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El Papa en Corea: El testimonio de los mártires

1) Para saber

El Papa Francisco hizo estos días un viaje a Corea y exhortó a acoger en el corazón la luz de Cristo y reflejarla “en una vida llena de fe, esperanza y amor, llena de la alegría del Evangelio”. Todos estamos llamados a ser portadores de esa esperanza.


Corea un milagro en la Iglesia Católica


Recordó las palabas de la Biblia: "¡Levántate, resplandece!", e invitó a recibir la luz de Cristo para reflejarla, llena de alegría. Hoy en día es preciso escuchar ese llamado para levantarnos y resplandecer con la luz de Cristo.

Con su testimonio, los mártires coreanos Paul Yun Ji-chung y sus 123 compañeros, beatificados el 16 de agosto por el Papa Francisco, resplandecen con la luz de Cristo resucitado.

2) Para pensar

Paul Yun Ji-chung nació en el año 1759 en el seno de una noble familia. Era inteligente, estudioso y digno de confianza. Conoció la fe católica y luego de estudiar la doctrina católica por tres años fue bautizado.

A su vez, Paul Yun le enseñó el catecismo a su madre, a su hermano Francis Yun y a su primo James Kwon Sang-yeon, introduciéndolos así a la Iglesia Católica.

Paul Yun y su primo James Kwon renunciaron a sus ritos ancestrales y quemaron la tableta ancestral. Cuando su madre murió, se realizó la ceremonia fúnebre según el rito católico en vez del rito confuciano, lo cual enojó a la corte real y se ordenó el arresto de los primos, quienes se ocultaron. Pero el magistrado ordenó arrestar al tío de Paul Yun, y al enterarse, dejaron sus escondites, y se entregaron.

Trataron de persuadirlos de renunciar a su fe y que delataran a otros católicos. Contestaron que eso jamás lo harían, y enfáticamente afirmaron que sólo la doctrina católica era la verdadera. Paul Yun refutó y mostró la irracionalidad de los ritos ancestrales confucianos, explicando la doctrina de la Iglesia Católica. Esto enfureció al gobernador y, ante el consejo de sus ministros, el rey ordenó su ejecución.

Fueron decapitados por odio a la fe mientras oraban a Jesús y María. Paul Yun tenía 32 años.

Corea es uno de los países que más han padecido crueles persecuciones contra la fe católica. Más de diez mil mártires murieron en las persecuciones, dando una idea del enorme sacrificio de los primeros católicos coreanos. La gran mayoría de los mártires eran laicos: hombres y mujeres, casados y solteros, jóvenes y viejos. Los coreanos conversos al catolicismo eran conocidos por la firmeza y sinceridad. Corea ocupa el cuarto lugar en número de santos canonizados en el mundo católico.

3) Para vivir

Decía San Juan Pablo II que la muerte de estos mártires no fue en vano, sino que se convirtió en la levadura de la Iglesia y ha dado lugar al actual espléndido florecimiento de la Iglesia en Corea y al sostenimiento de los cristianos que padecen en Corea del Norte.

Hemos de saber vivir dando testimonio de nuestra fe cristiana a través de nuestras obras y mostrar nuestra fe y nuestro amor a Jesús.

Paul Yun, antes de morir, en su última carta, exhortaba a ser fieles: “… Doy fin a esta carta. Desde ahora estamos cerca de la lucha, les ruego que andéis en la fe, de modo que cuando hayan entrado finalmente en el Cielo, podamos saludarnos unos a otros. Les dejo mi beso de amor”.

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