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Testimonio propone infundir el sentido del nosotros en la Iglesia

Testimonio de la Reverenda Maureen Kelleher, religiosa del Sagrado Corazón de María

Santo Padre, hermanos y hermanas:



En el párrafo 72 del Instrumentum Laboris, leemos: "La Iglesia debe infundir en las familias un sentido de ‘nosotros’, en los que ningún miembro es olvidado. Todos deberían ser alentados a desarrollar sus habilidades y lograr su plan personal de vida al servicio del Reino de Dios”.

Estoy agradecida por las encíclicas sociales de la Iglesia y su defensa de la paz, la justicia y en particular de los migrantes y su opción por los pobres. Estoy agradecida por mi educación católica, por las monjas que me enseñaron y me formaron: Franciscanos, Ursulinas, Hermanas del Sagrado Corazón de María.

Ellas me retaron a dar mi vida al servicio de la edificación del Reino de Dios. Como una Hermana del Sagrado Corazón de María desde el año 1960, he ejercido estos últimos 31 años como abogada que trabaja para la justicia y por las necesidades de los migrantes en las zonas rurales del sur de la Florida, Estados Unidos.

Hago un llamamiento a la Iglesia, mi familia, a vivir a la altura del desafío para infundir en nuestra familia, la Iglesia, un sentido de “nosotros”, a fin de alentar a cada persona –varón o mujer– pueda desarrollar sus habilidades para servir al Reino de Dios.

Les pido a nuestros líderes de la Iglesia reconocer cómo muchas mujeres que se sienten llamadas a estar al servicio del Reino de Dios no encuentran un lugar en nuestra Iglesia.

Aunque algunas mujeres pueden ser superdotadas y con mucho que aportar, no pueden tomar decisiones ni tener responsabilidades en la planificación pastoral y se tienen que ir a otro lado para estar al servicio de la edificación del Reino de Dios.

En 1974, en el Sínodo sobre la Evangelización, una de nuestras hermanas, Sor Margarita María, fue una de las dos monjas nombradas por la Unión de Superiores Generales.

Hoy, 40 años más tarde, somos sólo tres.

Me encanta practicar el derecho y ser abogada de inmigrantes, pero me encuentro con que muchos de mis clientes sufren de violencia doméstica. Hago un llamamiento a nuestra Iglesia para hacer una buena preparación de los sacerdotes, para que puedan acompañar a estas familias y que no les digan a estas mujeres que regresen a esas casas donde son maltratadas.

Debemos mirar la realidad y tomarla en nuestra presencia pastoral, para que todos podamos en realidad ser y comportarnos como “nosotros".

@yoinfluyo

sinodo@yoinfluyo.com


 

 

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