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“Sin la misericordia no se puede hacer nada”, dice el Papa a jóvenes

“Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. Con estas palabras del Evangelio de Mateo, el Papa comenzó su mensaje a los jóvenes al término del Vía Crucis de este viernes 29 de julio, reunidos en Cracovia, Polonia.



Utilizó estas palabras para responder a las interrogantes sobre ¿dónde está Dios cuando las personas inocentes mueren o tiene que huir, o cuando existe una gran hambre en el mundo? La respuesta es Dios está en ellos, hasta el punto de ser casi “un solo cuerpo”.

“Jesús mismo eligió identificarse con estos hermanos y hermanas que sufren… aceptando recorrer la Vía Dolorosa que conduce al Calvario”, él cargó todas las “heridas físicas, morales y espirituales”, abrazó en la cruz el hambre y la desnudez; Jesús hoy abraza a nuestros hermanos sirios.

El Papa Francisco señaló que debemos pedir la gracia de entender “que sin la misericordia no se puede hacer nada”. Recordó que “estamos llamados a servir a Jesús crucificado en toda persona marginada”, que lo encontramos en el desnudo, en el hambriento, en el preso, en el desempleado, en el emigrante. “Jesús mismo nos lo ha dicho, explicando el <<protocolo>> por el cual seremos juzgados: cada vez que hagamos esto con el más pequeños de nuestros hermanos lo hacemos con él.

Su Santidad nombró las siete obras de misericordia corporales, así como las siete espirituales, tales como consolar al triste, soportar a las personas molestas, enseñar al que no sabe, perdonar las ofensas, corregir a que yerra, pedir a Dios por vivos y difuntos. A este respecto agregó: “Nuestra credibilidad como cristianos depende del modo en que acogemos a los marginados que están heridos en el cuerpo y al pecador herido en el alma, no en las ideas”.

Hoy el mundo necesita de personas que no vivan su vida “a medias”, sino que la entreguen generosamente. “Ante el mal, el sufrimiento y el pecado, la única respuesta posible para el discípulo de Jesús es el don de sí mismo, incluso de la vida, a imitación de Cristo; es la actitud de servicio. Si uno que se dice cristiano no vive para servir, no sirve para vivir. Con su vida reniega de Jesucristo”, enfatizó el papa Francisco.

Les dijo a los jóvenes que Jesús quiere que sean “un signo de su amor misericordioso” en el mundo actual, “una respuesta concreta” a los sufrimientos de la humanidad, indicándoles la vía, la vía de la Cruz, que es la única que no teme al fracaso, el aislamiento o la soledad, porque colma al corazón del hombre de la plenitud de Cristo, que en definitiva no es “una costumbre sadomasoquista”, sino la que vence el mal, el pecado y la muerte, “porque desemboca en la luz radiante de la Resurrección de Cristo… Es la vía de la esperanza y el futuro”.

Y lanzó una pregunta. Dijo que el Viernes Santo hubo quien regresó triste a su casa y quien fue a trabajar para olvidar un poco la cruz. ¿Cómo volverán a sus casas, alojamientos o tiendas? Es una cuestión que sólo ellos podían responder.

Como ha sido práctica habitual en este viaje apostólico, el Papa Francisco salió al balcón del Palacio Arzobispal para dirigir unas palabras a quienes se congregan afuera del inmueble. En esta ocasión recorrió el día de adelante hacia atrás. Comentó que el viernes “es el día que recordamos la muerte de Jesús”, su dolor y muerte por nosotros; pero subrayó que no es sufriente hace dos mil años atrás, lo es hoy, en aquellos que están enfermos, o que sufren la guerra, en quienes “no sienten la felicidad” o “sienten el peso del propio pecado”.

Respecto a su visita al Hospital, mencionó que siempre le viene a la mente aquella pregunta: ¿Por qué sufren los niños? Es un misterio, dijo el Papa.

Le comentó a la gente congregada que había estado por la mañana en “Auschwitz y Biernkenau, para recordar el dolor de hace 70 años… Cuánto dolor, cuanta crueldad”. Pero dejó en claro que “la crueldad no terminó en Auschwitz y Biernkenau”, hoy mismo se tortura a tantos prisioneros, rápido, para hacerlos hablar. Es terrible que hoy muchos presos viven como animales, hoy ésta es la crueldad. Decimos “sí hemos visto la crueldad de hace 70 años como murieron fusilados, ahorcados con gas. Pero hoy en tantas partes del mundo donde hay guerra sucede lo mismo”, señaló.

“Esta realidad Jesús ha venido a cargarla a sus espaldas y quiere que oremos”, por aquellos que tiene hambre por quienes “están solos, por aquellos que sienten el peso de las dudas y la culpa”; por “los niños enfermos”; por los presos “hacinados como si fueran animales”, por los torturados…

Todos somos pecadores, pero Él nos ama, y señaló que un niño con lágrimas, se acerca, busca a su madre y todos somos niños, por eso buscamos a la Madre, “y pedimos a Nuestra Señora todos juntos cada uno en su lengua”, y se recitó el Ave María, tras la bendición, el Papa se retiró del balcón.

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