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Sorprende gratamente en el Sínodo testimonio de matrimonio mixto

El testimonio de Penélope Bajaj, una mujer católica de la India que lleva 38 años casada en un matrimonio mixto, sorprendió a los Padres Sinodales reunidos en el Sínodo de la Familia. A continuación reproducimos sus palabras textuales traducidas del inglés:


Sínodo de la Familia


Llevo casada un poco más de 38 años; en enero de 2016 serán 39 años. ¡Wow!, no me lo puedo creer yo misma. Se lo debo exclusivamente a la gracia de Dios. Él es la tercera persona que en nuestro matrimonio nos mantiene juntos.

Somos un matrimonio mixto; mi marido es hindú y yo soy católica, pero con una educación y contextos sociales muy similares, lo cual nos ha permitido vivir una gran armonía en nuestra relación, aun con todos los retos y sufrimientos que hemos experimentado.

El éxito de un matrimonio mixto está en que al cónyuge católico no se le pida de forma alguna renunciar a su fe. Mi marido lo entendió antes de tomar la decisión de casarse conmigo. A cambio, le he dado la opción de seguir su propia fe.

Esta libertad religiosa ha hecho la ruta de nuestro matrimonio armoniosa y satisfactoria.

Luego vino el nacimiento de nuestros dos hijos, quienes me acompañaban a la iglesia y asistieron a la escuela dominical, pero no fueron bautizados.

Era el deseo de mi esposo que nuestros hijos tuvieran la libertad de escoger su propia religión, y yo acepté con un gran nudo en la garganta.

Tenemos que dar las gracias a los muchos mentores que nos ayudaron en el camino de la construcción de nuestra familia.

Las diferencias de nuestras religiones nunca han sido un obstáculo para nosotros, por pequeñas palabras mágicas como compromiso, humildad y perdón, que nos han ayudado a dejar de lado nuestro ego y a vivir el uno para el otro.

¿Tomaríamos las mismas opciones hoy? Seguro. ¡No hay otro camino!

¿Hay alguien aquí que sepa cómo tener un matrimonio perfecto? Nosotros todavía estamos aprendiendo y entendiendo nuestro matrimonio todos los días.

Si no fuera por la tolerancia y el amor de mi marido por el Cristianismo, y mi amor y comprensión para entender de dónde viene él, nunca habríamos podido celebrar la vida con nuestro matrimonio mixto y con sus diferencias de vida.

Gracias, Su Santidad Francisco, y a esta distinguida Asamblea por inspirarnos a compartir las memorias personales de nuestra vida con ustedes.

Al terminar Penélope, su marido, Ishwarlal, tomó la palabra para completar el testimonio:

Yo nací en una familia hindú, con un nivel educativo muy alto; mi madre era doctora y mi padre ingeniero.

Mis padres tomaron la decisión de mandarme a una escuela protestante, donde, desde una edad temprana, asimilé los valores cristianos y los elementos de la fe que era novedosa, pero a la vez, profunda y estimulante.

Conocí a mi esposa Penélope, una católica devota y comprometida. Su madre era la directora de una escuela y su padre era médico y oficial en el Ejército indio.

Ambos decidimos casarnos hace 38 años, sin mayor oposición por parte de nuestras familias. Me di cuenta que había diferencias en nuestras religiones, y ya que mi esposa estaba muy comprometida en el ejercicio de la fe católica, yo fui muy feliz de permitirle ejercer su libertad religiosa.

Después de un tiempo, empecé a asistir a la Santísima Eucaristía y estaba lleno de admiración por su contenido. Me sentía a gusto con la homilía y la celebración religiosa en un idioma (inglés) con el cual yo estaba familiarizado.

Luego comencé a acudir a un curso de Teología titulado "Fuentes", que mi esposa Penélope organizaba y conducía para los laicos de la Arquidiócesis de Mumbai. A través de mi participación y asistencia en el programa durante siete años, asimilé las enseñanzas de Jesucristo y adquirí un profundo conocimiento y amor por las Sagradas Escrituras. Me preguntaba, me cuestionaba, me quedaba pensando, y finalmente decidí bautizarme en nuestras “bodas de plata”, hace 13 años.

Mi bautismo elevó nuestro matrimonio con un mayor nivel espiritual, con un mucho mejor entendimiento de nuestra relación del uno con el otro. Esto motivó y alentó a mi hijo y a mi hija, que decidieron por sí mismos, a la edad de 28 y 32, abrazar la fe católica, completando de esta forma la estructura de una familia católica unida.

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