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La situación actual: ¡Por nuestros malditos pecados! (8)

Amable lector: A continuación presentamos, a manera de artículo de opinión, una serie de reflexiones contenidas en el interesantísimo ensayo “Por nuestros malditos pecados”, del Padre Carlos Chávez Shelly. Toda una guía para la vida práctica. (Parte 8)


Los pecados pierden a la humanidad


5 f) No se deben despreciar los pecados veniales

“Muy difícil es que el cambio de vida sea tal, que no encuentres en ti algo digno de reprensión” (In Ps. 99,16).

“Aunque adelantes mucho en el camino de la virtud, mientras vivas en este mundo no te librarás del pecado. Porque pecado son no sólo las transgresiones graves, como los hurtos, los sacrilegios y los falsos testimonios. También lo son una mirada imprudente, escuchar algo improcedente, un pensamiento sobre cosas prohibidas”. (Serm.261, 9).

¡Cuántos pecados comete la lengua! Muchas son las frivolidades y cosas inconvenientes que se dicen.

Supongamos que tus manos no hagan cosas malas ni que el pie se dirija a ejecutar acciones prohibidas, ni el ojo se deleite en cosas deshonestas, ni la lengua profiera palabras indecentes; dime, ¿quién es el que puede poner freno al tropel de imaginaciones?

Hasta en la oración te sorprenden las distracciones, haciéndote olvidar delante de Quien estás” (Serm. 56,12).

“También en las cosas permitidas se mezclan los pecados. Así, en el comer, que es cosa permitida, fácilmente te excedes en el modo o en la cantidad conveniente, y pecas.

No las desprecies diciendo que son cosas leves; témelas por ser muchas.

¿Qué cosa más exigua que un grano de arena? Y, sin embargo, si echas demasiada en un barco, llega a sumergirlo. Pequeñas en verdad, son las gotas de agua de lluvia, y ¿acaso no hacen salir de madre los ríos y destruyen las casas? Si dejas que se acumulen contra ti, con pretexto de que son leves, ¿no llegarán a oprimirte bajo su peso? ¿Qué más te da sucumbir bajo una masa de plomo que bajo un montón de arena?” (Serm. 9, 17-18).

“Todas estas cosas pequeñas acumuladas forman un gran montón, como los granos de trigo, que siendo pequeños, reunidos colman los graneros” (In Ps. 129,5).

“No desprecies, pues, estas cosas por pequeñas: cuéntalas, si puedes, y te aterrorizará su número” (In Io. 1,6).

“Pondera cuán bueno es Dios que te perdona también estas faltas inherentes e inseparables de la vida presente” (Serm. 278,10).

5 g) El remordimiento del pecado es la mayor de las tribulaciones

“Muchas tribulaciones que te pueden sorprender. En cualquiera de ellas recurre al Señor,

-ora provenga de desaveniencias familiares,

-ora de la salud corporal,

-ora de la pérdida de personas queridas,

-ora de privación de cosas necesarias para la vida:

en cualquier cosa que sea, no debes buscar otro refugio que tu Salvador, que el de tu Dios, en el cual encontrarás fuerza para sobrellevarlas.

Pero de todos los tormentos humanos, no lo hay tan grande como el remordimiento de la conciencia.

Mientras permanece invulnerable, mientras tu conciencia está tranquila, cualquier pena que te aflija, tienes donde refugiarte: basta con que te recojas en tu interior, y allí encontrarás a tu Dios.

Pero, si, por el número de tus pecados, Dios y la paz han huido de tu alma, ¿qué podrás hacer? ¿dónde buscarás asilo cuando comiencen tus sufrimientos?

Aunque huyas de la ciudad al campo, o de la calle a tu casa, para buscar incluso en ella algún lugar retirado, allí te seguirán tus penas.

De tu habitación no te queda algún lugar adonde huir, sino a tu corazón.

Pero allí anida el alboroto; si lo llena el humo de la maldad o arden las llamas del crimen, no hay refugio para ti: serás echado de allí, serás expulsado de ti mismo.

Has encontrado a tu enemigo en el lugar de tu refugio; ¿a dónde huirás de ti mismo? Adondequiera que te dirijas, arrastras tu yo, y él te atormentará a ti mismo.

Hay sufrimientos que ciertamente pueden molestarte, pero no son tan penosos; y lo son tanto menos cuanto menos penetras en tu interior.

Cuando no gozas de buena conciencia, ¿qué te importa que aparezca en buen estado lo exterior, si está carcomida la médula de tu conciencia?” (In Ps 45,3).

“Tu conciencia es tu casa interior, y cuando ésta es mala, te ves obligado a salir fuera por no poder habitar en ella tranquilo.

Sales de ti mismo cuando vas a la caza de placeres en las cosas que te rodean, buscando satisfacciones en las frivolidades y espectáculos, en las lascivias y maldades de todo género.

Te esfuerzas por estar bien fuera, porque no tienes dentro aquella paz que te hace permanecer tranquilo en tu conciencia” (In Ps. 100,4).

CONTINUARÁ

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