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Este jueves, 28 de julio, por la tarde, los jóvenes de todo el mundo pudieron reunirse con el Santo Padre Francisco, en la Ceremonia de Bienvenida de la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, en el Campus Misericordiae. En su mensaje el Papa les dijo que: “cuando Jesús toca el corazón de un joven, de una joven, éste es capaz de actos verdaderamente grandiosos”.



La ceremonia comenzó con unas palabras del Arzobispo Dsziwiz, así como de diferentes momentos que despertaban la alegría de todos los que participaron en la bienvenida. Se llevaron a cabo danzas tradicionales polacas, pero también bailes de la India y África e incluso un tango argentino.

Desfilaron los banderas de los países de los jóvenes que acudieron a la Jornada algo así como 187 países distintos, a la cabeza de cada continente un santo o beato patrono de la Jornada elegido por los jóvenes de cada continente tras el cual desfilaban las banderas correspondientes.

También se llevó a cabo un cuadro en el que se presentaron a varios de los santos o beatos jóvenes que muestran que la santidad es un llamado para todos, fue posible ver a Santa Teresa del Niño Jesús, Santa María Goretti, Santo Domingo Savio, el Beato Pierre Giorgio Frasatti, así como al futuro santo, Beato José Sánchez del Río.

El Papa Francisco al tomar la palabra agradeció a San Juan Pablo II que soñó e impulso estos encuentros, que desde el cielo nos está acompañando viendo a tantos jóvenes… con un solo motivo: celebrar que Jesús está vivo en medio nuestro” y agregó, “¡que mejor oportunidad para renovar la amistad con Jesús que afianzado la amistad entre ustedes!”

“Felices los misericordiosos, porque encontraran misericordia”, aquellos que saben dar los mejor de si mismos; Polonia, dijo se viste de fiesta… quiere ser el rostro siempre joven de la misericordia, pero no olvidó a quienes a través de los medios de comunicación siguen el encuentro, “todos juntos vamos a hacer de esta jornada una auténtica fiesta Jubilar”.

El Papa mencionó que en sus años de Obispos ha aprendido que “cuando Jesús toca el corazón de un joven, de una joven, este es capaz de actos verdaderamente grandiosos”, y mencionó que es muy bello poder verlos “tan revoltosos.” Un corazón misericordioso, señaló, sabe salir de la comodidad e ir al encuentro de los demás, sabe ser refugio para quien no tiene hogar o construir una para quien ha tenido que emigrar, comparte el pan con aquel que carece de él, “sabe de ternura y de compasión… Decir misericordia junto a ustedes es decir oportunidad, decir mañana, compromiso, confianza, apertura, hospitalidad, compasión sueños”.

Les confió que siente dolor cuando ve aun joven “jubilado” antes de tiempo, que tiró la toalla antes de empezar a jugar, que es cuestionador ver a otros que buscan el vértigo por caminos oscuros, que después pagan mu caro, por eso nos reunimos, señaló, para ayudarnos unos a otros y no dejar que nos roben lo mejor de nosotros mismos.

Para ser plenos existe una respuesta… es una persona y esta viva, se llama Jesucristo. Él sabe darle pasión a la vida, quien nos mueve a dar lo mejor de nosotros mismos, quien nos levanta cuando nos damos por vencido , quien “nos impulsa a levantar la mirada y soñar alto.” Preguntó “¿quieres una vida plena? Empieza por dejarte conmover”.

De esta manera retomó la lectura del Evangelio que se escuchó en la ceremonia e invitó a todos a ser como María que sabía que la paz está en escuchar a Jesús, a lanzarse a la escucha de las personas de otras culturas aún de aquellos que tememos porque creemos que pueden hacernos daño; a volver a escuchar a los ancianos, como la Virgen con su prima Isabel, “para aprender de su sabiduría”.

Aquí estamos Señor. Envíanos a compartir tu Amor Misericordioso. Queremos recibirte en esta Jornada Mundial de la Juventud, queremos confirmar que la vida es plena cuando se la vive desde la misericordia, que es la mejor parte, y que nunca nos será quitada”.

Ya por la noche en el balcón del Palacio Arzobispal, se dirigió a los esposos en idioma español, invitándolos que decir con frecuencia tres palabras, permiso, gracias y perdón. Permiso, tener en cuenta al otro no imponer, ¿te parece? Gracias, “Agradecerse mutuamente. Porque el sacramento del matrimonio se lo confieren los esposos, el uno al otro. Y esta relación sacramental se mantiene con este sentimiento de gratitud.” Y finalmente perdón, palabra difícil de pronunciar, les aconsejo que no se asusten cuando suceda que discuten o se alzan a voz pero les aconsejo, “nunca terminen el día sin hacer la paz”, “porque la guerra fría al día siguiente es muy peligrosa” y para eso basta un gesto, cuando hay amor no hacen falta discursos.

Tras recitar todos juntos un Ave María y dar la bendición a los presentes, el Papa concluyó diciendo: “Y recen por mí, realmente recen por mí. Buena noche y buen reposo.

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