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Abdicado el rey, ¡Viva el Rey!

El Rey Felipe VI juró este jueves la Constitución ante las Cortes Generales, durante el acto de proclamación celebrado en el Congreso de los Diputados.


Adios al Rey Juan Carlos


El Monarca, vestido con el uniforme de gran etiqueta del Ejército de Tierra, juró el artículo 61 de la Constitución de 1978 en la tribuna del hemiciclo de la Cámara Baja, ante la mirada fija de la Reina Letizia, de la Princesa de Asturias y de la Infanta Sofía.

"Juro desempeñar fielmente mis funciones, guardar fielmente las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las comunidades autónomas", dijo Felipe VI. Fue así como el presidente del Congreso de los Diputados, que tomó juramento en nombre de las Cortes Generales, proclamó a Felipe VI y gritó "`Viva España, viva el Rey".

En su mensaje, el rey Felipe VI destacó que la Corona debe buscar la cercanía con los ciudadanos, saber ganarse su aprecio, su respeto y su confianza, y para ello velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente.

“Los ciudadanos piden ejemplaridad, porque sólo de esa manera se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones. Y esas funciones están tasadas por la Constitución, dado que el Rey ha reiterado su papel. Una función que puede ser su independencia. La Corona por su neutralidad política y su vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad del sistema político”, argumentó.

El monarca fue enfático al señalar que lo que debe ofrecer la Corona a los españoles es “una Monarquía renovada para un tiempo nuevo”. La tarea que emprende tiene la energía, la ilusión “y el espíritu abierto y renovador" que inspira a su generación. El afán de encarnar un tiempo nuevo recorró el discurso del nuevo rey.

Los Reyes de España fueron recibidos en la Puerta de los Leones por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, así como por los presidentes del Congreso de los Diputados, Jesús Posada, y del Senado, Pío García-Escudero.

Don Juan Carlos le colocó el fajín de capitán general

Poco antes, en la Sala de Audiencias del Palacio de la Zarzuela, Felipe VI recibió de manos de su padre Don Juan Carlos el fajín que lo convirtió en capitán general de las Fuerzas Armadas, pasándole así el testigo de jefe supremo de los Ejércitos, condición inherente al cargo de Rey, tal y como establece el artículo 62 de la Constitución de España.

En la ceremonia protocolaria, estuvieron presentes el ministro de Defensa, Pedro Morenés; el jefe del Estado Mayor de la Defensa, almirante Fernando García Sánchez; y los jefes de Estado Mayor del Ejército de Tierra, general Jaime Domínguez Buj; del Ejército del Aire, general Javier García Arnaiz; y de la Armada, almirante Jaime Muñoz Delgado; así como el director de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa.

Concluido el evento, el Rey Don Felipe y Doña Letizia, junto con la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía, se trasladaron al Palacio de la Zarzuela en el histórico Rolls Royce de color negro (modelo Phantom IV, de los que sólo hay 19 en el mundo).

Después de celebrado en el Congreso el acto de proclamación, el Rey Felipe VI y la Reina Letizia, acompañados por sus hijas, recorrieron las calles de Madrid en un coche descubierto.

Las personas congregadas a las puertas del Congreso y en las calles adyacentes exclamaron gritos de "Felipe, Felipe", mientras los nuevos reyes (el Rey saludando de pie dentro del vehículo), emprendían el recorrido hacia el Palacio Real, donde miles de ciudadanos se encontraban desde las primeras horas de la mañana.

Notables ausencias, hasta de aspectos religiosos

Entre los aspectos que llamaron la atención de la ceremonia real, destaca el hecho de que Don Juan Carlos de Borbón no asistió al acto de proclamación celebrado en el Congreso de los Diputados; la ausencia de Cristina de Borbón (la hermana con mayor relación y empatía con el rey Felipe VI), derivada del escándalo de Iñaki Urdangarin (esposo de la infanta Cristina), en el caso Nóos.

Pero sin duda, algo de lo que más evidencia tuvo en la ceremonia, fue el hecho de que, aun reconociendo que la monarquía española es católica desde el siglo VI, en el acto solemne de proclamación no hubo elementos religiosos ni el nuevo monarca mencionó a Dios en su discurso.

Tal y como se previó, no hubo misa posterior a la ceremonia de proclamación de Felipe VI. Tampoco se produjo el tradicional juramento sobre los Evangelios ni hubo la presencia del crucifijo de plata que el Congreso de los Diputados utiliza para estos solemnes actos.

El Rey juró sobre la Constitución que sostenía el presidente del Congreso, Jesús Posada, y sólo la corona y el cetro (símbolos de la monarquía) estuvieron en el cojín junto a Felipe VI. Pero además, no hubo ni una sola referencia a la religión ni una mención a Dios en todo el discurso que pronunció ante las Cortes con motivo de su proclamación.

Es difícil explicar la ausencia total del elemento religioso en un día histórico como este 19 de junio de 2014 para la monarquía española. Sobre todo, si se toma en cuenta que la monarquía española es católica desde el Concilio de Toledo, en el siglo VI, durante el reinado de Recaredo; que Felipe VI es, entre otra treintena de títulos, rey de Jerusalén; y que, tradicionalmente y aunque la fórmula haya caído en desuso, a los reyes españoles se les ha citado como "Su Católica Majestad".

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