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En todas las familias hay semillas de familia cristiana

Profesora María Marcela Mazzini, Docente de Teología de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina (Argentina)


Sínodo de la Familia


¿Cuál es la familia en la que todos queremos vivir? Una familia que nos quiera, que nos acepte tal cual somos y que nos ayude a crecer.

Es verdad que nuestras familias están heridas, a veces muy heridas. Una Iglesia que sea Hospital de Campaña, como nos dijo el Papa, una Iglesia Familia de Dios, como nos enseñaba el documento de Puebla(1), es esa familia grande que necesitamos no sólo para curar heridas, sino para seguir creciendo.

Nuestras familias están heridas; sin embargo, no hay ninguna familia que esté tan herida, que no albergue en sí semillas de familia cristiana. Así como san Justino nos hablaba de las semillas del Verbo presentes en el mundo(2), hay semillas de familia cristiana presentes en todas las familias.

En cualquier lugar en el que un padre o una madre están criando un niño, aun en medio de las dificultades, cuando los hermanos se acompañan en la vida, cuando los hijos cuidan a los mayores ancianos, cuando cualquiera se sacrifica por otro sintiéndolo hermano, allí está la familia cristiana en germen, aunque no sea una familia en su plena realización.

¨Donde hay caridad y amor, allí está Dios¨, reza el antiguo himno del Jueves Santo. El amor sana, salva, nos rescata sobre todo de nuestro egoísmo y del drama de estar encerrados en nosotros mismos. El amor es el rasgo más bello de una familia. Estoy convencida que hay gérmenes de salvación en todas las familias, aún en las más disfuncionales.

Las madres miramos a los hijos, en general, desde sus potencialidades, más que desde sus límites; somos las que vemos sus capacidades, y por ello somos las que más esperanza podemos depositar en esas personas que están creciendo.

Como Iglesia, familia de Dios, creo que tenemos que acompañar las semillas de familia cristiana que hay en todas partes, y tenemos que acompañar con esperanza. Ciertamente, no detenernos allí: las semillas hay que sembrarlas, cuidarlas y ayudarlas a crecer, para que sean lo que están destinadas a ser, para que florezcan y den fruto.

¿Cómo acompaña una buena familia? Con amor, con paciencia, con cuidado, partiendo de lo que se encuentra y favoreciendo la plenitud.

Así, nosotros como Iglesia familia de Dios, acompañamos a los hermanos desde el punto en el que se encuentran, mirándolos con esperanza, como miramos las madres.

Una Iglesia en salida misionera(3) se parece a esa madre que se sabe pobre, pero con inmensa confianza en la capacidad de crecer que tienen sus hijos; y en todo caso, que permanece con ellos incondicionalmente, como María Santísima al pie de la Cruz.

La Pastoral de irradiación, a la que nos invita Evangelii Gaudium(4), es una propuesta con poder de alentar y de inspirar a las personas. Tenemos que ser creativos y proponer estrategias pastorales para acompañar las heridas de la familia (desamor, droga, violencia, destierro), pero también para favorecer la belleza que reside en todo vínculo amoroso, llamado a ser caridad cristiana. Es el amor que salva al mundo, el que nos trajo Jesús.

No se trata de tener una mirada ingenua, sino esperanzada. Como nos dijo el Papa Francisco en el reciente encuentro con las familias en Cuba:

¨Las familias no son un problema, son principalmente una oportunidad. Una oportunidad que tenemos que cuidar, proteger, acompañar. Es una manera de decir que son una bendición. Cuando empiezas a vivir la familia como un problema, te estancas, no caminas, porque estás muy centrado en ti mismo(5).

Salgamos de nosotros mismos y miremos a las familias, el Señor nos mostrará en sus valores y en sus heridas los caminos a seguir.

NOTAS:

1 DP 240- 242.

2 San Justino, APOLOGÍA I, 44-46.

3 EG 20.

4 Cf. EG 86.

5 22 de septiembre de 2015.

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