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Jesús acrecienta su matrimonio, dice pareja de Colombia

Al participar en el Sínodo de la Familia, el matrimonio formado por María Angélica y Luis (de Colombia), destacó la experiencia que para ellos ha representado acercarse a la eucaristía y la confesión, ya que ello les ha permitido tener cerca a Jesús para poder acrecentar su amor, obtener la luz para educar y corregir a sus hijos, y la fortaleza para asumir las dificultades. Aquí el texto íntegro de su intervención:


Sínodo; matrimonio Colombia, testimonio


Gracias Su Santidad por la invitación al Sínodo.

Somos María Angélica y Luis, casados hace 23 años. Tenemos dos hijos adolescentes, provenimos de familias formadas en la fe y con bases Cristianas sólidas. Nos conocimos en el Movimiento de los Focolares, del cual formamos parte. Trabajábamos con el grupo de jóvenes, en un barrio marginal de Bogotá, donde se jugaba con los niños, se enseñaba a leer a adultos y se prestaba servicio médico y odontológico.

Nos casamos y la gracia del sacramento se ha manifestado. Nuestros temperamentos son bastante distintos, yo más calmado, María Angélica más acelerada. Sabíamos que el amor humano se acaba fácilmente, los años pasan y el encanto inicial va disminuyendo, por eso era importante fortalecernos con el amor de Dios que nos enseñaba como amar en las pequeñas cosas de cada día. Por ejemplo, no esperando siempre ser atendido, sino ayudando a lavar los platos o escuchando con atención cuando ella me quiere hablar. O también María Angélica viendo conmigo la carrera de Fórmula 1 que tanto me gusta o esperando con calma que yo me arregle para salir a alguna reunión.

Experimentamos que acercándonos a la Eucaristía y a la confesión y estando en esta disposición de amarnos el uno al otro, Jesús está presente en medio nuestro y así tenemos la luz para educar y corregir a nuestros hijos o la fortaleza para asumir las dificultades.

Hace poco tuvimos una discusión fuerte y la unidad se rompió. Nos acostamos sin pedirnos perdón. Al día siguiente yo sentía que no podía comulgar así. Era un gran dolor. Llamé a Lucho y le pedí perdón por haberle contestado mal. Fue la posibilidad de un diálogo profundo entre nosotros, nos reconciliamos y les contamos a nuestros hijos el paso dado, pues ellos se habían dado cuenta de lo ocurrido. Fuimos a la misa y comulgamos juntos. La alegría era muy grande. Ciertamente somos frágiles, pero por eso queremos esforzarnos en recomenzar en el amor cada vez que nos equivocamos.

Recientemente, organizamos junto con los obispos y sacerdotes de algunas ciudades, también otras familias y jóvenes, la visita a algunas comunidades pobres, compartiendo nuestras experiencias y ofreciendo formación en familia. Algunas parejas, nos han confiado que quieren acercarse al sacramento del matrimonio. Algunos de nosotros asumen el cuidado de parejas de novios, dialogando, cenando juntos, compartiendo testimonios de una vida que en medio de las dificultades y alegrías conduce a la santidad en el matrimonio, porque Dios a esto nos llama.

Vemos día tras día que debido a esta cercanía, estos jóvenes toman con valentía la decisión de elegir a Dios como centro de la propia vida, de vivir contracorriente aspectos como la castidad en la relación de pareja, de vivir por los demás , dedicando tiempo y energías.

Experimentamos fuertemente que como es la familia, así será la sociedad. Sabemos que como familias estamos llamados a algo grande, pedimos cada día a la Sagrada Familia la gracia de permanecer fieles al amor para ser constructores de esta sociedad más humana y también más divina y que con el aporte de todos nosotros, la humanidad se vaya transformando realmente en una familia.

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