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Refugiados sudaneses sufren violencia en campamentos

“En los estados de Unidad y Alto Nilo perdura la agonía. Hemos experimentado la guerra en el pasado, pero la crueldad que vivimos hoy es incomparable. Es como vivir en una pesadilla”, cuentan algunos refugiados del sur de Sudán -que por motivos de seguridad prefieren permanecer en el anonimato– a Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), durante la reciente visita de una delegación de la fundación pontificia al estado más joven del mundo.


Panorama mundial


A cuatro años de la independencia obtenida el 9 de julio de 2011, Sudán del Sur padece un terrible conflicto étnico que enfrenta entre sí a las fuerzas del presidente Kiir (etnia Dinka) y las fieles al ex vicepresidente Machar (etnia Nuer).

El enfrentamiento (que se posterga desde diciembre de 2013) obligó a más de 2 millones de ciudadanos a abandonar sus casas. Según la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU, de hecho, son más de 850,000 los refugiados sudaneses al sur de Etiopía, Uganda, Sudán y Kenia, y al menos un millón y medio de desplazados internos.

Para los 20,000 civiles acogidos en la base de la Misión de la ONU en Sudán del Sur (UNMISS) de Malakal, la llegada a los campamentos no significa el final de una pesadilla. “Muchas mujeres refugiadas que se habían alejado a buscar comida para sus hijos, fueron violadas y golpeadas, y algunas de ellas nunca regresaron. Es como estar prisioneros en el propio país: el único lugar en el mundo donde uno debería sentirse seguro”.

Incluso dentro de los campamentos de refugiados la violencia está a la orden del día y hace poco, dentro de la misión de Malakal, un hombre fue asesinado durante un tiroteo. “Unos hombres armados se apostaron en los árboles y abrieron fuego, tratando de disparar una zona del campo donde había muchos refugiados de etnia shilluk”.

No es mucho mejor la suerte de unos 90,000 refugiados sudaneses del sur refugiados en Sudán. El gobierno de Omar al-Bashir no permite el acceso de las Naciones Unidas a los campos de refugiados, dentro de los cuales no está garantizada la seguridad. El número de casos de violaciones, robos y ataques contra los refugiados es muy elevado y no tienen ninguna autoridad a la que pedir justicia.

Otra dificultad es la falta de registro de los refugiados. “Sudán no les reconoce esa condición –dicen fuentes locales a AIN- porque al no haber aceptado nunca la secesión de Sudán del Sur, siguen considerándolos como ciudadanos que han regresado a casa. Obviamente sin darles los derechos de que disfrutan todos los sudaneses”. La ausencia de un registro regular de los refugiados obliga a los sudaneses del sur a trabajar de manera ilegal por un salario ínfimo, mientras que la condición de refugiado garantizaría su protección jurídica y la posibilidad de obtener un permiso de trabajo.

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