Últimas noticias:

Francisco en Albania

Se ha hecho clásica la expresión de Francisco de “ir a las periferias existenciales”; quizá parte del impacto de la expresión se deba a que él va por delante. Por ello nos sorprende su agenda con frecuencia. Este domingo 21, por ejemplo, realiza su quinta visita pastoral, y el lugar elegido es Albania, un país con sólo 3 millones de habitantes, la mayoría de ellos islámicos, y donde los católicos son sólo una minoría.


Otra visita del Papa del encuentro


La pregunta entonces es, ¿por qué va allí? Francisco mismo responde: “Por dos motivos importantes. Primero, porque lograron hacer un gobierno (¡recordemos los Balcanes!), un gobierno de unidad nacional entre islámicos, ortodoxos y católicos, con un consejo interreligioso que ayuda mucho y que es equilibrado. Y esto va bien, es armónico. La presencia del Papa es para decir a todos los pueblos: ‘¡Se puede trabajar juntos!’… Y el segundo motivo: si pensamos en la historia de Albania, fue religiosamente el único de los países comunistas que en su Constitución tenía el ateísmo práctico. Si tú ibas a misa, era anticonstitucional. Y luego, me decía uno de los ministros, que fueron destruidas (quiero ser preciso con la cifra) 1,820 iglesias. ¡Destruidas! Ortodoxas, católicas, en esa época. Y luego, otras Iglesias fueron transformadas en cines, teatros, salas de baile… Yo sentí que tenía que ir: está cerca, se puede en un día”.

Francisco va a confortar a una Iglesia sufrida, y a motivar un modelo de convivencia interreligioso fructífero, que hoy más que nunca adquiere una candente actualidad. Es imperioso fomentar estas formas pacíficas de diálogo, entendimiento y convivencia dentro de la sociedad, y Francisco quiere poner el acento en ello; por eso, entre las reuniones previstas, un lugar importante lo tendrá el encuentro interreligioso y ecuménico.

Albania fue quizá el país que soportó el más férreo comunismo. Aliado con China, persiguió implacablemente a la religión; por ello, apenas caído el sistema ateo, fue visitada por San Juan Pablo II. Pero también Albania, en su pequeñez, ha aportado a la Iglesia Católica uno de sus más grandes tesoros: la beata Teresa de Calcuta, que tanto ha hecho por los que más sufren en el mundo entero.

Además, y es poco conocido, ha ofrecido en el siglo XX el valeroso testimonio de multitud de mártires y de confesores. Quizá el de estos últimos es más dramático, porque sin perder la vida como los mártires, su vida misma se transforma en un martirio. Es el caso, por ejemplo, del jesuita albanés Anton Luli, hecho prisionero por los comunistas en 1947, cuando acababa de ser ordenado sacerdote, siendo liberado 42 años después, en 1989, a los 80 años de edad.

Luli sufrió en la prisión torturas y trabajos forzados. Dejemos que sea él quien brevísimamente los narre:

“Mi primera prisión, en aquel gélido mes de diciembre, fue un cuarto de baño. La cárcel era un baño lleno de excrementos. Allí permanecí nueve meses. Me tenía que acurrucar sobre excrementos endurecidos y sin poder enderezarme completamente por la estrechez del lugar. La noche de Navidad de ese año -¿cómo podría olvidarla?- me sacaron de ese lugar y me obligaron a desvestirme y me colgaron con una cuerda que me pasaba bajo las axilas. Estaba desnudo y apenas podía tocar el suelo con la punta de los pies. Sentía que mi cuerpo desfallecía lenta e inexorablemente. El frío me subía poco a poco por el cuerpo y, cuando llegó al pecho y estaba para parárseme el corazón, lancé un grito de agonía. Acudieron mis verdugos, me bajaron y me llenaron de puntapiés. Esa noche, en ese lugar y en la soledad de ese primer suplicio, viví el sentido verdadero de la Encarnación y de la Cruz… Con mucha frecuencia me torturaban con la corriente eléctrica: me metían dos alambres en los oídos... Durante un tiempo me amarraban las manos y los pies con alambres, y me echaban al suelo en un lugar oscuro, lleno de grandes ratas que me pasaban por encima sin que yo pudiera evitarlo”.

Y así 42 años de su sacerdocio.

Anton Luli pudo celebrar con San Juan Pablo II sus bodas de oro sacerdotales en 1996, falleciendo en Roma dos años después. No fue mártir, fue confesor, pero su vida fue un martirio continuado; se entiende que Francisco desee honrar la memoria de tan insignes testigos de nuestra fe.

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com


 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar