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Guadalupe salvó a México

Durante más de una hora y media peleó codo a codo contra tres marchistas chinas, nunca dejó de estar en el grupo puntero durante toda la carrera y estuvo a dos segundos de ganar el oro, en la prueba de los 20 kilómetros de marcha femenil en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, su nombre María Guadalupe González Romero.



 

La historia de esta mexicana puede resumirse en trabajo, constancia y lucha.

Nacida el 9 de enero de 1989 en la Ciudad de México, es Teniente de Corbeta de la Marina Armada de México, Ingeniera en Sistemas Computacionales por el Instituto Tecnológico de Tlalnepantla y actualmente estudiante de la carrera de Administración Informática en la Universidad Autónoma del Estado de México.

Reside en el municipio de Tlalnepantla; de familia sencilla, sus padres Doña Justina y Don Enrique son gente trabajadora que en diversas declaraciones han reconocido que en un principio no querían que se dedicara al deporte por miedo a las lesiones.

Durante la carrera del pasado viernes 12 de agosto, Doña Justina rezó durante la carrera, es católica practicante y dice que en misa pide mucho por su hija. “Ha sufrido mucho, se merece una medalla”, son sus palabras que después se suman a una combinación de lágrimas de alegría y sufrimiento.

En un principio, Lupita deseó ser boxeadora, pero debido a su ligero peso, pasó al Atletismo practicando las carreras de velocidad, en especial la de 400 metros. Su inspiración es la también medallista y ahora senadora de la República, Ana Gabriela Guevara.

Debido a una lesión en la rodilla, estuvo a punto de dejar el deporte, pero se le sugirió que como terapia practicara la caminata, deporte que le ha dado a México varias medallas olímpicas. En un principio no le gustó, pues ella misma ha declarado que le aburría y no le gustaba “andar meneando la cadera”.

Lupita y sus triunfos

Su entrenador es Juan Hernández, un hombre sencillo y de edad avanzada que al igual que Lupita ha sacrificado su vida por el deporte, sólo que en su caso lo hace por sus pupilos. “Sólo me falta una medalla olímpica para mi currículum”.

Se sabe que en el inicio de la carrera de la marchista, él le pagaba los viajes y los gastos para que no abandonara su carrera deportiva. Por falta de apoyo de la Conade, no la acompañó a los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, y prefirió que Gerardo Muñoz, su auxiliar, estuviera en ese momento representándolo.

“A mí me escogió esta disciplina, no yo a ella”, son las palabras de esta deportista que apenas tuvo su primera prueba en 2013, cuando en Boca del Río, Veracruz, dentro de los Juegos Centroamericanos y del Caribe registrara en la prueba de 20 kilómetros, 1 hora, 37 minutos y 2 segundos.

En los Juegos Panamericanos de Toronto 2015, ganó el oro y rompió récord continental al registrar 1 hora, 29 minutos y 24 segundos. La imagen de su desmayo después de cruzar la meta dio la vuelta a todo el mundo.

Para la Copa Mundial de la especialidad en Roma 2016, llegó en segundo lugar, obteniendo 1 hora, 26 minutos y 17 segundos en 20 kilómetros, volviendo a romper el récord continental, perdiendo contra la china Hong Liu, quien ahora en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro le volvió a ganar, sólo que Liu, al dar positivo en el dopaje de la competencia en Roma, perdió su campeonato y fue sancionada un mes por la Federación Internacional de Atletismo (IAAF).

Ahora, la plusmarquista mexicana obtuvo en estos Juegos Olímpicos el registro de 1 hora, 28 minutos y 37 segundos, dos segundos menos que la china Hong Liu.

Lo más aleccionador de esta atleta fueron sus palabras después de obtener la medalla de plata ante los medios acreditados. Ante la tradicional pregunta de qué se necesita para obtener la medalla, su respuesta es clara y motivadora:

“Trabajando muy duro con mi entrenador, con toda la gente que me acompaña todos los días, con disciplina y trabajo; no hay de otra”.

Después vienen esas palabras que dan una gran lección:

“Al final se me fue, no pude, les debí un poco en el final; pero di todo, no me quede nada. Ánimo, México también puede, y trabajando se logran las cosas. Con mucho o poco que yo haya tenido, ahí está el resultado”.

Al convertirse en la segunda medallista mexicana en estos Juegos Olímpicos, ante las críticas generalizadas contra los directivos mexicanos por los malos resultados de los primeros 13 días, ante el desánimo protagonizado por el tradicional “ya merito” e incluso ante la baja popularidad del presidente de México, Lupita, con su vocabulario sencillo, da el siguiente mensaje:

“Realmente México también puede en situaciones extremas para nosotros que sentimos que no podemos; no nos demos por vencidos, hay que seguir trabajando”.

 

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