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Más que «tolerancia», Albania vive «fraternidad» interreligiosa

El pueblo albanés no es solamente “tolerante”, sino “hermano”, pues tiene la capacidad de fraternidad, la cual se nota en la convivencia y colaboración entre islámicos, ortodoxos y católicos, destacó el Papa Francisco, luego de su viaje apostólico realizado a Albania este domingo.


Visitia oficial del Papa Francisco


A pregunta expresa de periodistas albaneses, en el vuelo de regreso a Roma, el Papa Francisco destacó, además, el testimonio de fe que dieron no sólo los católicos, sino también los musulmanes y ortodoxos, durante el régimen comunista (1946-1990), “un periodo cruel” que sufrieron los albaneses. “Los tres componentes religiosos dieron testimonio de Dios y ahora dan testimonio de la fraternidad'', enfatizó.

Un poco para explicar cómo el país construyó un camino de paz, de convivencia y de cooperación, el Papa Francisco subrayó que Albania “es un país de mayoría musulmana en sí, pero no es un país musulmán, es un país europeo. Albania es un país de Europa, por su cultura, la cultura de la convivencia, también por la cultura histórica que ha tenido''.

Destaca dos actitudes de y para la libertad religiosa

En la que puede considerarse una de las actividades centrales de su viaje apostólico a Albania, el Papa Francisco se reunió en la Universidad Católica Nuestra Señora del Buen Consejo, en Tirana, con representantes de las 5 mayores comunidades religiosas de Albania (musulmana sunita, musulmana bektashi, católica, ortodoxa y evangélica), ante quienes recordó los sufrimientos vividos por los albaneses durante el régimen comunista y que la religión auténtica es fuente de paz y no de violencia.

Aquí, el Papa Francisco expuso las dos actitudes que, a su juicio, deben caracterizar al ser humano y que son muy útiles en la promoción de la libertad religiosa:

• «La primera es ver en cada hombre y mujer, también en los que no pertenecen a nuestra tradición religiosa, no a rivales, y menos aún a enemigos, sino a hermanos y hermanas. Quien está seguro de sus convicciones no tiene necesidad de imponerse, de forzar al otro: sabe que la verdad tiene su propia fuerza de irradiación. En el fondo, todos somos peregrinos en esta tierra; y en este viaje, aspirando a la verdad y a la eternidad, no vivimos, ni individualmente ni como grupos nacionales, culturales o religiosos, como entidades autónomas y autosuficientes, sino que dependemos unos de otros, estamos confiados los unos a los cuidados de los otros. Toda tradición religiosa, desde dentro, debería lograr dar razón de la existencia del otro».

• «La segunda actitud es el compromiso en favor del bien común. Siempre que de la adhesión a una tradición religiosa nace un servicio más convencido, más generoso, más desinteresado a toda la sociedad, se produce un auténtico ejercicio y un desarrollo de la libertad religiosa, que aparece así no sólo como un espacio de autonomía legítimamente reivindicado, sino como una potencialidad que enriquece a la familia humana con su ejercicio progresivo. Cuanto más se pone uno al servicio de los demás, más libre es».

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