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Papa: Iglesia debe llevar a hermano caído a Jerusalén celeste

En su Mensaje tras la conclusión del Sínodo Extraordinario de los Obispos sobre la Familia, el Papa Francisco reconoció que “hemos vivido verdaderamente una experiencia de ‘Sínodo’, un recorrido solidario, un ‘caminar juntos’”; pero, “porque es un camino de hombres, también hubo momentos de desolación, de tensión y de tentación”.


Clausura del Tercer Sínodo de la Familia


Y acto seguido, trazó un mapa de posibles tentaciones:

* La tentación del endurecimiento hostil, esto es, el querer cerrarse dentro de lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios, por el Dios de las sorpresas (el espíritu); dentro de la ley, dentro de la certeza de lo que conocemos y no de lo que debemos todavía aprender y alcanzar. Es la tentación de los celantes, de los escrupulosos, de los apresurados, de los así llamados "tradicionalistas" y también de los intelectualistas.

* La tentación del “buenismo” destructivo, que a nombre de una misericordia engañosa venda las heridas sin primero curarlas y medicarlas; que trata los síntomas y no las causas y las raíces. Es la tentación de los "buenistas", de los temerosos y también de los así llamados “progresistas y liberales”.

* La tentación de transformar la piedra en pan para romper el largo ayuno, pesado y doloroso (Cf. Lc 4, 1-4) y también de transformar el pan en piedra, y tirarla contra los pecadores, los débiles y los enfermos (Cf. Jn 8,7), de transformarla en “fardos insoportables” (Lc 10,27).

* La tentación de descender de la cruz, para contentar a la gente, y no permanecer, para cumplir la voluntad del Padre; de ceder al espíritu mundano en vez de purificarlo e inclinarlo al Espíritu de Dios.

* La tentación de descuidar el “depositum fidei”, considerándose no custodios, sino propietarios y patrones; o por otra parte, la tentación de descuidar la realidad, utilizando una lengua minuciosa y un lenguaje pomposo para decir tantas cosas y no decir nada.

No obstante, el Papa Francisco confortó a los Padres Sinodales al decirles que “las tentaciones no nos deben asustar ni desconcertar, ni mucho menos desanimar”; por el contrario, manifestó que, en lo personal, le hubiera preocupado más, si no hubiera habido esas tensiones, esas discusiones animadas, ese “movimiento de los espíritus” del que habla San Ignacio de Loyola.

El Santo Padre confesó que, en cambio, escuchó con alegría los numerosos “discursos e intervenciones llenos de fe, de celo pastoral y doctrinal, de sabiduría, de franqueza, de coraje”, y todo esto, “sin poner jamás en discusión la verdad fundamental del Sacramento del Matrimonio: la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la procreatividad, o sea, la apertura a la vida (Cf. Cann. 1055, 1056 y Gaudium et Spes, 48)”.

Para Francisco, ésta es la Iglesia que busca ser fiel a su Esposo y a su doctrina; la Iglesia “que no tiene miedo de arremangarse las mangas (de la camisa) para derramar el aceite y el vino sobre las heridas de los hombres”; la Iglesia Una, Santa, Católica y compuesta de pecadores, necesitados de Su misericordia; la Iglesia que no tiene miedo de comer y beber con las prostitutas y publicanos; que tiene las puertas abiertas para recibir a los necesitados, los arrepentidos y ¡no sólo los justos o aquellos que creen ser perfectos!

En suma, “la Iglesia que no se avergüenza del hermano caído y no finge no verlo, al contrario, se siente comprometida y obligada a levantarlo y a animarlo a retomar el camino y lo acompaña hacia el encuentro definitivo con su Esposo, en la Jerusalén celeste”.

Y concluyó el Papa Francisco su mensaje post-sinodal sosteniendo que, “cuando la Iglesia, en la variedad de sus carismas, se expresa en comunión, no puede equivocarse: es la belleza y la fuerza del 'sensus fidei', de aquel sentido sobrenatural de la fe, que viene dado por el Espíritu Santo para que, juntos, podamos todos entrar en el corazón del Evangelio y aprender a seguir a Jesús en nuestra vida, y esto no debe ser visto como motivo de confusión y malestar”.

Recordó nuevamente lo que dijo al abrir los trabajos del Sínodo, en el sentido de que éste  se desarrolla 'cum Petro et sub Petro', y que la presencia del Papa es garantía para todos.

“Por lo tanto, la tarea del Papa es garantizar la unidad de la Iglesia; recordar a los fieles su deber de seguir fielmente el Evangelio de Cristo; recordar a los pastores que su primer deber es nutrir a la grey que el Señor les ha confiado y salir a buscar –con paternidad y misericordia y sin falsos miedos– a la oveja perdida”, concluyó.

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