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Crisis y divorcios fragmentan a familias cubanas

Las mujeres cubanas que crían solas a sus hijos, se ven obligadas a trabajar para sostener a sus familias; y el diario bregar entre las obligaciones del hogar y el trabajo para ganar el dinero que necesitan, las coloca en una difícil situación.


Caso Cuba


Inmersas en una sociedad que atraviesa por uno de sus peores momentos económicos, los retos son aún mayores, por lo que consideramos útil conversar con algunas de estas mujeres, residentes en el municipio capitalino San Miguel del Padrón, cuyo denominador común, en este caso, es que se ganan la vida negociando ilegalmente instrumentos y otros útiles para el hogar.

“Para mantener a mi hijo de 7 años, que está en segundo grado de escolaridad, vivo de montar escobas y cepillos. Pero ahora mi situación ha empeorado, pues quedé embarazada nuevamente y mi esposo me ha abandonado”, expresó Yuniesky Gainza, de 39 años de edad, que en su anterior empleo con el Estado cobraba 200 pesos mensuales. “Sólo mi vecina me ayuda un poco; en ocasiones me da de comer a mí y mi hijo”, aclaró.

Otro de estos casos es el de Genoveva Guzmán, de 43 años de edad, que se dedica al mismo negocio. “Me traslado a la provincia Pinar del Río para vender mi mercancía, pues hay mucha competencia aquí en La Habana. Camino alrededor de 20 o 25 kilómetros diarios para vender estos artículos”.

Guzmán tiene un hijo de ocho años que es cuidado gracias a la caridad de una vecina, mientras ella sale a vender, ya que es divorciada y no tiene dinero para pagar a una cuidadora.

El divorcio o las peleas domésticas no son la única causa de la fragmentación de los núcleos familiares. La cárcel, en comunidades marginales, es también un factor que influye frecuentemente.

“Mi esposo cumple prisión, por lo que yo tengo que esforzarme el doble para mantener a mi hijo y llevarle cada mes una jaba con alimentos”, confesó Lucy Gómez, de 43 años de edad, que también comercializa productos del hogar en Pinar del Río.

El costo de dicha “jaba”, entre el aseo personal, algunas galletas y refrescos, asciende aproximadamente a 20 CUC.

Estos núcleos familiares deformados tienen en ocasiones otros miembros que, por su avanzada edad o enfermedades que padecen, resultan una causa de preocupación adicional para las mujeres que sostienen la familia.

Maritza Fabelo, divorciada de 52 años de edad, dijo que tiene que vender artículos artesanales en “La Cuevita”, para ganar un dólar diario y poder mantener a su madre, Antonia Terrero, de 88 años.

“No cuento con otro familiar que me pueda ayudar económicamente. Además, soy una mujer sola que lleva todo el peso del hogar –explicó Fabelo–, con lo que gano sólo podemos comer plato fuerte dos veces a la semana”.

La pobreza, la enfermedad y la violencia se hacen presentes en estos escenarios, de manera que cada uno de los factores contribuye a que los otros se acentúen, convirtiendo las vidas de estas mujeres en un infierno.

Yaimet Adames, joven de 22 años de edad, vive de ensamblar escobas y cepillos para lograr su sustento, aun padeciendo de Displasia mamaria, pues es lo único que sabe hacer.

Adames explicó que una vecina le enseñó a montar escobas y así comenzó a comprarse su propia ropa y alimentos, además de las vitaminas E, que compra en divisa debido a que no ha encontrado este medicamento en las farmacias.

En Cuba existe una organización “no gubernamental”, fundada el 23 de agosto de 1960, que agrupa a todas las féminas. Su nombre es la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y se dedica al pleno ejercicio de la igualdad de sus miembros en el contexto social. Sin embargo, su largo brazo no apoya a las mujeres mencionadas.

Muchas mujeres escriben cartas solicitando ayuda a organismos como el de la Seguridad Social (órgano que cubre problemáticas sociales, como salud, pobreza, incapacidad, vejez, etc.), pero no siempre reciben apoyo.

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