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El Imperio Británico – 1 de 8. Venecia, el nacimiento

Hacia fines del siglo 18, después de muchos siglos, la alianza perversa entre la potencia marítima imperial de la oligarquía financiera de Venecia y la hidalguía normanda cambió su base de operaciones de la ahora vulnerable ubicación frente al Adriático, a nuevas bases de poder marítimo y financiero en los Países Bajos e Inglaterra.


El comienzo de un imperio


Esto sucedió en el transcurso del siglo 18, después de que los Países Bajos fueron asimilados bajo la hegemonía de la monarquía británica.

El tratado de paz de 1763 entre las monarquías británica y francesa estableció a la Compañía de las Indias Orientales británica, dirigida por la figura de lord Shelburne, como una potencia marítima imperial, más o menos a nivel mundial, cuya intención era convertirse, según lord Shelburne y sus lacayos (del modo en que Gibbon, un lacayo de Shelburne, detalló) en una reedición pro pagana del Imperio Romano. En 1763 lord Shelburne emprendió dos proyectos estratégicos de largo alcance, cuyas consecuencias implícitas son el desastre actual.

Shelburne temía que las colonias angloparlantes de Norteamérica aprovecharan la oportunidad de la derrota de las fuerzas coloniales francesas en ese continente, para crear una república independiente. Shelburne estaba empecinado en evitar esto. A la vez, Shelburne pretendía destruir cualquier potencia en el continente europeo, empezando con el principal rival de Gran Bretaña, Francia, que pudiera representar una amenaza seria en el futuro contra el imperio de la Compañía de las Indias Orientales.

El efecto combinado de estos dos objetivos fueron los sucesos que se dieron en Francia a partir del 14 de julio de 1789, hasta que el duque de Wellington sentó a su títere, el monarca Borbón de la restauración, en el trono francés. A este fin, Shelburne allanó el camino para los hechos que desembocaron en la tiranía de Napoleón mediante la creación de una secta francmasónica artificial, entonces conocida como martinistas, con base en los alrededores de la ciudad de Lyon.

Esta secta martinista, luego rebautizada como sinarquismo, surgió como esa internacional sinarquista que produjo la serie de movimientos y gobiernos fascistas que tuvieron un ataque de locura homicida en el periodo 1922-1945.

Esta internacional martinista-sinarquista siguió siendo una amenaza importante a la seguridad de Europa y América a lo largo de todo el siglo 19 y en el 20.

Desde el comienzo, el martinismo-sinarquismo fue siempre el instrumento de una red oligárquico-financiera permanente, meramente representada por la Compañía de las Indias Orientales británica y sus colaboradores financieros en el continente europeo y en América.

La forma francmasónica de los movimientos políticos y los cuerpos religiosos controlados que figuraban en las actividades de los revolucionarios, siempre estuvo bajo el control eficaz de camarillas financieras.

Por ejemplo, era Jeremías Bentham, el jefe del comité secreto del Ministerio de Relaciones Exteriores británico de Shelburne, quien ejercía el control dentro del movimiento bolivariano, al igual que dentro de las asociaciones de la Joven Europa y la Joven América del agente de lord Palmerston, José Mazzini, como Simón Bolívar confesó hacia el final de su carrera.

La Confederación estadounidense fue producto de lo que hoy conocemos como la internacional sinarquista.

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