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España: Los frutos del moderno anticlericalismo

Durante muchos años del pasado siglo XX fue común que en varios países del mundo hispánico se dieran furiosas persecuciones contra la Iglesia Católica; persecuciones furiosas que, de manera muy especial, se ensañaron con México y con España.


Testimonios de la Fe


En México aún recordamos las terribles persecuciones religiosas en tiempos de Plutarco Elías Calles y en España las cometidas durante la II República.

Persecuciones que provocaron que los pueblos reaccionaran y, fruto  de dicha reacción, fueron actos de heroísmo y de martirio; por algo suman cientos quienes, por dicha causa, son hoy venerados en los altares.

El tiempo pasó, los ánimos parecieron calmarse y da la impresión que de todo aquello tan sólo quedó un amargo recuerdo. Y al recordarse como si fuera una pesadilla que se desvanece en cuanto salen los primeros rayos del sol, es fácil creer que tiempos tan difíciles jamás volverán.

Cuando, tanto en España como en México, los perseguidores atacaban a la Iglesia y a los católicos lo hacían con un objetivo muy definido: acabar con la religión.

Fracasaron en su intento, razón por la cual tuvieron que salir del escenario tan humillados como lo hace un diablillo de pastorela.

Sacando experiencia de la derrota, decidieron cambiar de táctica: Nada de persecuciones abiertas que provoquen una reacción. Es mucho mejor seguir la táctica del Caballo de Troya.

Y fue así como, en vez de perseguir, fabricando mártires, decidieron mejor corromper, para de ese modo fabricar apóstatas.

Más que cerrar con violencia las puertas de los templos, decidieron que las puertas quedasen abiertas y que, después de un largo proceso, los templos quedasen vacíos.

A fin de cuentas, sólo que en con otra táctica, lograrían la estrategia final: acabar con la religión.

Es aquí donde tomamos como ejemplo el proceso descristianizador que se ha venido siguiendo en España durante las últimas décadas.

Todo empezó con la pornografía en películas y revistas, que acabó alterando la capacidad de juzgar rectamente.

Empezó a verse como algo deseable los modelos que se proponían, lo cual fomentó las infidelidades conyugales que dieron lugar a rompimientos matrimoniales y por ende al fracaso de muchas familias.

Entretanto, dentro del Congreso, hubo quien ayudó a este proceso corruptor, primero aprobando el divorcio, y luego legalizando el aborto.

El caso es que, durante más de treinta años, toda una generación de españoles se deformó en medio de un ambiente prosaico y hedonista. Más recientemente, el proceso corruptor avanzó un gran paso al aprobar los mal llamados matrimonios de homosexuales.

Ni duda cabe que, al no tener oportunidad de conocer algo mejor, el común de la gente se convenció de que ése era el modo habitual de vivir y de pensar.

Eso era lo moderno. Ese era el progreso; lo demás era algo anticuado que debía ser rechazado.

Una vez que lograron extraviar el criterio de la gran mayoría de los españoles, el proceso descristianizador se propuso cumplir las siguientes etapas:

* PRIMERO: Arrinconar la Fe en las escuelas.

* SEGUNDO: Legislar para que desaparezcan los símbolos religiosos en los edificios públicos.

* TERCERO: Ridiculizar la Fe en la prensa, radio, cine, teatro, literatura y  televisión.

En España se ha cumplido ya con la tercera etapa, razón por la cual los anticlericales de hoy ahora se proponen las siguientes metas en las cuales los protagonistas no serán los propios anticlericales, sino más bien esa enorme masa de población que ha sido embrutecida durante tantos años.

Las metas inmediatas son las siguientes:

Que un buen número de personas piense que los católicos (cada vez menos) no practican nada bueno, razón por la cual lo mejor será acabar con ellos.

La consecuencia inmediata es que esa sociedad paganizada, primero ridiculice a los practicantes, luego los insulte y, finalmente, los ataque físicamente tanto a ellos como a los templos donde acuden.

Los nietos de aquellos anticlericales que incendiaban iglesias, mataban curas y desterraban obispos han logrado que sean precisamente los nietos de quienes dieron su vida por la Fe quienes hostilicen a quienes aún se mantienen firmes en sus creencias.

Todo un proceso corruptor que ha tenido éxito en España y que cumple con la estrategia propuesta: acabar con la religión.

Y todo porque, en vez de mártires, hoy tenemos apóstatas.

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