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La situación actual: ¡Por nuestros malditos pecados! (4)

Amable lector: A continuación presentamos, a manera de artículo de opinión, una serie de reflexiones contenidas en el interesantísimo ensayo “Por nuestros malditos pecados”, del Padre Carlos Chávez Shelly. Toda una guía para la vida práctica. (Parte 4)


Recorrido por los pecados en Europa


2. JURGEN HABERMAS y JOSEPH RATZINGER

Habermas, nacido en 1929, es considerado el representante más sobresaliente de la segunda generación de filósofos de la escuela de Frankfurt y constituye un referente imprescindible para la filosofía y las ciencias sociales contemporáneas. Profesor en las universidades de Frankfurt, Princeton y Berkeley, fue director del instituto Max Planck de Stranberg. Entre los galardones con los que ha sido distinguido figura más recientemente el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.

Es muy conocido el debate que sostuvo el 19 de enero de 2004 en la Academia Católica de Baviera (Munich) con el entonces Cardenal Ratzinger.

En la página mundo.es apareció un artículo, el 7-X-2011, de Rosalía Sánchez, desde Berlín, titulado <“San” Jürgen Habermas> donde, entre otras cosas, decía que Habermas ha descubierto la religión, porque en el artículo titulado “Religión y democracia en el pensamiento de Habermas”, Philippe Potier constata la evolución de Habermas desde posiciones encuadrables en el marxismo, hasta el reconocimiento de una “función pública de la religión”. Semejante camino sólo podría ser largo y tortuoso, de manera que Potier distingue tres etapas:

1. Hasta los años 80, Habermas consideraba la religión como una “realidad alienante” y una “herramienta de dominación” de los poderosos, en la más pura tradición marxista.

2. Entre 1985 y 2000, esa animadversión contra lo religioso queda en silencio.

3. Habermas descubre la religión como valor de resistencia contra el avance del “turbocapitalismo”. Admite el uso de la “intuición moral” que suministra la religión (…) no cabe duda de que se trata de un milagro y habría que atribuirlo a la conversación que Habermas mantuvo con el Cardenal Ratzinger antes de que éste se convirtiera en Benedicto XVI.

He seguido la “conversión milagrosa” de Habermas a la religión. Recientemente leí un conjunto de artículos suyos, sugestivamente condensados con el título “¡Ay, Europa!”, Ed. Trotta 2009.

Inicia prometedoramente:

“¿Se encuentra la política de Europa en un callejón sin salida?” (segunda de forros).

¿Hablará, ante la tremenda crisis económica, de valores, política, etc., de Europa, algo del pecado, o al menos del pecado colectivo como causantes de esas crisis, ya que se trata de un convertido a la religión? Ilusión vana: en las 188 páginas jamás se habla del pecado, y menos como como causa. Se queda absolutamente en la superficie, un europeo de su altura y su currículum. Lo más que se acerca es a lo siguiente, en las pp. 65-66 escribe:

“Hay, sobre todo, tres fenómenos que se solapan entre sí y que se condensan en la impresión de una resurgence of religión a nivel planetario:

a) la difusión misionera de las grandes religiones.

b) su agudización fundamentalista.

c) la instrumentalización política de su potencial de violencia” (pp. 65-66).

Más adelante (p. 68), ante temas moralmente muy polémicos, débilmente señala:

“En la lucha entablada en torno a la legalización del aborto o la eutanasia, en cuestiones bioéticas de la medicina de la reproducción, en cuestiones sobre protección de los animales o el cambio climático, en otros temas y en otros similares el estado de la argumentación es tan embrollado, que en absoluto está decidido de antemano qué partido puede apoyarse en las intuiciones morales correctas”.

En pocas palabras, el concepto de pecado o mal moral, lo tiene sin cuidado.

Por contraposición, Joseph Ratzinger escribió en 1992 un libro que se antojaría gemelo del de Habermas. “Una mirada a Europa”, Rialp 1993.

Ya desde el índice se aprecia un esfuerzo intelectual serio para tratar de reconducir a Europa a sus raíces cristianas. Raíces carcomidas por múltiples elementos entre los que destaca una cantidad ingente de pecados personales, producto de la “fuerza del mal”, como él los llama. Por ejemplo, en la p. 81 dice:

“La utilidad nada tiene de malo, pero tomada como valor absoluto, se convierte en fuerza del mal, porque la utilidad se niega y elimina cuando deja de estar en contacto con la verdad”. De modo que más adelante se plantea abiertamente la pregunta: “¿qué debemos hacer?, ¿qué puede crear un futuro humano y digno?”

Y responde que sólo hay dos direcciones fundamentales: el relativismo (del que ya hemos hablado, relativismo respecto al pecado) y la fe:

“Pero el relativismo resulta por completo inadecuado como fundamento general sobre el que vivir. Pues donde el relativismo se piensa y se vive de modo consecuente, y no se apoya en silencio en una certeza final de la fe, acaba por reducirse al nihilismo, o erigir el positivismo en poder que regula todo” (pp. 134-135).

Luego, sólo queda la fe.

En la p. 142 hace una afirmación rotunda, donde subyacen los conceptos de mérito y pecado personales:

“La integración de conocimiento, voluntad y sentimiento tiene lugar en la persona. La fe cristiana tiene, por su propia naturaleza, una estructura personal. Es la respuesta de la persona a una llamada personal. Es el encuentro de dos libertades”.

Terminemos diciendo que el capítulo 5 llamado “Europa entre esperanzas y peligros”, tiene un apartado titulado: “Los dos pecados originales de Europa”: El nacionalismo y la hegemonía de la razón técnica y la destrucción de la Ética”.

De nuevo nuestros malditos pecados; esta vez llevándose de corbata a Europa: los pecados de Hitler, de Stalin, de Tito, del masón de Zapatero, de Berlusconi, de Carlos el heredero a la corona de Inglaterra; de Marx, Lenin, Freud, Nietzsche; Pedro Almodóvar, Dolores Ibarruri “La Pasionaria”, Voltaire y muchos más –una lista interminable– que con sus malditos pecados, y con los nuestros, han hecho de Europa una tierra de peligros, aunque también de grandes esperanzas: europeos fueron San Juan Pablo II, la Beata Teresa de Calcuta, San Josemaría Escrivá de Balaguer, Konrad Adenauer, Alcide de Gasperi, Charles de Gaulle, Francisco Franco, Robert Schumann, Balduino de Bélgica, el Beato Álvaro del Portillo, Luigi Giussani, Chiara Lubich,  San Juan Bosco y otro interminable etc.

CONTINUARÁ

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