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En la mujer está la solución a la familia, testimonia profesora

Testimonio de la profesora Lucetta Scaraffia; Universidad de Sapienza, Italia

Su Santidad, Padres Sinodales, hermanas y hermanos:


Sinodo de la Familia


Hay mucha esperanza –no sólo entre los católicos– en los resultados de este Sínodo.

La crisis de la familia se manifiesta en todo el mundo, si bien con modalidades diferentes, y arrastra consigo a toda la sociedad, que no sabe dónde dirigir sus energías. En efecto, si bien un retorno al pasado es imposible, no está claro cuál puede ser el futuro para esta institución fundamental.

La Iglesia ha contribuido de manera determinante a definir y regular la familia; la Iglesia se encuentra en una condición privilegiada para proponer modelos de familia nuevos y adaptados a nuestros tiempos, fieles a la vocación cristiana. Para hacerlo, sin embargo, necesita escuchar la realidad y a los integrantes de las familias, es decir, los hombres y las mujeres, hombres y mujeres verdaderos, pero especialmente mujeres que han vivido y reflexionado sobre el gran cambio del papel femenino durante el último siglo, lo cual es una de las razones fundamentales de la crisis que hoy está viviendo la familia.

La Iglesia necesita escuchar a las mujeres, escuchar a quienes piensan haber perdido en la familia a pesar de haber logrado un gran cambio, escuchar qué tipo de familia querrían vivir hoy. Porque sólo en la escucha mutua se puede alcanzar un verdadero discernimiento.

Las mujeres somos las grandes expertas de la familia: Si analizamos las teorías abstractas, nosotros podemos entender qué hay que hacer, cómo se pueden poner las bases para una nueva familia abierta al respeto de todos sus miembros, y que no se base en la explotación de la capacidad de sacrificio de la mujer, sino que garantice a todos una atención y complemento afectivo verdaderamente solidario.

En el texto de la Instrumentum Laboris se habla muy poco de nosotros, como si las madres, las hijas, las abuelas, las esposas, es decir, el corazón de las familias, no formáramos parte de la Iglesia, de esa Iglesia que comprende el mundo, que piensa y que decide. Como si se pudiera seguir fingiendo, incluso en el entorno familiar, que la mujer no existe; como si se pudiera olvidar la nueva y revolucionaria mirada que Jesús ha tenido con respecto a las mujeres.

Hay muchas diferencias en las familias del mundo, pero en todas esas familias son las mujeres quienes desempeñan el papel más importante y decisivo para garantizar su solidez y duración.

Y cuando se habla de familias no se debería hablar siempre y sólo de matrimonio: está creciendo el número de familias compuestas por una madre sola y por sus hijos. Son las mujeres, en efecto, quienes permanecen siempre junto a los hijos, incluso si están enfermos, si son personas con discapacidad, si son fruto de la violencia.

Estas mujeres, estas madres, casi nunca han estudiado cursos de teología, a menudo ni siquiera están casadas, pero dan un ejemplo admirable de comportamiento cristiano.

Si ustedes, Padres Sinodales, no dirigen su atención hacia ellas, si no las escuchan, corren el riesgo de hacerlas sentir aún más ensombrecidas y opacadas, porque sus familias son diferentes del modelo ideal de familia que aquí se ha planteado.

Ustedes, en efecto, han hablado demasiado de la familia en forma abstracta, hablan de una familia perfecta que no existe, una familia que no tiene nada que ver con las familias verdaderas que Jesús encuentra o con las que habla. Una familia tan perfecta que parece casi no necesitar de su misericordia ni de su palabra:

"No he venido para los sanos, sino para los enfermos; no para los justos, sino para los pecadores".

@yoinfluyo

sinodo@yoinfluyo.com


 

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