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La teoría del complot en el Sínodo de la Familia

Esta semana el Sínodo de la Familia tuvo nuevamente sus “ocho columnas” con una nota “explosiva” que aparentemente vendría a confirmar la confrontación que se estaría dando al interior de las congregaciones entre los diferentes Padres Sinodales.


Sínodo de la Familia


El tema surgió por la revelación de una carta por parte de un medio italiano llamado Magister (el cual fue retomado por otros medios), que había sido firmada por algunos Padres Sinodales, entre los que se encontraban Norberto Rivera Carrera, George Pell, Carlo Caffarra, Thomas Collins, Daniel Di Nardo, Timothy Dolan, Willem Eijk, Gerhard Müller, Wilfrid Fox Napier, John Njue, Robert Sarah, Elio Sgreccia, Jorge Urosa Savino.

Dicha carta, dirigida de forma “personal y privada al Papa Francisco” (como lo señalaría el Cardenal George Pell, quien entregó personalmente la misiva), habría tenido como objetivo resaltar una serie de preocupaciones de orden metodológico referentes al Sínodo. Por ejemplo, que los relatores de los Círculos menores habrían sido nombrados unilateralmente y que las redacciones de éstos no se darían a conocer, así como sospechas sobre haber elegido a los redactores del documento final desde el Sínodo anterior y que no sería puesto a votación el documento final. En general, señalaban que la metodología no sería transparente.

Todas estas preocupaciones planteadas, previo al inicio del Sínodo y sin fundamentación, quedaron superadas conforme comenzaron a desarrollarse las sesiones. No sólo eso, la versión de la carta revelada por el diario italiano no tenía nada que ver con la que fue entregada personalmente al Papa. Adicionalmente, muchos de los supuestos firmantes declararon que ellos desconocían dicho documento o que no lo habían firmado.

En particular, el Cardenal Primado de México, Norberto Rivera, señaló textualmente lo siguiente: “Varios artículos de prensa han incluido mi nombre en la lista de firmantes en una carta dirigida al Santo Padre, el Papa Francisco. Me gustaría aclarar que yo nunca firmé la supuesta carta con los contenidos que algunos mencionan. Al mismo tiempo, reconozco que el lugar apropiado de la discusión es con otros Padres Sinodales y bajo la guía del Papa, que es nuestro garante de la unidad en la Iglesia, y que tiene mi mayor respeto y lealtad”.

Es de algunos conocido que existen dos posiciones entre algunos miembros de la Iglesia. Los primeros, desde una pretendida apertura de la Iglesia, estarían promoviendo el reconocimiento de muchas desviaciones serias como parte normal de la vida cotidiana de la Iglesia, como los mal llamados matrimonios homosexuales. Los segundos se han erguido en defensores de la ortodoxia y la doctrina, cerrándose a la esencia del mensaje evangélico, que es la Misericordia de Dios.

Aunque existen esas posiciones, ha sido claro por parte de diversos Padres Sinodales (quienes han participado en ruedas de prensa y declaraciones particulares) que el clima que se vive dentro del Sínodo es de total libertad, apertura y claridad, así como de amistad y escucha.

Es fundamental señalar que a través del cónclave los Cardenales electores de todas partes del mundo, siguiendo la moción del Espíritu Santo, delegaron el gobierno de la Iglesia en el Papa Francisco. Vieron en él el perfil adecuado para que encabece la misión de la Iglesia como sucesor de Pedro. En ese mismo sentido, es Cristo mismo quien le dice al Papa: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos: todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos” (Mt. 16, 19).

En estricto sentido, el Papa Francisco podría no consultarle a nadie las decisiones que tuviera que tomar; sin embargo, su formación posconciliar, y como jesuita, entiende que el Espíritu Santo se manifiesta también a través de los acontecimientos y las personas en la cotidianeidad del mundo, sobre todo aquellas que se dejan llevar por su inspiración. Es el caso de las primeras decisiones que San Pedro tomó cuando San Pablo le insistía sobre la necesidad de acoger en la Iglesia a los gentiles (a los no circuncidados), aspecto que debió haber sido muy álgido y que surgió precisamente de un proceso sinodal, estableciendo esto como una forma de vida de la Iglesia. Por lo mismo, no nos debe extrañar que la sinodalidad retomada a partir del Concilio Vaticano II sea un método que utilicen los Papas para hacerse llegar del mensaje del Espíritu Santo, desde la perspectiva del hombre del mundo de hoy.

Por otra parte, es muy claro que el Papa Francisco ha centrado su misiva en la esencia del mensaje evangélico, que es la Misericordia, la cual no tiene ninguna condición, como se concluyó en el documento del Círculo menor Hibericus A de este miércoles.

Hay quienes de manera ociosa y necia pretenden analizar la vida de la Iglesia desde una perspectiva esencialmente horizontal, humana, tratando de encontrar las razones desde una ángulo político e ideológico, que sin duda existe. Pero, para quien tiene fe, es evidente que es Dios –a través del Espíritu Santo– quien, a pesar de estas circunstancias, nos está llevando por su camino.

Es una pérdida de tiempo seguir con teorías del complot que plantean algunos y que parecieran buscar más el rating o el caos o que intentan justificar sus visiones y teorías particulares, que realmente encontrar la verdad y dejarse guiar por la Iglesia, que en este caso está encabezada por el Papa Francisco, quien constantemente nos lleva a un proceso de discernimiento espiritual.

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