pero esto es nada en comparación con aquellos lugares donde caen bombas día y noche. Puntualizó que no hay un dios de la guerra, el que hace la guerra es el maligno.

Señaló además que sería hermoso que sintiéramos vergüenza de la guerra, de que los seres humanos, hermanos nuestros, sean capaces de esto que ocurre. Pidió que pensemos no sólo en los muertos, sino en aquellos a quienes no llegan los alimentos o las medicinas, estando enfermos y hambrientos, porque las bombas lo impiden.

Una vez en Asís, donde a su llegada saludó por alrededor de una hora a los representantes de las diferentes religiones congregados, el Papa compartió su meditación fija en la frase de Jesús: “Tengo sed”.

El Obispo de Roma señaló que Cristo tiene sed, por supuesto que de agua, pero sobre todo de nuestro amor, de darnos Su amor y de recibir el nuestro. De esta forma, San Francisco de Asís exclamaba con dolor “el Amor no es amado”, y calmar esa sed de amor de Cristo Crucificado fue lo que buscó la nueva santa, la Madre Teresa de Calcuta, “mediante el servicio a los más pobres entre los pobres”.

“En efecto, la sed del Señor se calma con nuestro amor compasivo, es consolado cuando en su nombre nos inclinamos sobre las miserias de los demás. En el juicio llamará <<benditos>> a cuantos hayan dado a beber al que tenía sed…”, enfatizó el Papa Francisco.

Mencionó que ese “tengo sed” lo podemos escuchar en la voz de los que sufren, “en el grito de los pequeños inocentes a quienes se les ha negado la luz de este mundo”, los más necesitados de paz, como las víctimas de la guerra, los que viven bajo el asedio de los bombardeos o los que han tenido que dejar todo y emigrar, pero muchas veces reciben como respuesta “el vinagre del rechazo”, “el silencio ensordecedor de la indiferencia”, la frialdad de apagar su grito tan fácil como cambiar de canal de televisión.

El Santo Padre señaló que como “discípulos del Crucificado, estamos llamados a ser <<árboles de vida>> que absorben la contaminación de la indiferencia y restituyen al mundo el oxígeno del amor”, y pidió al Señor que “nos conceda, como a María junto a la cruz, estar unidos a Él y cerca del que sufre”.

Los líderes religiosos realizaron un llamado común en el que manifiestan que “La Paz es el nombre Dios. Quien invoca el nombre de Dios para justificar el terrorismo, la violencia y la guerra, no sigue el camino de Dios: la guerra en nombre de la religión es una guerra contra la religión misma. Con total convicción, reafirmamos por tanto que la violencia y el terrorismo se oponen el verdadero espíritu religioso”.

Dichos líderes piden a los responsables de las naciones que terminen con las razones que conducen a la guerra, como el ansia de poder, la codicia en el tráfico de armas o las venganzas del pasado; y a su vez “crezca el compromiso concreto para remover las causas que subyacen en los conflictos: las situaciones de pobreza, injusticia y desigualdad, la explotación y el desprecio por la vida humana”. Y subrayan que “nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración”.

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Comentarios  

#1 MARÍA JOSEFINA CÁMAR 21-09-2016 21:27
¡Es maravilloso lo que ha dicho el Santo Padre!! Pero es más necesaria aún la meditación sobre la paz por cuanto el mundo, desde que se perdió el Paraíso Terrenal, ha vivido en guerra. La guerra era el oficio de los nobles y poderosos en las culturas de la antiugûedad y lo siguió siendo hasta el II Reich, y todo por un afán de conquista, Creo que es M UCHO más importante conquistar los Corazones, y ESO es lo que hizo el Hijo de Dios aquí, en la tierra!
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