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Testimonia Matrimonio polaco en el Sínodo unión de 48 años

Intervención de la Familia Witczak, de Estados Unidos. Catherine Wally Witczak. Anthony Paul Witczak. Responsables del Encuentro Matrimonial Mundial

Su Santidad, miembros del clero, estimados invitados:

Somos Tony y Cathy Witczak, casados durante 48 años, padres de cuatro hijos y abuelos de 16. Somos una de las 6 mil 500 parejas actualmente presentes en todo el mundo los fines de semana de Encuentro Matrimonial en casi 100 países.


Sínodo de la familia


Desde el comienzo de nuestro viaje, supimos que era el plan de Dios para nosotros estar juntos. Nos conocimos mientras servíamos al Señor, y nos sentimos inmediatamente atraídos por la espiritualidad y la auto-confianza. Nos imaginamos criando hijos, creciendo una familia y sirviendo a Dios como un equipo. En los años después de nuestra boda fuimos bendecidos con tres hijas y un hijo.

Como muchas parejas, rápidamente nos encontramos muy ocupados con las demandas de cuidar y proveer a nuestra familia. Aunque asistíamos a Misa frecuentemente y hacíamos trabajo voluntariamente en nuestra parroquia, comenzamos a perder esa alegría inicial para el servicio.

Nuestra relación amorosa se estancó, pues cada uno tiraba en muchas direcciones diferentes. Los sueños que teníamos se convirtieron en un recuerdo lejano.

En 1979 nos invitaron a un Encuentro Matrimonial de fin de semana. Yo no creía que necesitábamos una renovación, pero ese fin de semana comenzamos a vernos mutuamente bajo una nueva luz. Aprendimos a dialogar de corazón a corazón e identificamos cosas que habíamos perdido. Descubrimos que Dios nos quería  íntimamente unidos para que pudiéramos ser un signo radiante de su amor en el mundo. Cuando renovamos nuestros votos, nuestra alegría se desbordó porque vimos el amor de Dios en los ojos del otro. Reconocimos la llamada a la santidad, la llamada a ser una pareja sacramental y a compartir nuestro amor con todos los que nos rodean.

Elegimos servir a nuestra Iglesia a través del Encuentro Matrimonial Mundial gracias a las tres parejas que trabajaban lado a lado con el sacerdote. Esa comunidad íntima nos ayudó a entender cómo apoyarnos mutuamente en nuestra misión común de construir la familia de Dios. El sacerdote desafía a la pareja a crecer espiritualmente; la pareja ofrece al sacerdote la oportunidad para crecer emocionalmente como parte de la familia. Juntos en Comunidad, ofrecen un maravilloso modelo de Iglesia que alienta la apertura a las vocaciones.

Algunos pensamientos finales:

Primero: la Iglesia debe ofrecer programas de calidad, especialmente a las parejas comprometidas y parejas casadas, o se corre el riesgo de ser ignorados y ser irrelevantes en el mundo de hoy.

Segundo: no debemos separar continuamente el esposo y la esposa para el ministerio en la parroquia, más bien hay que dejar que su sacramento brille por lo que hay que impulsar: el trabajar como un equipo.

Tercero: Si nuestra Iglesia está destinada a ser una familia de familias, entonces deberíamos alentar a nuestros seminaristas para ser sacerdotes que amen y se involucren con su pueblo, no sólo sacerdotes a cargo de una parroquia. Nuestra fe no sólo se basa en la relación con Dios, sino en lo que es aprendido y vivido en relación con los demás.@yoinfluyo

sinodo@yoinfluyo.com


 

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