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Hay gente que los quiere atontados, alerta el Papa a jóvenes

En la Vigilia de Oración, en la que se expone el Santísimo Sacramento, de este sábado 30 de julio en Cracovia, el Santo Padre Francisco llamó a los jóvenes a no confundir la felicidad con un sofá, que no hemos venido a “vegetar” sino a dejar huella.



El Papa escuchó los testimonios de algunos jóvenes, entre ellos, el de una chica de nombre Rand, venida de Siria, y de sus palabras, el Obispo de Roma rescató su pedido de oración por su país, por lo que señaló: “¡Qué mejor que empezar nuestra vigilia rezando!”

Asimismo, manifestó que la guerra deja de ser anónima, sólo una nota informativa, con el contacto con el hermano adquiere un rostro, y pidió recordando lo dicho por Rand: “no más ciudades olvidadas”, “nunca más hermanos <<rodeados de muerte y homicidios>> sintiendo que nadie los va a ayudar”. El Papa pidió rezar por las víctimas de la guerra y “para que de una vez por todas podamos comprender que nada justifica la sangre de un hermano”, y agradeció a los otros jóvenes que dieron su testimonio, Natalia y Miguel. “Nuestra respuesta a este mundo en guerra tiene un nombre se llama fraternidad, se llama hermandad, se llama familia”, subrayó el Papa Francisco y se dio el silencio para un momento de oración.

Su Santidad, continuó diciendo que mientras veía esta oración le vino a la mente el Pentecostés, cuando los apóstoles estaban enclaustrados a causa del miedo y el Espíritu Santo los impulsa a salir; mencionó que hoy hay quien ha pasado por situaciones que le han causado la misma sensación de los apóstoles, “donde parecía que todo se derrumbaba”, y preguntó ¿a dónde nos lleva el miedo? Al encierro, respondió y agregó que siempre va acompañado de su “hermana gemela: la parálisis” y que éste es el peor mal para la vida, pero es más grave en la juventud, ya que “nos aleja de los otros”.

Pero advirtió que hay una parálisis aún más peligrosa, la de confundir la felicidad con un sofá, un sofá que juntos “haga quedarnos encerrados en casa sin preocuparnos, ni fatigarnos” y que puede “arruinar nuestra juventud”. Lo anterior porque nos vuelve embobados y atontados, así “los más vivos”, no los más buenos”, deciden el futuro y perdemos la libertad.

El Papa mencionó que para muchos es mejor tener jóvenes atontados que despiertos a los sueños de Dios y de su corazón. “No vinimos a este mundo a <<vegetar>>, a pasarla cómodamente, sino a dejar huella”. Cuando confundimos felicidad con comodidad o con consumir, el precio que pagamos es muy caro: perder la libertad. Dijo que las drogas hacen más, pero hay otras drogas socialmente aceptadas que nos hacen tanto o más esclavos que aquellas, y recordó que hay gente que los quiere atontados “pero nunca libres”.

“Dios viene a romper nuestras clausuras”, viene a romper lo que nos encierra, y añadió: “Jesús es el Señor del riesgo”, “Jesús no es el señor del confort, la comodidad y la seguridad”, nos invita a dejar el sofá por los botines puestos. “Este tiempo sólo acepta jugadores titulares en la cancha, no hay espacio para suplentes”, el mundo pide “que seáis protagonista de la historia”, “no dejemos que sean otros los que decidan nuestro futuro. ¡No! Nosotros debemos decidir nuestros futuro”.

Mencionó que el Espíritu Santo sigue realizando el mayor milagro: transformar nuestras manos y nuestros pies en signos de reconciliación. Animó a los jóvenes diciendo que cuando nos llama no ve lo que hemos hecho o nuestras fallas, sino que ve “todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de contagiar; Jesús te proyecta al horizonte, nunca al Museo”.

Así que “hoy Jesús te invita, te llama a dejar huella en tu vida”, dijo el Papa y pidió que construyamos puentes y no muros, pidió que los jóvenes sean quienes acusen a los adultos que pretenden seguir por el lado de los muros. “Él que es la vida, te invita a dejar una huella que llene de vida tu historia y la de tantos otros”. ¿Qué responden? Y concluyó diciendo: “Que Dios bendiga vuestros sueños”.

Ese mismo sábado por la mañana, Su Santidad visitó el Santuario de la Divina Misericordia, oró ante las reliquias de Santa Faustina Kowalska, apóstol de la Misericordia, a quien Jesús hizo revelaciones, como su deseo de que se hiciera la imagen de Jesús Misericordioso, con la frase “Jesús, yo confió en Ti”, o la fiesta de la Divina Misericordia en el segundo Domingo de Pascua. El Papa escribió en el libro de honor de la capilla donde reposan las reliquias, Misericordia quiero y no sacrificios, frase del Evangelio de Mateo, y cruzó por la puerta de la Misericordia del Santuario, consagrado por San Juan Pablo II y confesó a algunos jóvenes.

Más tarde, celebró la Santa Misa con los obispos, sacerdotes y religiosos, en cuya homilía destacó que el Evangelio proclamado habla de un lugar, un discípulo y un libro. El lugar es donde estaban los apóstoles reunidos a puertas cerradas por miedo a los judíos, pero al cual, al entrar Jesús con su paz, con el Espíritu Santo y el perdón de los pecado, los envía, por lo que hemos de salir de nosotros mismos, “es un viaje sin billete de vuelta”.

El discípulo es Tomás que nos hace un gran favor, porque nos acerca a Dios que no se oculta a quien lo busca, y recordó una página del Diario de Santa Faustina, al decir que a Jesús le gusta que le platiquemos de todo, que no se cansa de nuestras vidas que ya conoce, y mencionó el Papa que así se busca a Dios con un corazón sincero y transparente, encomendándole nuestras miserias y resistencias.

El libro, refiere el Papa Francisco, es el Evangelio, que es un libro abierto, que nosotros debemos de seguir escribiendo con las obras de misericordia y que la Madre de la Misericordia nos ayude a curar las heridas de los demás.

 

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