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La situación actual: ¡Por nuestros malditos pecados! (2)

1. QUÉ NOS DICE BENEDICTO XVI SOBRE EL PECADO

El Papa emérito es sin duda uno de los intelectuales de más peso en la actualidad.

El 11 de mayo del 2010, el Papa volaba rumbo a Portugal. Uno de sus tantos viajes apostólicos para confirmar a sus hijos y hermanos. Como ya es costumbre, se hizo una pequeña rueda de prensa dentro del avión con los periodistas que lo acompañaban.


Primero la familia


Uno le preguntó:

“Hablemos ahora de Fátima… ¿qué significado tienen para nosotros las apariciones de Fátima? Cuando usted presentó el texto del tercer secreto de Fátima en la Sala de Prensa Vaticana, en junio del 2000… se le preguntó si el mensaje podía extenderse, más allá del atentado a Juan Pablo II, también al sufrimiento de los Papas. Según usted, ¿es posible encuadrar igualmente en aquella visión el sufrimiento de la Iglesia de hoy, por los pecados de abusos sexuales de los menores?”

El Papa respondió, entre otras cosas:

“La novedad que podemos descubrir hoy en este mensaje reside en el hecho de que los ataques al Papa y a la Iglesia no sólo vienen de fuera, sino que los sufrimientos de la Iglesia proceden precisamente de dentro de la Iglesia, del pecado que hay en la Iglesia. Esto se ha sabido siempre, pero hoy lo vemos de modo realmente tremendo: que la mayor persecución de la Iglesia no procede de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia (…) De este modo, respondemos, somos realistas al esperar que el mal ataca siempre, ataca desde el interior y el exterior, pero también que las fuerzas del bien están presentes y que, al final, el Señor es más fuerte que el mal, y la Virgen para nosotros es la garantía visible y materna de la bondad de Dios, que es siempre la última palabra de la historia”.

Otro periodista le preguntó:

La crisis económica se ha agravado recientemente en Europa y afecta particularmente también a Portugal. Algunos líderes europeos piensan que el futuro de la Unión Europea está en peligro. ¿Qué lección se puede aprender de esta crisis, también en el plano ético y moral?

Respondió el Papa:

“(…) ahora vemos que un puro pragmatismo económico que prescinde de la realidad del hombre –que es un ser ético– no concluye positivamente, sino que crea problemas insolubles. Por eso, ahora es el momento de ver cómo la ética no es algo externo, sino interno a la racionalidad y al pragmatismo económico (…). Lo que ha sucedido en el mercado en estos dos o tres años ha mostrado que la dimensión ética es interna y debe entrar dentro de la actividad económica, porque el hombre es uno, y se trata del hombre, de una antropología sana, que implica todo, y sólo así se resuelve el problema, sólo así Europa desarrolla y cumple su misión”.

Como vemos, para Joseph Ratzinger, nuestro malditos pecados, todos: la pederastia, cometida no sólo por algunos pobres eclesiásticos, sino por muchísimas personas de todos los sectores de la sociedad, como casi a diario nos informan los periódicos, y los pecados ético-económicos: injusticias, fraudes, corrupción a gran escala prácticamente entre los gobernantes de casi todos los países, tráfico de influencias y de personas, robo descarado por parte de tantos empresarios, venta indiscriminada de armas, etc., son la causa, la raíz de los males que padecemos.

En 1996 el periodista alemán, entonces filocomunista, Peter Seewald, consiguió una entrevista con el Cardenal Ratzinger. Se publicó con el nombre de “La Sal de la Tierra. Cristianismo e Iglesia Católica ante el nuevo milenio”. Entre otras preguntas le formuló la siguiente:

“El futuro se espera con cierta impaciencia. Se ha ido fraguando poco a poco una especie de histeria general. (…) A veces parece que las cosas evolucionan positivamente, pero en otras ocasiones parece que el mundo actual es demencial. La sociedad, tan ávida de lujo y placer, tiene muy cerca una gran pobreza debida a las guerras o a las catástrofes naturales –cada vez más frecuentes– sin darse cuenta de los evidentes signos de decadencia de la cultura, ni de la tremenda falta de orientación; la sociedad desconoce lo que tiene que hacer. Antes no había tanta inestabilidad como ahora, tanta drogadicción, ni tantas relaciones rotas, niños abandonados, chabolismo, etc. Ni, paradójicamente, tanta despreocupación. En una ocasión, Cardenal, usted dijo que lo que faltaba a nuestro tiempo no es capacidad para afligirse, sino para alegrarse. Pero con este panorama que tenemos ¿no le parece que alegrarse parece cada vez más difícil?”

La respuesta del Cardenal es amplia, puede verse en las pp. 40 y 41 de la versión española publicada por Libros Palabra, 1997. Yo simplemente quiero destacar un párrafo:

“Pero me hablaba antes de un mundo demencial y despreocupado. Así es. La explicación que yo daría a ese panorama es que la masificación de la sociedad en el mundo actual, por un lado, y los nuevos avances tecnológicos, por otro, han dado paso a nuevas categorías del mal”.

En otras palabras, Ratzinger nos está diciendo que, en pleno siglo XXI, nuestro nocivos pecados siguen aumentando: la masificación actual, provocada por grandísimas injusticias a los campesinos, ha provocado que se formen inmensas urbes por todo el mundo, donde prolifera el vandalismo, el pandillerismo, la drogadicción, las violaciones, los asaltos y asesinatos y secuestros, etc. Y esas nuevas categorías del mal, del pecado, provenientes de los nuevos avances tecnológicos: el “hackeo”, las seducciones pederastas por Internet, el espionaje a gobiernos y empresas, los “Vatileaks” y todos los demás “leaks”, los fraudes electrónicos, etc. Las estadísticas dicen para qué usan muchos adolescentes la multitud de “gadgets” de que disponen: pornografía brutal, femenina y masculina, y mixta; así como las posibilidades de perversión que surge con el uso solitario de esos objetos: i-pod, i-pad, tableta o celular; prácticas en las que ya está llegando, según las estadísticas, desde los 8 o 9 años. Aparte está el egoísmo y el aislamiento familiar y social que produce utilizar muchas horas, todos los días, un par de audífonos metidos en las orejas… Muchos malditos pecados nuevos.

Ya hemos hablado algo de la relativización del pecado. En el polémico best-seller “Luz del Mundo” del año 2010, otra entrevista del ahora converso Seewald, el Papa contesta a otra pregunta, acerca de los nefastos abusos de menores lo siguiente:

“Ya en los años cincuenta se fue desarrollando especialmente la teoría de que la pedofilia debía considerarse como algo positivo. Sobre todo, se sostuvo la tesis –que se introdujo también en la teología moral católica– de que no hay algo que sea malo en sí mismo, sino sólo cosas <relativamente> malas. Lo bueno y lo malo dependen, se decía, de las consecuencias.

En un contexto semejante, en el que todo es relativo y lo malo en sí mismo no existe, sino sólo lo relativamente bueno y lo relativamente malo (…). Por supuesto, la pedofilia es, en primer lugar, más bien una enfermedad, pero el hecho de que haya podido actuar y extenderse de ese modo ha tenido que ver también con una constelación intelectual por la que en la Iglesia se habían vuelto cuestionables las bases de la teología moral, el bien y el mal. El bien y el mal pasaron a ser intercambiables, ya no estaban más en clara contraposición” (pp. 50 y 51).

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