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Neoimperialismo expansionista de Putin en Ucrania

Putin, presidente de la Federación Rusa, mueve los dados en un ajedrez que confunde al mundo occidental, desestabiliza la Unión Europea de los “28”, demuestra la impotencia de Estados Unidos, las debilidades de la OTAN y su desorientación estratégica-militar, obligando a todo Occidente a “negociar” una solución por vía diplomática, desde la retaguardia.

Ansioso de ampliar su poder político y territorial, Putin usa la debilidad y la falta de legitimación del gobierno central de transición en Ucrania y fomenta sutilmente el descontento en la parte rusófona del Este del país vecino con fines neoimperialistas y de expansión nacionalista-militarista, al estilo de la vieja usanza estalinista, de la extinguida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Putin, un hombre de acción, sin escrúpulos, busca ahora, después de su decidida e inamovible anexión de Crimea, a través de su apoyo a las fuerzas y milicias pro-rusas en las provincias el Este de Ucrania, la desestabilización de Ucrania para impedir una “europeización” y alianza con la Unión Europea y la OTAN.

La tardía y peligrosa acción militar del gobierno de transición de Kiev está llevando al país a una espiral de violencia con el riesgo de desatar una guerra civil y de un fracaso de las elecciones presidenciales del 25 de este mes de mayo.

Parece que el impotente gobierno central de Ucrania está cada vez más lejos de revertir la nueva realidad construida por las milicias y las fuerzas pro-rusas, que ya controlan un total de 14 ciudades en toda la región del Este y buscan a través de su referendo del 11 de mayo proclamar la República Popular de Donetzk, independiente y autónoma.

La problemática de la actual situación en Ucrania, enfocada en el Este del país, de conseguir con su referendo, a como dé lugar, una mayoría entre la población a favor de una separación del gobierno centralista de Kiev, conseguiría de esta manera poner en ridículo las elecciones presidenciales e incluso  impedir su celebración.

Mientras que Occidente, la Unión Europea, Estados Unidos buscan ponerse de acuerdo sobre sanciones políticas, económicas y diplomáticas más severas contra la Federación Rusa, especialmente para debilitar el poder y la reputación política de Putin.

La reciente visita de la Canciller de Alemania, Angela Merkel, a Washington, el pasado de 2 de mayo, y sus intensas conversaciones con el presidente Barak Obama, despertaron, sin embargo, aún más dudas, por la falta de decisiones y medidas claras de Occidente para contrarrestar los verdaderos objetivos de Putin en la aguda crisis a la que está sometida Ucrania.

Putin, con su política “de chantaje”, que consiste en la infiltración camuflada de miembros del ejército y los servicios secretos rusos, y de ejercer su influencia entre las fuerzas opositoras pro-rusas en las provincias orientales ucranianas, no ha dejado de amenazar al país vecino y a todo Occidente con una intervención militar.

La amenaza militar pretende retar al Presidente de transición de Ucrania y su Primer Ministro del Gobierno de Kiev, impedir su legitimación a través de elecciones libres y democráticas, demostrar la incapacidad política y militar ante un inminente peligro de intervención militar rusa, so pretexto de defender los intereses y la seguridad de la población rusófona.

La actual Presidencia y su gobierno de transición, y en consecuencia el país, necesitarían urgentemente una legitimación a través de elecciones presidenciales. Sin embargo, el débil e inexperto Primer Ministro Jazenjuk, junto con el Presidente Turtschinov, con su decisión de incluir en las elecciones Presidenciales del próximo 25 de mayo un referendo sobre la integridad territorial del país, no solamente están confundiendo a gran parte de la población, sino corren el grave riesgo de fracasar y fomentar el caos en todo el país.

La política del Gobierno de Kiev contrasta con la situación que predomina en las provincias en el Este del país, que alberga la gran industria y el gran capital y que está a punto de separarse del Estado central y/o de integrarse en la Federación Rusa, como última opción para no caer en una guerra civil sangrienta.

Los activistas y milicias pro-rusos, que ya han conseguido el control de las 14 principales ciudades del Este de Ucrania, organizaron un referendo el 11 de mayo del que esperan obtener entre la población una clara mayoría pro-rusa, al estilo del recién celebrado en Crimea, para que puedan justificar una anexión inmediata a Rusia, o, en el mejor de los caos, la constitución de gobiernos autónomos e independientes.

En el contexto de la aguda crisis política y militar que caracteriza a la Ucrania actual, un 72 por ciento de la población en Alemania teme que la inflexible y expansionista posición de Putin lleve a una nueva confrontación Este–Oeste. Según una reciente encuesta, solamente un 14 por ciento de los alemanes expresa confianza en una Rusia gobernada por Putin, un 8 por ciento preferiría que Alemania rompiera todas sus relaciones con la Federación Rusa, mientras que un 70 por ciento apoya sanciones económicas y políticas más duras y un 18 por ciento estaría a favor de un apoyo militar de la comunidad occidental a Ucrania en caso de una intervención rusa.

Por otro lado, cabe destacar que, según esta misma encuesta, una gran mayoría de los alemanes no ve un inminente peligro de una tercera guerra mundial, mientras que Polonia, Letonia, Estonia y Lituania expresan su temor ante el expansionismo belicoso de la actual Rusia de Putin, y, en consecuencia, han pedido a la OTAN que refuerce su presencia militar y cumpla el Pacto existente.

Respecto a estas expresiones de temor, contrasta la gran fiesta que Putin organizó a su amigo, el ex canciller alemán, Gerhard Schröder, el 30 de abril en San Petersburgo, con motivo de su 70 cumpleaños. La opinión más representativa que circula en amplias esferas de la sociedad alemana “aplaude” el mal gusto de su ex canciller, en un momento crucial para Ucrania y los países occidentales.

Pero, sobre “gustos o mejor dicho amistades” se dividen los criterios.

En todo caso no se puede descartar que Schröder, como uno de los máximos ex dirigentes políticos de Alemania, haya apelado a Putin para que modere su política agresiva y de confrontación contra Occidente y tome medidas en apoyo a la liberación de los siete observadores militares de la Organización de Seguridad y Cooperación Europea, de la cual también Rusia es miembro. (La liberación de estos siete observadores el pasado viernes 2 de mayo, podría interpretarse como una señal de voluntad de Putín).

La revista semanal  “Der Spiegel” cita una frase del Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, que resume la inquietante situación actual en torno a Ucrania:

“Nadie habría podido predecir cuán rápido hemos caído en la crisis más peligrosa después del fin de la Guerra Fría”.

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