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Testimonian en el Sínodo preocupación por matrimonios mixtos

Testimonio del Reverendo Garas Boulos GARAS BISHAY, Sacerdote de la Parroquia de María Virgen Reina de la Paz, en Sharm el Sheij (Egipto).


Sínodo de la Familia


Quisiera dar las gracias, en primer lugar, a Dios por la participación en este "acontecimiento de gracia”, como lo calificó el Santo Padre en su homilía de apertura del Sínodo.

Partiendo de mi experiencia pastoral como sacerdote en la iglesia de Santa Maria de la Paz, en Sharm el Sheikh, Egipto, quisiera compartir una profunda preocupación e inquietud relativa al fenómeno socio-cultural muy difundido en las zonas turísticas, como la de Sharm el Sheikh, es decir: los matrimonios mixtos entre niñas y mujeres cristianas, procedentes de Rusia y Europa, con niños y hombres musulmanes (la sharia islámica permite sólo a los hombres musulmanes casarse con mujeres de otras religiones y nunca viceversa).

Sin duda, este fenómeno, con el desplazamiento demográfico de masa y con el creciente número de refugiados que están entrando y se están estableciendo en Europa, no sólo afecta a los países de mayoría islámica o de las zonas turísticas, también afecta inevitablemente a Occidente; y por eso merece ser estudiado y abordado seriamente.

Se trata de familias de religiones mixtas y de doble pertenencia cultural y religiosa. En esta sede quisiera citar un excelente documento de la Conferencia Episcopal italiana de 1990 que aconseja sabiamente sobre los matrimonios mixtos, sobre todo respecto a los matrimonios con los musulmanes, por la real y evidente presencia de "profundas diferencias”.

No hay que olvidar que el derecho islámico permite la poligamia y el Corán obliga a los padres a dar una educación islámica a sus hijos. Hay, en definitiva, “una antropología cultural y religiosa profundamente diferente" y que puede fácilmente suscitar graves crisis en la pareja, hasta llevarla a fracturas irreparables y a consecuencias que lastiman seriamente a los hijos.

En realidad, me pregunto a menudo con estupefacción y tristeza cómo "la parte cristiana”, la mujer, renuncia tan fácilmente a su cultura, a su fe y a su identidad, participando, sin saberlo, y con una monstruosa superficialidad, a la realización del plan islámico de «invasión demográfica” y cultural.

Lo que hay que plantearnos es: ¿Qué puede hacer la Iglesia para ayudar a estas familias y estas mujeres a menudo engañadas y maniatadas? y ¿cómo  ayudar a los hijos a menudo desorientados?

A la paterna mirada de su Santidad y de los de los padres Sinodales dejo esta causa.

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sinodo@yoinfluyo.com


 

 

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