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La situación actual: ¡Por nuestros malditos pecados! (9)

Amable lector: A continuación presentamos, a manera de artículo de opinión, una serie de reflexiones contenidas en el interesantísimo ensayo “Por nuestros malditos pecados”, del Padre Carlos Chávez Shelly. Toda una guía para la vida práctica. (Parte 9)


El impacto de nuestros pecados


5 h) Paciencia del Señor con los pecadores

Aunque debes confiar mucho en la misericordia de Dios, debes también tener presente a toda hora su justicia. Con justicia ha de juzgarte el que te redimió con misericordia.

El que durante tanto tiempo te haya perdonado tantas veces no es señal de indiferencia, sino de paciencia (…). Ahora es el tiempo de la misericordia; por eso, si cuando le vuelves las espaldas te llama y cuando te conviertes te concede el perdón de los pecados, todo esto es paciencia que usa contigo en espera de tu conversión:

- está siempre dispuesto a olvidar lo pasado y a prometer bienes futuros;

- te exhorta si eres perezoso,

- te consuela cuando estás afligido;

- instruye a los diligentes,

- ayuda a los que luchan,

- no abandona a los que esperan,

- a todos da las gracias necesarias para que detesten el pecado y le amen únicamente a Él,

- no te abandona cuando en el peligro clamas al Señor Dios tuyo,

- te presta para que tengas medio de ofrecerle un sacrificio y te da el modo de agradarle (In Ps. 32,10).

5 i) Las obras de penitencia

La piedad misma exige, que ya que llevas en tu cuerpo la mortificación de Nuestro Señor crucificado, te labres también una cruz con los deseos carnales que has de mortificar.

Esta cruz dura no sólo los cuarenta días de la Cuaresma, sino la vida entera. En los demás días del año, los excesos y la bebida no emboten tu corazón; pero durante la Cuaresma, además de eso, ayuna. Jamás debes contaminarte con el adulterio, fornicación y abusos semejantes, pero en Cuaresma abstente incluso de muchas satisfacciones lícitas (Serm. 205,1).

Dad y se os dará –dice el Señor– perdonad y se os perdonará (Lc 6, 37-38): a estos dos géneros de limosna, dar y perdonar, entrégate clemente y fervoroso, ya que pides a Dios te dé sus bienes y no te pida cuenta de tus males (…).

- Vives entre mendigos, y también tú lo eres; da, pues, a fin de recibir (…). ¿Qué piensas recibir? Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni ha podido presentir siquiera el corazón humano (1Cor 2,9). Lo que ahorras viviendo parcamente colócalo en el tesoro del cielo (Serm. 206,2).

- ¿Podrá alguno decir: “Yo no perdono al hermano, cuando me pide perdón, porque ando mal de salud, o me falta la mano con que debía estrechar la suya”?: perdona para ser perdonado. La Escritura dice: “No se ponga el sol sobre vuestra cólera” (Ef 4,26), échate a pensar si merece llamarse cristiano quien, a lo menos en estos días dedicados al ayuno, no apacigüe resentimientos que nunca debió permitirse (Serm. 210,12).

Señor, ayudado de tu misericordia, y dispuesto con ayunos y oraciones, espero vencer las tentaciones del mundo, las asechanzas del diablo, las fatigas de esta vida, los halagos de la carne, los trastornos sociales y cualquiera otra contradicción que me sobrevenga, sea del alma o del cuerpo (Serm. 207,1).

CONTINUARÁ

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