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La familia es un desafío cultural para la Iglesia

Reconoce la Iglesia Latinoamericana, que la ausencia de una pastoral de acercamiento es una de las causas de la crisis del matrimonio en nuestros días en la conclusión de los Círculos menores sobre los desafíos que afronta la familia actual (primera parte de la Instrumentum Laboris).


Sinodo de la Familia


La primera semana del Sínodo de la Familia transcurrió entre un debate mediático y un intercambio fraterno, en el que el Papa invitó consistentemente a centrarse en el diálogo, en los desafíos de la familia, en no convertirlo en una guerra de posiciones como en un parlamento, sino en hablar con parresia, con claridad y sin miedos, en un foro al que llamó “protegido”, ya que lo que cada pastor expusiera en las Congregaciones generales o círculos menores no estaría sujeto al escrutinio mediático.

La noche previa al inicio del Sínodo de la Familia, el Papa Francisco celebró junto con los laicos, una jornada de oración como preparación para este importante acontecimiento de la Iglesia Universal, resaltando que “cada familia es siempre una luz, por más débil que sea, en medio de la oscuridad del mundo”.

El domingo, en la celebración de inicio de los trabajos del Sínodo, la liturgia pareció estar escogida para tal ocasión y el Papa lo resaltó diciendo que “las lecturas bíblicas de este domingo parecen elegidas a propósito para el acontecimiento de gracia que la Iglesia está viviendo”.

Durante su homilía el Papa resaltó que el matrimonio y la familia son también un camino de felicidad que ayuda al hombre a no estar solo y a encontrar un fin en la vida mientras que “la Iglesia está llamada a vivir su misión en la fidelidad, en la verdad y en la caridad (…) que no señala con el dedo para juzgar a los demás, sino que –fiel a su naturaleza como madre– se siente en el deber de buscar y curar a las parejas heridas con el aceite de la acogida y de la misericordia (…)”

Diariamente algunos padres sinodales y participantes del Sínodo han tenido intervenciones a través de los “breafings” y con los medios de comunicación. El Papa Francisco dejó muy claro, que todos los participantes pueden hablar con claridad y sin medio hacia los medios expresando sus opiniones.

Sin embargo, y como en el Sínodo pasado, se comenzó a generar una guerra mediática a partir de dos eventos controvertidos. El primero fue cuando el sacerdote que trabajaba en la Congregación para la Doctrina de la Fe, salió a hablar a los medios sobre su homosexualidad con una clara intención de orientar la discusión del Sínodo hacia ese tema. El segundo se debió a que algunos obispos y cardenales editaron un libro “en defensa” de la doctrina católica sobre el matrimonio y su indisolubilidad, mismo que fue presentado previo al Sínodo.

Estas dos posiciones han creado un clima de aparente enfrentamiento entre dos grupos: quienes pudieran considerarse “progresistas” y quienes se encontrarían “en defensa” de la familia. Ante esta situación, el Papa Francisco fue muy contundente al señalar que “el Sínodo no es un parlamento, donde para alcanzar un consenso o un acuerdo común se recurre a la negociación, al acuerdo o a las componendas, sino que el único método del Sínodo es abrirse al Espíritu Santo con coraje apostólico, con humildad evangélica y con oración confiada, de modo que sea él quien nos guíe, nos ilumine y nos haga poner delante de los ojos no nuestras opiniones personales, sino la fe en Dios, la fidelidad al magisterio, el bien de la Iglesia y la salvación de las almas”.

También el Papa precisó que los únicos documentos para los trabajos del Sínodo son la Instrumentum Laboris y los dos discursos pontificios de apertura y de clausura de los trabajos sinodales.

Las conclusiones sobre las reflexiones de la primera semana de trabajos en los Círculos de habla española (América Latina y España) encabezados por el Cardenal Maradiaga y el Cardenal Robles (de México) relacionados con la primera parte del Instrumentum Laboris (sobre los desafíos que afronta la familia actual) fueron que hay que partir de un diagnóstico real e integral y analizar los casos de éxito. Además la Iglesia tiene una gran responsabilidad en la crisis de la familia actual por no estar al servicio de la familia, al no haber dado una formación sólida para los cristianos sobre la naturaleza del matrimonio y la familia y  por no tener un acompañamiento adecuado a la misma durante sus diferentes etapas. Por lo anterior se da una desvinculación evidente entre amor, sexualidad, matrimonio, familia, procreación y educación de los hijos. Por ello, se necesita una Iglesia renovada, adecuada a los tiempos actuales y que no caiga en la ideologización y que vea a la familia como un desafío cultural.

Durante la siguiente semana se llevará a cabo la segunda etapa, en la cual se reflexionará sobre el discernimiento de la vocación familiar para terminar la última semana con la misión de la familia en la actualidad.

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