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Obispo checo recuerda a JPII y llama a la Misericordia

A propósito de la Festividad de San Juan Pablo II celebrada ayer, el Obispo checo Jan Vokal abrió esta mañana la congregación general del Sínodo de los Obispos sobre la Familia con una breve meditación recordando el tema de la Misericordia y de dónde surge esta devoción y esta profecía en la Iglesia.


Sínodo de la Familia


Juan Pablo II, como se sabe, es el Papa que emitió la Carta Encíclica Dives in Misericordia, sobre la Misericordia de Dios, dada a conocer el 30 de noviembre de 1980; y Polonia es el país en el que se originó la Devoción a la Divina Misericordia, de donde se propagó al mundo entero a partir de 1930, la cual recuerda que Dios es misericordioso y perdona, por lo que las personas también deben ser misericordiosas y perdonar.

“Cada cierto tiempo necesitamos detenernos, subir los ojos al cielo y recordar que no somos nosotros los dueños del mundo y de la vida. Necesitamos contemplar el cielo, las montañas, el mar; oír la fuerza del viento, la voz de las grandes aguas... Como solía hacer San Juan Pablo II, a quien recordamos precisamente ayer”, reflexionó Monseñor Vokal.

El prelado polaco advirtió que el vivir en medio de las cosas artificiales creadas por el ser humano, “poco a poco cambia nuestra percepción de la realidad y de nosotros mismos”; y, “sin darnos cuenta, nos olvidamos de dónde estamos y de quiénes somos, perdemos el sentido de nuestra verdadera dimensión”.

En esta parte de la meditación, Monseñor Vokal contrastó esa especie de dicotomía del ser humano: su pequeñez y, a la vez, su grandeza.

Efectivamente, el ser humano es como una brizna de hierba –cita al profeta Amós–; somos “casi nada”, pero “nuestro corazón es capaz de lo infinito”.

Es decir, “entre todas las criaturas creadas por Dios, nosotros, los seres humanos, somos los únicos en reconocer y a veces oír, la omnipotencia de Dios, y ver su incomprensible grandeza en todo, en su amor que se presenta, blando, compasivo, como el de una madre para sus hijos pequeños y frágiles”, subrayó el Obispo polaco.

Monseñor Vokal concluyó su meditación con un llamado a la Misericordia y rogó por la intercesión de San Juan Pablo II para que “siempre seamos más misericordiosos, como lo es nuestro Padre celestial”.

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