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¿Es el Papa Francisco quien divide?

Entrevistamos a Rodrigo Guerra, Doctor en filosofía por la Academia Internacional de Liechtenstein; miembro de la Academia Pontificia por la Vida, del Consejo Pontificio Justicia y Paz y del Equipo Teológico del CELAM. Fue invitado por el Papa Francisco como consultor experto al Sínodo extraordinario sobre la Familia. Actualmente es Profesor-investigador en el Centro de Investigación Social Avanzada (www.cisav.mx).


Rodrigo Guerra; Amoris laetitia


 

¿En su opinión, por qué parece que cada documento de Francisco genera controversia al interior de la Iglesia? ¿Sucedía con los pontífices del siglo XX?

Tengo la impresión que la aceptación de la enseñanza del Papa Francisco en el Pueblo de Dios es muy grande. Casi todos los creyentes agradecemos el don inmerecido que significa este Papa para nuestras vidas. Las controversias y resistencias proceden más bien de ciertos grupos minoritarios y radicalizados muy activos en Internet que viven habitualmente instalados en una modalidad de rigorismo postmoderno.

¿Qué significa esto?

El cambio de época a todos nos genera incertidumbre. En este contexto, existen personas y grupos que creen que las certezas es preciso buscarlas en las posturas más rígidas e intransigentes para así no extraviarse. Esto no sólo caracteriza a algunos hombres y mujeres mayores de edad sino también a algunos sectores juveniles, que ante un mundo cambiante, prefieren aferrarse a lo que aparentemente es seguro y confiable: una ortodoxia formal que lentamente se separa de la comunión existencial. Esto ya había sucedido, por ejemplo, en torno a los debates del Concilio Vaticano II. Sin embargo, gracias a las nuevas tecnologías, las suspicacias contra Francisco son más visibles que las que se hacían, por ejemplo, contra Paulo VI.

En “Evangelii Gaudium”, Francisco fue ampliamente aplaudido por la audacia con que mira a las instituciones eclesiales y por la exigencia a arriesgarse a salir ¿qué ha pasado con “Amoris Laetitia” para que algunos sectores jueguen con la idea de ‘cambios doctrinales’ o que es un precursor de ‘cisma’ eclesial?

Creo que quienes se resisten a acoger “Amoris laetitia” como verdadero Magisterio ordinario de la Iglesia ya tenían incubado en su corazón el germen rigorista desde antes de la publicación del documento. “Amoris laetitia” profundiza en la comprensión de la realidad del matrimonio y la familia e invita a buscar soluciones pastorales fieles al evangelio y a la doctrina constante de la Iglesia. Algunos sectores afirman que existe ruptura en la enseñanza de Francisco respecto de Juan Pablo II. Esto es un error. Pero tampoco es verdad, que el Papa simplemente repita mecánicamente lo que ya estaba dicho. Francisco continúa el camino de sus predecesores buscando hacer del anuncio del evangelio de la familia un anuncio pertinente, inculturado, misericordioso. Quienes insinúan que el Papa está provocando un cisma olvidan que el cisma solamente brota cuando se lastima la caridad y se falta a la obediencia al Pastor universal de la Iglesia, que es el Papa. No es Francisco quien divide. Al contrario, él es el fundamento visible de la unidad en la Iglesia.

¿Qué cree que está animando a grandes pensadores cristianos a cuestionar las fronteras doctrinales o disciplinares de Francisco?

Estoy convencido por mi propia experiencia como académico que mi orgullo y mi vanidad son mis peores enemigos. Algunos intelectuales grandes y no tan grandes sufren también estas tentaciones. Estudiar a veces conlleva una implícita seguridad de que en nosotros y sólo en nosotros está la verdad. Cuando esto se deja crecer al interior del corazón encubrimos nuestra soberbia con un revestimiento intelectual que genera asombro ante quienes no cuentan con los mismos estudios. El Papa nos enseña otra cosa: la verdad sólo se manifiesta en su belleza completa cuando se acoge en humildad, como lo hizo y lo hace María.

¿Además de las valoraciones del filósofo Robert Spaemann sobre “Amoris Laetitia”, qué otros casos, grupos, personas, movimientos, conoce que siembran suspicacia sobre la ‘verdadera defensa de la fe’ que hace Francisco desde la silla petrina?

Existe toda una gama de personas y grupos suspicaces. Creo que se pueden clasificar en tres tipos principales: Primero están los pseudotradicionalistas que no aceptan total o parcialmente el Concilio Vaticano II: unos lo consideran un Concilio herético y otros un Concilio imperfecto y confuso. En segundo lugar están los apocalípticos: gustan de apariciones marianas no autorizadas, revelaciones privadas, profecías “secretas” y misteriosos poseídos-profetas. Desde un submundo para-espiritual y para-normal con cierta facilidad descalifican a Francisco afirmando que es una suerte de anticristo o un impostor. En tercer lugar están los ideológicos: son quienes poseen una interpretación rigorista, parcial y fragmentaria de Juan Pablo II y Benedicto XVI y oponen a ellos la enseñanza de Francisco. Lo consideran Papa verdadero pero ambiguo. Alguno decía de manera informal pero elocuente: “Es necesario defender a Francisco de sí mismo”.

¿Qué se puede hacer con ellos?

Principalmente, no actuar de manera simétrica contra estos personajes. Es muy fácil adoptar una postura igual pero en sentido inverso. Hay que hablar con caridad y con claridad. Francisco es un maestro en ello: denuncia valientemente a los doctores de la ley, a los nuevos fariseos de nuestro tiempo, y les ofrece, sin embargo, la posibilidad de una amistad, de una compañía, de una ternura sin límites.

El discernimiento particular e inculturado que los pastores deben hacer sobre cada caso controversial de disciplina moral o doctrina sacramental ¿se mece en las fronteras del relativismo?

Yo creo que no. Francisco una y otra vez anuncia la buena noticia y ratifica la doctrina constante de la Iglesia. Lo único que pide es que antes de emitir un juicio moral nos llenemos de comprensión caritativa para así entender mejor cómo aplicar la norma evangélica. Afirmar que no todos los casos son iguales, no es relativismo sino realismo. Una misma norma aplicada en casos diversos puede tener efectos distintos. Y esto debe hacerse siguiendo un método preciso: acompañar la fragilidad, discernir sabiamente con caridad y buscar formas de integración en la comunidad empírica que es la Iglesia.

Finalmente, ¿Usted como laico y de manera personal qué sugeriría a los pastores e intelectuales que se resisten a las enseñanzas del Papa Francisco?

El magisterio ordinario y extraordinario de la Iglesia debe ser recibido con obsequio religioso de entendimiento y voluntad (cf. Lumen Gentium 25). Esto puede no ser siempre fácil, pueden existir preguntas y cuestionamientos. Pero como dice Newman, diez mil preguntas no hacen una duda. El Papa tiene derecho a examinar nuestra fe, no nosotros la de él. Todos necesitamos dejarnos educar en la mente y en el corazón por el extraordinario Papa Francisco.

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